¿Cuál es la conexión entre lo que un artista quiere decir y los materiales que usa para decirlo? El pasado marzo y abril, en la Galería Casas Riegner, se expuso la obra de la colombiana Gloria Ortiz-Hernández, artista recién llegada de Nueva York luego de residir allá 50 años. Después de una época de pinturas vibrantes y llenas de emoción, o de enfocarse en temas de conciencia social1, Ortiz se presentó en Casas Riegner con Dibujos y estructuras: una compilación de obras sumamente sobrias, con rasgos de la abstracción geométrica, que demuestran en varias ocasiones y de modo único la capacidad emotiva y creativa de los materiales básicos y cotidianos.
Comenzando por Continuum (2000) y terminando en Sequitur V (2005) –las dos son series de cinco dibujos cada una, con los círculos de Sequitur hechos en pigmento y lápiz sobre papel Fabriano, y los cuadrados de Continuum hechos con sólo lápiz sobre el mismo tipo de papel–, podemos observar la perfección y el control que Ortiz busca por medio de su técnica. La visibilidad del movimiento repetitivo, meditativo y ordenado de su mano que traza línea tras línea revela la disciplina y la dedicación que requiere la obra de la artista. Adicionalmente, en las dos series –y alrededor de toda su obra– vemos un hilo unificador: la importancia de la superficie en la que yace el trabajo y la evidencia del movimiento que fluye por medio de ella. El manejo rítmico y preciso del lápiz de Ortiz logra una superficie lisa y sin distracciones, y de este modo abre paso para una percepción ininterrumpida.

La permeabilidad es un tema clave y poético para la artista, también evidenciado en Sequitur V y Continuum. Entre círculos oscuros y cuadrados livianos, todas las figuras son a su vez porosas. Para Ortiz no existe algo como una figura impermeable, cerrada, no es la naturaleza del ser. La piel de las figuras se disuelve poco a poco, hasta el punto de sumirse entre el papel, pues el cambio en la solidez de la línea, en la suavidad del aura de la imagen, se logra sólo tras la sutileza del movimiento de la mano de Ortiz. De la textura pasamos al movimiento. La artista nos lleva desde el círculo o cuadrado más lleno hasta uno gris casi etéreo. Esta gradual oscilación entre lo claro y lo oscuro hace que las obras de Ortiz no sólo parezcan una danza, sino que también demuestren la clara dependencia entre los polos binarios, para que así exista un equilibrio.
Al continuar el recorrido por Dibujos y estructuras, se comprende su búsqueda de texturas más densas. Por ejemplo, en obras tales como Sin título (Día/Noche) #4 (2008) o Por partes #1 (Step by Step) (2011-2012), se continúa el uso de figuras básicas geométricas, pero se revelan el color –colores primarios como negro, blanco, azul o rojo– y el peso, por medio del carboncillo, el pigmento y el pastel al óleo2. En Sin título se ven capas de un rectángulo compuesto por otros varios dentro de éste. La manera en la que se distinguen uno del otro es por medio de las diferentes densidades y los cambios de color en cada uno; nos transportamos desde un ébano cremoso hasta un blanco brillante. No obstante, entre los dos extremos hay tonalidades grises, que sólo se logran cuando se conocen el pastel al óleo y el carboncillo en su intimidad. En Por partes, también rectangular y con variedades de blancos y negros, la artista interseca la figura general con líneas verticales y horizontales de colores. Algunos quizás opten por pensar que las líneas conllevan una lógica personal o narrativa, pero es todo lo contrario. Ya que por medio de su trabajo Ortiz intenta llegar lo más cerca a la perfección posible –a lo universal, a lo intangible pero presente–, las decisiones tomadas en el momento de interactuar con una obra se hacen al son de una conciencia absolutamente activa. La sensibilidad hacia sus materiales permite que por medio de la artista se manifieste una de las cualidades humanas más sinceras, usualmente ignoradas: la intuición.
Por último, las esculturas en Dibujos y estructuras también permanecen fieles a la geometría más básica y al uso de los materiales en su modo más “desnudo” y transparente. En Dos inclinaciones (2007-2008) –escultura de acero–, el marco completo es un rectángulo en posición vertical que se ha dividido en dos y se le han moldeado las profundidades de las mitades, creando dos plataformas triangulares. La superficie, igual que en los dibujos, es perfectamente lisa y trabajada; su textura es uniforme. Pero lo más característico de esta estructura es que es igual de permeable, igual de susceptible al mundo exterior, que los dibujos. Ortiz explica que no pone a sus esculturas la usual capa de pátina, ya que lo que ella busca es que éstas revelen historias en movimiento, piezas en constante cambio. La artista no pretende imponer la estabilidad; ella busca dar una voz a sus materiales, que nos cuenten la historia de su entorno y de su funcionamiento físico-químico. Ortiz le brinda a su creación la posibilidad de abrazar aquella perfecta imperfección que llega por medio de las leyes universales del constante cambio.
El dibujar siempre ha sido –y será– parte de las tareas de todo artista. Trazar movimiento o figuras sobre un papel es una manera de traducir la subjetividad con la que un individuo comprende el mundo sobre un medio objetivo, tangible y visible. La superficie en la cual se dibuja y los distintos materiales utilizados sobre ésta hacen parte del mensaje que se pretende transmitir, pues dependiendo de las decisiones formales tomadas por el artista, se pueden generar distintas emociones y sensaciones. Para Gloria Ortiz-Hernández, el conocimiento profundo de sus materiales y el dejar que por medio de ella ellos tengan una voz son elementos claves para la creación de su obra. Este proceso le ha llegado a ella tras años y años de práctica, paciencia, escuchar, delicadeza, conciencia, y de una aguda atención a su intuición. Para entender el elemento conceptual de la obra de la artista es necesario esperar, no anticipar, y dejarnos empapar de su conocimiento de lo intangible y de lo humano en cada uno de nosotros, dejándonos así, precisamente, permear.
NOTAS
1. Ortiz Hernández estudió y luego trabajó en Nueva York durante el auge del movimiento feminista en EE. UU. Mucha de su obra de la década de los ochenta se enfocó en los temas emergentes de la lucha de la mujer en aquella época.
2. Es importante mencionar que la inclusión de materiales más pesados y de texturas luminosas en la obra de Ortiz Hernández requiere un trabajo curatorial muy específico, en el cual la iluminación del espacio ejerce un papel esencial, con el fin de que las obras se puedan apreciar de modo adecuado.
VANESSA ADATTO
