Exposición Individualmar 2012 - may 2012· Por Alessandra Simões

Sergio Romagnolo

Galería Triángulo

La multiplicidad de lenguajes es una característica del arte contemporáneo, y muchas veces se convierte en el proprio leitmotiv del artista. Este es el caso de Sergio Romagnolo, cuya obra fue recientemente presentada en la exposición La hechicera y las máquinas, en la Casa Triángulo, en São Paulo, para conmemorar sus 35 años de carrera. El artista, fiel representante de la generación que trajo a cuento el pop en Brasil en su segunda fase, década de 1980, muestra con esta individual que continúa comprometido con la hibridación de técnicas y lenguajes, entrelazados por una fuerte coherencia estética.

Las pinturas y esculturas que dan título a la exposición son ejemplos típicos de la poética de este artista, que se vale constantemente de elementos provenientes de los medios de comunicación de masas para transformar personajes populares en arte. Las pinturas, por ejemplo, están hechas a partir de superposiciones de imágenes sacadas de la serie La hechicera, realizada para la televisión en 1966. Con esmero técnico, las telas pintadas al acrílico presentan los personajes de Samantha y su marido James, en la cama. Las imágenes están duplicadas y remedan los defectos recurrentes de la TV analógica.

Exposición Individual: Sergio Romagnolo — imagen 1
Sergio Romagnolo. James y Samantha en cama, 2011. Acrílico sobre tela. 80 x 120 cm. (31 ½ x 47 1/5 pulgadas).

Las esculturas, modeladas en plásticos, tienen como modelos “escarabajos” VW, tenis o sandalias hawaianas, íconos ya consolidados del consumo popular brasilero en los años 1980, cuando el artista se graduó en la Facultad de Artes Plásticas de la Fundación Armando Álvares Penteado (FAAP), principal granero de la generación 80 en São Paulo. El estilo de Romagnolo, vinculado con elementos urbanos e industriales, tiene fuertes raíces en el trabajo de sus profesores de universidad, como Regina Silveira (1939), Nelson Leirner (1932) y Julio Plaza (1938-2003). Recién graduado, Romagnolo ya creaba piezas como carros, edificios, aviones, máquinas fotográficas, cámaras de video y canecas de basura hechas de plástico calentado y moldeado a mano. También aparecían en sus primeros trabajos personajes de tiras cómicas, como los superhéroes.

La relación entre lo bidimensional y lo tridimensional revela la coherencia de su obra. Cuadros matéricos, hechos con colores de contornos definidos, o hasta con otros materiales como resinas, se desligan de la superficie para volverse casi esculturas, muy semejantes a sus propias esculturas. El plástico, utilizado con gran frecuencia, se convierte en su propio lenguaje; cuando el artista funde en bronce simula los dobleces del plástico derretido. Sus esculturas en bronce –símbolo de la secularización de la Historia del Arte– son un homenaje al plástico, por excelencia el material de la cultura de consumo y que pone fin a cualquier tradición.

Romagnolo fue el principal artífice de la muestra Pintura como Medio, en El Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo (MAC/USP), en 1983, que también reveló talentos como Leda Catunda y Ana Maria Tavares. Este evento fue fundamental para el quiebre en el arte contemporáneo brasilero, que mostraba entonces su faceta Neo-pop en una época en la que el régimen militar generaba registros siniestros en el país. La generación de Romagnolo apostaba por la democracia estética, mediante una multiplicidad de estilos, que no tenía como propósito declarar su adhesión a ningún concepto ni lenguaje específicos.

Esto no quiere decir apenas modestia. A propósito, Romagnolo cuenta con una importante actuación intelectual: hizo maestría y doctorado y escribe textos críticos. Como recuerda la crítica Lisette Lagnado, en los años 1980, en Brasil, estaban en primer plano asuntos como la figuración no mimética o gestual. La muestra paulista proponía, sobre todo, fortalecer el debate a partir de la problemática de la representación. Son emblemáticas las telas en las que Romagnolo presenta narrativas de los superhéroes usando como escenario la gran metrópolis, y como temática, las relaciones humanas y la soledad. Los héroes aparecen en la prisión o en un ambiente de oficina, o incluso en escenas más oníricas (héroes gigantes acostados sobre los edificios y puentes).

Esta generación también puso en escena el tema de la reciente internacionalización latinoamericana, ahora más compleja y multifacética, que ya no podía ser entendida como simple resultado de las injusticias entre colonizadores y colonizados. Romagnolo, con las contantes relecturas de narrativas religiosas y los santos en materiales plásticos con terminado precario (Santa Teresa, 1990, Pietá, 1989, o Corona de Cristo, 1989), traía a este debate asuntos hasta entonces apreciados por los modernistas que defendían una identidad genuinamente nacional. En 1993 moldea doce figuras que tienen como referente los profetas de Aleijadinho, y revisita el Barroco brasilero, que aparece en estrategias como el arrugado y el amasado de las formas. La gestualidad está siempre presente en su trabajo, como revelan las marcas de dedos y manos sobre el plástico.

En la muestra La hechicera y las máquinas, las obras plásticas se relacionan con una obra de ficción literaria que Romagnolo está escribiendo actualmente. Con el mismo título de la serie, la historia trata de una pareja, una mujer y un androide, que vive en un mundo dominado por las máquinas. Nuevamente, el artista reordena diversos aspectos poéticos para componer un conjunto coherente; el paso de la literatura a la visualidad revela el territorio híbrido en el que se apoya su obra. El artista presenta al espectador situaciones inesperadas mediante narrativas inteligentes. Cuestiona hasta qué límite las definiciones de sentido común son reales, mostrando ser este el punto esencial de su libertad artística.

ALESSANDRA SIMÕES

Sergio Romagnolo, por Alessandra Simões | artnexus