Exposición Individualjun 2012 - ago 2012· Por Gladys Yunes

Ana María Olalde

Centro de Artes Integradas

La relación arte-ciencia ha adquirido cierta relevancia en distintos momentos de la historia; basta recordar cómo algunos planteamientos de la física moderna influenciaron la creación artística a lo largo del siglo pasado, especialmente con el advenimiento de vanguardias como el constructivismo y el cinetismo. En la actualidad, las nociones de la física cuántica no dejan de impresionar al hombre contemporáneo, quien ha asimilado términos como la onda-partícula, la materia oscura o los agujeros negros para agregarlos a su léxico cotidiano. En los albores del siglo XXI ya se habla de una cuarta cultura, una categoría nueva que pretende incorporar diversos saberes, como conocimiento y sensibilidad, razón e intuición, a fin de propiciar fructíferos diálogos entre científicos y humanistas.

Exposición Individual: Ana María Olalde — imagen 1
Ana María Olalde. Punto cero N-A-G, 2011. Acrílico sobre MDF. Díptico. 40 x 80 cm. (15 ¾ x 31 ½ pulgadas). Foto: Gianni dal Maso.

En el marco de estas consideraciones se ubica la exposición Zero Point de Ana María Olalde, que presentó el Centro de Artes Integradas entre el 13 de noviembre de 2011 y el 22 de enero del año en curso. Conformada por cuatro capítulos principales, esta muestra reúne un conjunto de diecisiete obras ejecutadas en los últimos diez años de su producción pictórica. Desde 1975, Olalde se ha desempeñado como matemático, docente y artista plástico; ello le permite indagar en torno a aquellas formulaciones de la ciencia cuyas descripciones constituyen un campo fértil para la imaginación. El recorrido incluye la obra Redes, del año 2000, una pieza inicial que, como su nombre lo indica, recrea una suerte de tramas y urdimbres que sugieren símbolos y signos enlazados de manera sutil y armoniosa. Por esa misma época comienza a investigar acerca de la Teoría del Caos; así, elabora la serie Fractales (2000-2005), una temática que se fundamenta en las concepciones de la geometría fractal, un modelo que define los complicados comportamientos de la naturaleza, cuya dimensión es fraccionaria, recursiva y repetitiva. En este sentido, ella establece correspondencias con estos principios al ordenar la composición a partir de una matriz originaria que se fragmenta y multiplica sobre el formato. En el díptico Fractales blanco y negro, 2003, perteneciente a la serie Fractales lineales, las rectas se disponen en forma de H que se encadenan de menor a mayor, y viceversa. En los Fractales orgánicos, como Fractal negro, 2002, en cambio, las líneas blancas dibujadas sobre un fondo negro se quiebran, se ramifican y forman curvaturas que simulan redondeces. Este proceso induce a la artista a manejar el espacio con un sentido más constructivo; de este modo diseña un esquema lineal simple, distribuido de forma modular, tal como se ve en la serie Entrelíneas (2005-2008). Aquí la composición es seccionada en franjas, debido a la incorporación de verticales y horizontales que segmentan el plano en bloques diferenciados según el color y el interlineado, lo cual contribuye a que la imagen parezca un ensamblaje que, hipotéticamente, podría desarmarse y armarse nuevamente, como se aprecia en las obras Entrelíneas Nº 3 y Entrelíneas Nº 6, de 2007. En sus trabajos posteriores, estas divisiones empiezan a fraccionarse y reproducirse en pequeños sectores que ocupan todo el cuadrado; surge entonces la serie Entramados, realizada en un tamaño más pequeño, entre 2008 y 2011; tanto las líneas como el color se cruzan y yuxtaponen para lograr alternancias tonales, dispuestas en secuencias paralelas o perpendiculares; Entramados Nº 1 y Nº 2, de 2011, son un ejemplo de ello.

Más allá de estas búsquedas, la autora profundiza en otro concepto de la física conocido con el nombre de Zero Point Field, entendido como la energía del punto cero o energía del vacío, considerada como el nivel primario o elemental de un sistema. Es así que en 2009 idea la serie Zero Point, en el que línea y color se reducen a su mínima expresión para formar una progresión continua de paralelas verticales que se extiende, imaginariamente, más allá de la superficie bidimensional; el fondo está dividido en zonas claras y oscuras de diverso cromatismo, tal como se detecta en Zero Point N-A-G y Zero Point B-R-A, ambas de 2011. En estas pinturas el rigor geométrico se contrapone al dibujo hecho a mano, lo cual evidencia el desplazamiento irregular del trazo. La combinación de lo racional y lo emocional le confieren un rasgo de imprecisión, de carácter artesanal, que vincula estas propuestas con la llamada geometría sensible. “Ana María Olalde –dice la curadora, Susana Benko, en el catálogo de la exposición– ha logrado a lo largo de su trayectoria conciliar dos campos que parecen opuestos: la ciencia y el arte. En otras palabras: la razón y la intuición. Ella trasciende el aspecto formal de la obra desde el momento en que asume creativamente los mismos procesos dinámicos y generativos que se producen en la naturaleza. Comprender estos procesos a fondo, como matemático y como artista, redimensiona su obra y con ello la abstracción adquiere un nuevo sentido...”.

GLADYS YUNES-YUNES

Ana María Olalde, por Gladys Yunes | artnexus