Exposición Individualmar 2012 - may 2012· Por Irina Leyva

Xawery Wolski

Diana Lowenstein Fine Art

Xawery Wolski se estableció en Ciudad de México en 1997, dando continuidad a una larga tradición de artistas europeos expatriados que han vivido en el país. Wolski nació en 1960, en Varsovia y se educó allí, en la Academia de Bellas Artes. También estuvo un tiempo en París, donde asistió a la Académie des Beaux-Arts y al Institut des Hautes Études en Arts Plastiques; y en Nueva York, a la New York School of Drawing, Painting and Sculpture (Escuela de Dibujo, Pintura y Escultura de Nueva York). Más adelante viajó a Carrara, donde perfeccionó el trabajo con mármol, completando así una educación clásica y abarcadora. Wolski también viajó a Suramérica y Asia, y vivió por un tiempo en cada continente.

Después de recibir este tipo de educación no es sorpresa que se enamorara de la rica tradición artesanal mexicana, y pronto sus piezas comenzaron a mostrar esa influencia, mayormente al “tomar prestados” aspectos técnicos de la misma. Esto es particularmente visible en esta exposición, en la que el artista ha presentado una selección de piezas de algunas series en las que ha estado trabajando por lo menos en los dos últimos años. La diversidad del trabajo, a pesar de haber sido hecho todo en el mismo período, hace posible que veamos a la vez un “resumen visual” de esta etapa y de su obra en general. A través de la muestra podemos ver cómo funciona su percepción y los temas que le interesan, sobre todo cómo combina su precedente clásico con las nuevas técnicas y temáticas.

Exposición Individual: Xawery Wolski  — imagen 1
Xawery Wolski, Globos, 2010. Cuerda de alpaca. Instalación. Dimensiones variables.

Al entrar a la exposición la primera pieza que vemos es Tzalan blanco, la cual abarca de forma muy lírica la idea de la integración a su nuevo ambiente. Las vueltas de pequeñas cuentas muy elaboradas crean un efecto que evoca un vestido ritual, todo en blanco. Hecho de terracota, hilo de seda y acrílico, Wolski crea lo que parece un traje ceremonial, mostrando una influencia de objetos antropológicos que incluye lo visual y conceptual. El título es un tributo al pueblo Náhuatle y una referencia directa a sus textiles. Al seleccionarlo, Wolski está demostrando su asimilación de la cultura y una comprensión del lugar.

La religión, especialmente el catolicismo, ha sido parte integral de la vida diaria en México, y la serie Círculos está inspirada en los rosarios comúnmente utilizados para rezar. Estas piezas tan detalladas son hechas a partir de módulos individuales, elaboradas de terracota y alineadas perfectamente. Estos círculos infinitos aluden al proceso íntimo de rezar, conectando el tiempo en una cadencia ritual infinita. La selección del color en esta serie está inspirada en el rojo tradicionalmente utilizado en ceremonias litúrgicas. El uso del color y las texturas hacen que estas piezas sean muy seductoras.

Otra de las series en las que Wolski ha estado trabajando por un tiempo, y tal vez la parte más reconocida de su obra, son sus cadenas blancas de terracota. Desplegadas como una instalación en una sala separada, las gruesas cadenas cuelgan del techo creando una especie de “bosque blanco”. Desde lejos las cadenas son visualmente semejantes a una real, pero al acercarnos nos percatamos de que Wolski las hizo de arcilla y no de metal, como esperábamos. Una de estas piezas es parte de la colección del Museo Rufino Tamayo en Ciudad de México y está actualmente en exhibición.

Pero quizás la pieza más atractiva de esta exposición es Globos, una instalación muy delicada y aparentemente frágil, que consiste en un grupo de estructuras tejidas en croché con un alambre muy fino. La composición nos recuerda faroles flotantes, un efecto que se refuerza en la forma en que se ha instalado, sobre un fondo de una pared oscura.

En sentido general, la obra de Wolski demuestra una intención teatral en la manera en que presenta sus piezas, y también tiende a la duplicidad en la forma en que las estructura. Este patrón es claro en sus instalaciones, en las que usa el efecto de la repetición de elementos de modo consistente. Incluso, las obras que no son instalaciones per se también muestran esta tendencia, aunque es más evidente en las segundas. Un buen ejemplo de esto es Constelación, su interpretación de una noche estrellada en blanco. Las estrellas están representadas por cientos de bolas de terracota, todas ilusoriamente perfectas al ser vistas desde lejos. De cerca podemos ver que cada “estrella” fue hecha de manera individual y, en consecuencia, es intencionalmente imperfecta.

Este artista no teme a la experimentación e intenta trabajar con diferentes materiales como arcilla y metales, creando interpretaciones muy preciosistas de objetos hechos con un efecto de trompe l’oeil. Puede ser audaz cuando selecciona su paleta, que incluye un espectro de combinaciones sutiles de diferentes blancos hasta un rojo provocativo.

La obra de Wolski toma mucho tiempo, debido a su naturaleza y por el uso de técnicas tradicionales. Esta acción, aparentemente inocente, hace posible la confluencia del pasado y el presente, y la yuxtaposición de las diversas culturas en las que ha vivido. Su percepción del tiempo y su apreciación de la historia le permiten combinar elementos de las civilizaciones precolombinas con temas contemporáneos. Al observar su obra podemos ver claramente integradas en sus formas orgánicas reminiscencias de objetos antropológicos y rituales.

Hay algo espiritual en su trabajo, imposible de aprehender, una narrativa oculta que surge cuando examinamos las piezas. Su visión del arte es cosmopolita, influenciada por el tiempo, el espacio y su localización geográfica. A través de su arte Wolski nos brinda su visión de la vida filtrada por su vasta experiencia vital.

IRINA LEYVA

Xawery Wolski, por Irina Leyva | artnexus