Exposición Individualjun 2012 - ago 2012· Por Alessandra Simões

Carlos Contente

Galería A Gentil Carioca

El arte urbano es un fenómeno que en los últimos años ha traído contribuciones valiosas para las discusiones filosóficas sobre arte. Una mirada profunda sobre las especificidades de las imágenes sobrepuestas a equipamentos urbanos como muros, paredes, postes, tapas de desagües, etc., revela las peculiaridades de este arte, que necesita ser investigado a fondo para construir una teoría acorde a su importancia.

La obra del carioca Carlos Contente contiene pistas fundamentales para este empeño. Como revela la exposición Traços e Tarsilões (Trazos y Tarsilones1) que tuvo lugar recientemente en la galería A Gentil Carioca, en Río de Janeiro, la obra de Contente se sitúa en una vertiente muy precisa: la del artista con formación universitaria en artes visuales, que tiene como parte de su proyecto poético ocupar el espacio público urbano. Así, la obra de Contente se diferencia de otros fenómenos visuales urbanos importantes, como el grafiti, vinculado a las raíces estadounidenses del movimiento hip-hop; y a la pichação (manchado, escrituras en muros, cornisas o basamentos), movimiento muchas veces visto en forma despreciativa, que sin embargo tiene una fuerte connotación político-ideológica para grupos socialmente desfavorecidos en Brasil.

Exposición Individual: Carlos Contente — imagen 1
Carlos Contente. Tarsilao II, 2012. Esmalte y grafito sobre MDF. 133 x 171 cm. (52 1/5 x 67 1/5 pulgadas).

Las características técnicas y estilísticas de cada una de estas categorías –el arte urbano, el grafiti y la pichação– no son excluyentes entre sí (y valga recordar también que frecuentar la universidad no es prerrogativa obligatoria para convertirse en artista). Uno de los asuntos más emblemáticos en este sentido es el trazo gráfico, muchas veces asociado con los grafiteros, pero que aparece en artistas urbanos, como el propio Carlos Contente. En la obra Entrevista con el verde (2002), compuesta por dibujos en varias viñetas separadas, hay una relación directa con el esquematismo de los cómics. En esta obra el artista se autorretrata entrevistando a una mancha de pintura verde con la que conversa sobre asuntos de orden filosófico.

Otro recurso utilizado por Contente es el uso de un mismo personaje, el Tarsilão, una especie de alter ego representado por un rostro de formato oval, referencia a los trazos característicos de la pintora modernista brasilera Tarsila do Amaral (1886-1973), repetido ad infinítum en diversos soportes. Los personajes también son frecuentes en las obras de los grafiteros. Sin embargo, la obra de Contente se apoya en un propósito poético, que marca también a una vigorosa generación de artistas urbanos que viene afirmándose en Brasil, como Los Gemelos y Alexandre Órion.

Contente comenzó haciendo arte callejero y en ambientes informales. Desde muy joven producía tiras cómicas por su cuenta. Aprendió en cursos libres técnicas de serigrafía, dibujo con tinta china, construcción de narrativas. Antes de ingresar a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Federal de Río de Janeiro, ya estudiaba el lenguaje del grafiti en las calles cariocas. Pero la educación formal le aportó claves conceptuales que impulsaron su trabajo como artista. Cuenta que la idea de la repetición vino del Minimalismo, movimiento que conoció a través del texto de Rosalind Krauss.

Pese a las confluencias entre los lenguajes diferentes, la obra de Contente pasa de la semántica grafitera a la artística, en función de su claro proyecto conceptual. El nervio central de su producción comenzó con la idea de la repetición, tema indisociable de la secularización de la cultura occidental desde que Walter Benjamin puso las bases para la discusión sobre el arte en la era de la reproductibilidad técnica. Antes del aprendizaje académico, Contente ya tenía los medios técnicos para ello, con la serigrafía, el esténcil y el sello. Después de apasionarse por la historia del arte y por las técnicas más refinadas del dibujo, dio cuerda suelta a su vigoroso proyecto estético. Llamó la atención del curador Lauro Cavalcanti, quien, en 2005, lo convidó a exponer en una importante institución cultural en la capital carioca. “Ese fue mi ingreso oficial en el circuito institucional de arte contemporáneo”, cuenta el artista.

Entre sus trabajos más fuertes están los dibujos en que expresa un sentido erótico por medio de falos, vaginas, senos, exceso de pelos, androginias. El desconcierto provocado por el desplazamiento de su rostro estilizado (el Tarsilão) en cuerpos diferentes –muchas veces el cuerpo femenino– sugiere la desestabilización de las fronteras entre la sexualidad y su aspecto más primitivo y grotesco. Contente también da peso estético a la relación entre la verborrea (su obra está siempre permeada por palabras) y el sentido de su obra. Hay insights muy interesantes. Por ejemplo, cuando establece una relación entre las palabras public (público) y pubic (púbico).

“Poder dibujar y decir lo que pienso es una herramienta poderosa para aprovechar los espacios legitimados, pues ahora es la hora de tener algo que decir”, afirma el artista, que actualmente se dice en búsqueda de un “objeto ideal”. Con este término, Contente sella definitivamente el propósito poético. Muestra que el artista necesita tener un proyecto, cuyo desarrollo incorpore transformaciones siempre coherentes con sus principios. Como afirmó el historiador Hans Belting, en tiempo de hibridaciones culturales extremas, como la actualidad, en que la diferencia entre high y low no resulta evidente, el artista que penetra en el territorio del mass media debe saber cómo salir de él. Y es este recurso el que diferencia un artista urbano de un grafitero. Contente circula con desenvoltura entre estos territorios.

NOTA

1. N.T. El vocablo hace alusión al nombre de Tarsila do Amaral (1886-1973), artista del modernismo brasilero. 

ALESSANDRA SIMÕES

Carlos Contente, por Alessandra Simões | artnexus