Once tipos del 11

Suwon Lee. El Patrick Miller, 2011. Videoinstalación a dos canales. Dimensiones variables. Foto: Costanza De Rogatis.

Colectivamar 2012 - may 2012· Por Katherine Chacón

Once tipos del 11

La reapertura de la Sala Mendoza con la realización de la exposición Once tipos del 11 no sólo dio pie a un acercamiento a las propuestas de once creadores venezolanos de la actualidad; también permitió contrastar, en un momento en que son imperiosos la revisión y el análisis histórico, dos etapas de la vida y la cultura del país.

Bajo la curaduría de María Elena Ramos, Rafael Santana y Costanza De Rogatis, Once tipos del 11, sigue el concepto adelantado en la misma Sala Mendoza en la década de los setenta, para entonces dirigida por Lourdes Blanco. Desde 1973 hasta 1981 se realizaron allí seis ediciones de la muestra Once tipos, a través de las cuales se convocó la participación de once artistas paradójicamente unidos por la diversidad de sus propuestas, conceptos, medios y técnicas. Surgida en un primer momento con la intención de mostrar a un grupo de jóvenes creadores que dieran cuenta de la pluralidad existente en el panorama artístico venezolano de entonces, Once tipos se convirtió en referencia ineludible para el arte contemporáneo del país, tanto por lo novedoso de su concepción como por la relevancia que cobrarían en la escena plástica de Venezuela muchos de los artistas que allí participaron, y por haber marcado, de hecho, “el nacimiento de una nueva práctica museística más asociada a la investigación y al ensayo de nuevas hipótesis desde el trabajo de campo”, como bien lo afirma Rafael Santana en uno de los textos que acompañan el catálogo de la muestra que reseñamos. En este sentido, Once tipos del 11 es no sólo un homenaje, sino un puntual recordatorio de toda una época signada por la vitalidad cultural, la apertura y la pluralidad artística, cuyos representantes encontraban acogida en los ámbitos públicos y privados.

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Elías Crespín. TriNet, 2011. Detalle. Malla triangular electrocinética de 110 varillas de aluminio. 293 x 260 cm. (115 ¼ x 102 ¼ pulgadas). Foto: Carlos Germán Rojas.
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Juan José Olavarría. Performance instalada, 2000. Estructura metálica, tela pintada y bordada. 230 x 30 x 25 cm. (90 ½ x 11 4/5 x 9 4/5 pulgadas). Fotografía: Carlos Germán Rojas.

La exposición estuvo conformada por obras de Miguel Amat, Annella Armas, Ángela Bonadies, Nayarí Castillo, Elías Crespin, Suwon Lee, Richard López, Cipriano Martínez, Daniel Medina, Juan José Olavarría y Juan Requena, reunidos bajo un concepto curatorial que enlaza dos ámbitos de recurrencia del arte contemporáneo: el tema de la memoria y la incorporación de motivos extraartísticos a la obra de arte.

La noción de memoria es propuesta como lectura de la muestra por Costanza De Rogatis, una de las curadoras de la exposición, en cuanto “la obra de arte es, intrínsecamente, un vehículo para la actualización del saber, sino también porque la memoria es una de las mayores preocupaciones de la cultura de nuestros días”. De Rogatis establece dos grupos de obras: Memoria como archivo, enumeración y evocación del poder del objeto y Memoria como identidad, revisión de la historia y del hombre inserto en la historia.

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Daniel Medina. Deconstrucción de la fachada frontal del modelo a escala del Museo del Louvre, 2010. Instalación. Dimensiones variables. Fotografía: Carlos Germán Rojas.
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Angela Bonadíes. Thomas Demand + Gustavo Sagorsky + Wolfang Tillmans. De la serie Copia original, 2009-2011. Impresión a color. 90 x 60 cm. (35 2/5 x 23 3/5 pulgadas).

Dentro del primer grupo encontramos, las obras de Anella Armas, Ángela Bonadies, Nayarí Castillo y Juan Requena. La pieza Copia original, de Bonadies, es una serie de diez fotografías que retratan libros fundamentales para la historia de la fotografía dispuestos, a manera de réplica de imágenes, con un entorno cotidiano construido improvisadamente. De este modo, las imágenes consagradas de la historia entran en diálogo con una pieza de ropa o con los trastos del friegaplatos, creando un espacio memorioso y crítico que atañe a lo personal y a lo colectivo. La videoinstalación El ojo de la clarividencia de Nayarí Castillo es una obra que se desplaza entre lo real y lo ficticio, a través de la creación de una historia familiar fabulada sobre un objeto de cualidades mágicas que es heredado generación tras generación. La obra logra crear una atmósfera donde la memoria retoma su carácter onírico, fabulatorio y maravilloso.

El segundo grupo –conformado por los otros ocho artistas– reúne piezas como Trinet, de Elías Crespin, y Ordenamiento I y Ordenamiento II, de Cipriano Martínez. Crespin crea una pieza que sigue la tradición geométrica y cinética a la manera de Gego y Soto. La pieza es una malla rectangular flexible computarizada, que se mueve lentamente, propiciando el surgimiento de diversas formas. La obra combina lo lúdico, lo poético, lo tecnológico. Martínez, por su parte, trabaja con la memoria de lo urbano, que aparece como una trama en una lámina de látex. La ciudad fabulada es entonces un tejido anónimo y caótico.

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Juan Requena. Animales sintéticos, 2008. Instalación de recipientes de acrílico, animales de plástico, vaselina líquida y equipos agropecuarios. Dimensiones variables. Foto: Carlos Germán Rojas.

El análisis de María Elena Ramos, otra de las curadoras de la exposición, busca recalcar la sintomática inclusión de elementos extraartísticos en el arte contemporáneo, señalando “a la ciencia, a una naturaleza revisitada conceptualmente por la ecología o la historia, a discursos y símbolos patrios, al mundo editorial o a otras artes, a los laboratorios de zoología, a la magia” como asuntos que se hallan presentes en las obras reunidas en la muestra.

La ciencia y la tecnología son temas que vemos en las piezas de Elías Crespin y Miguel Amat. Este último muestra dos fotografías de gran formato de la serie Represas y préstamos, en la que busca contrastar la fantasía de una imagen bucólica y natural con una realidad que ha sido intervenida por el hombre, auspiciando una ambigüedad que es subrayada por la resolución técnica utilizada.

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Miguel Amat. Represa de Tiznados. De la serie Represas y préstamos, 2011. Gelatina sobre plata en papel grueso de fibra de algodón. 182,5 x 122,5 cm. (71 4/5 x 48 1/5 pulgadas).

Juan Requena se nutre de la zoología y la ecología. Sus animales plásticos encapsulados, con el fin de ser “preservados”, dan cuenta de una preocupación sobre la extinción de las especies e, irónicamente, sobre la pérdida también de las réplicas de animales en goma. Su propuesta activa una visión lúdica, acentuada por el colorido de los animales de goma y las composiciones jocosas de algunas piezas.

Richard López, en Sótano 3, trabaja desde la pintura. Recurre a una técnica tradicional para retratar lo que podríamos llamar un “interior” urbano cargado de impersonalidad: un estacionamiento público oscuro y vacío. Las formas simples y los colores apagados, la monotonía visual de lo retratado, llevan al artista a establecer una serie donde las variaciones de la luz cobran protagonismo, “donde la mancha de color ocupa su función de luz o sombra, la arquitectura dicta la perspectiva y se hace evidente la estructura direccional de las pinceladas”.

KATHERINE CHACÓN

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