La excelente exposición de la obra de Rodríguez Caballero en la galería Marlborough de Chelsea presentó una selección de piezas de aluminio con esmalte pintado en las que la luz era un color/componente tanto como lo eran el metal o la pintura. En realidad, este agente de cambio constante era el que hacía tan fascinante el efecto de las piezas: debido a la forma en que la luz jugaba con el metal, y al contraste con las superficies esmaltadas y coloreadas, uno nunca podía estar seguro de ver la misma pieza en la misma forma dos veces. Todo esto se entendía mejor cuando descubríamos que antes de aplicar a estas piezas las técnicas de plegado el artista había considerado el proceso de lijado de las superficies como su forma de pintar, que su obra se originó en una formación pictórica y que él mismo consideró que sus piezas incorporaban aspectos pictóricos e integraban/combinaban la pintura con la escultura.
Otra evidencia notable en la procedencia de ideas que inspiran su obra es la fuerte influencia y presencia de una estética japonesa. Aunque no ha viajado a Japón, su apreciación del arte japonés y, en particular, de la literatura inspira sus obras. Estas piezas, en especial los monocromáticos relieves murales plateados, irradiaban la simplicidad de la arquitectura de los templos zen y la frugalidad del decorado que vemos en las espadas japonesas, para citar una fuente de metal, aunque en forma y modelado las piezas también tenían una fuerte conexión con el origami, el arte japonés de plegar papel, que en este caso se aplicaba a los virajes y la colocación de las superficies de metal. La influencia de esta técnica apareció en su obra de 2008, cuando se sintió impulsado a incorporar en su obra las formas de las cometas que los niños elevaban en la playa de Valencia, donde estaba para esa época. Esto es más evidente en sus dibujos, que, aunque muy llamativos como obras sobre papel, no estaban exhibidos pero son la mayor fuente para entender sus construcciones. Habiendo visto los dibujos en su estudio, era mucho más fácil entender las piezas terminadas, la reflexión y el proceso que se lleva a cabo entre bastidores antes de que se transformen en piezas de metal.

De más está decir que había también marcadas referencias a las abstracciones de la Escuela minimalista y, retrocediendo aún más en el tiempo, al mismísimo comienzo de la abstracción como apareció en Occidente antes de la Primera Guerra Mundial en las obras de Mondrian y Malevich y de los suprematistas de Rusia. Las simplificaciones de todas las formas en campos de color, introducidas por estos artistas mientras abrían las puertas hacia la abstracción, son gran parte del vocabulario de este artista, aunque adaptadas a nuevas interpretaciones, dentro de los parámetros de la contemporaneidad.
Por ejemplo, la selección de colores pálidos contrastados con la crudeza del metal es una fuente constante de juego dinámico entre superficie/contraste, crudeza/color, que, con la ayuda del juego de luz, les agrega a estas reinterpretaciones una nueva dimensión.
Lo que es más importante es el caso a favor de la ambigüedad que estas piezas presentan. No son ni pinturas ni esculturas, relieves ni grabados; se hallan en un área de apreciación estética separada, en la que la mismísima definición de la obra es cuestionada. Es en estas zonas limítrofes donde se desarrolla gran parte de la fascinación del arte contemporáneo, redefiniendo los papeles de ornamentación/ arquitectura, pintura/escultura, que es una de las características más sobresalientes de la obra de Rodríguez Caballero, y también lo que hace que sea interesante observarla.
Un catálogo de 2010 de su exposición en la Fundación María Forcada, de Tudela, documenta en detalle el proceso de elaboración de las piezas. Vemos al artista involucrado en cada etapa del desarrollo, dándole forma al metal, elaborando los detalles de los pliegues y aplicando los terminados que hacen que las superficies respondan a la luz en su exclusivo estilo personal. Como observador, se tiene una sensación de satisfacción al ver cómo las ideas que se bosquejaron en los dibujos del estudio toman forma paso a paso, y al apreciar el proceso del artista como constructor que transforma físicamente los materiales en sus obras terminadas. Es un alivio ver el proceso, en particular en una época en que hemos sido inundados de material conceptual por tanto tiempo; es una refrescante evolución adicional que apreciamos mucho.
ALBERTO BARRAL
