Exposición Individualmar 2012 - may 2012· Por Tatiana Flores

Marta Chilindrón

Galería Cecilia de Torres

La más reciente exposición de Marta Chilindrón coincidió con la publicación de una monografía de su obra que abarcó toda su carrera. Las esculturas exhibidas en la galería Cecilia de Torres eran tan actuales y frescas que era difícil creer que la artista ha estado activa desde la década de los setenta y que comenzó su carrera como pintora realista. No obstante, como lo dejó muy claro el catálogo, su obra es sistemática y coherente, y es el resultado de la exploración de la perspectiva, la percepción y el cuerpo, realizada durante toda su vida. La exposición, tranquilizante y sorprendente a la vez, constaba de esculturas figurativas y abstractas elaboradas en láminas de acrílico o policarbonato unidas con bisagras, que hacían referencia a la geometría y la naturaleza. Las piezas inspiradas en la vida evocaban formas orgánicas como una nube, pasto, llamas, agua, mientras que las abstractas se referían a la naturaleza en una forma más indirecta, a través de su dependencia de la sección áurea. En conjunto, las esculturas formaban una agrupación colorida, visualmente atractiva, que nos hacía reflexionar. Sus brillantes superficies moduladas nos invitaban a jugar, a la vez que cuestionaban suposiciones generalmente aceptadas sobre la representación de la naturaleza.

Exposición Individual: Marta Chilindrón — imagen 1
Marta Chilindrón. Fuego, 2011, Doble pared de policarbonato. 147 x 120 x 43 cm. (57 3/4 x 47 x 17 pulgadas).

Para un público familiarizado con las obras de esta artista, la aparición de formas orgánicas fue una inesperada desviación de un lenguaje visual que por años ha mantenido una rigurosa exploración de la geometría. Las formas más características de Chilindrón son cuadrados, círculos, triángulos y otras figuras básicas que se convierten en los componentes de composiciones mucho más complejas que se desarrollan en el tiempo y el espacio. Desde el punto de vista de la estructura, sus nuevas esculturas son similares, por cuanto consisten, en general, en planos bidimensionales unidos por bisagras, de modo que pueden plegarse para acercarlos o abrirse para separarlos. Así, Fire (2010), cerrada parecía una fogata roja, mientras que desplegada sugería una conflagración incontrolable. Grass (2010) podía representar una pequeña colina o briznas de pasto que crecen y se multiplican constantemente. Sin embargo, estas dos piezas dependían de formas irregulares para crear nuevos puntos de interés visual. Su incertidumbre llamaba la atención sobre el hecho de que la naturaleza está siempre en movimiento, que sus formas nunca son fijas. No obstante, las formas descritas en Water (2011) eran regulares, aunque parezca extraño. Arcos repetidos que semejaban un dibujo infantil describían olas, pero con cada capa los arcos se achicaban, de modo que grandes olas que fluían en el frente daban paso a un ajustado diseño en la parte de atrás. A pesar de su irregularidad, la pieza lograba mantener el interés visual a lo largo de los cambios de tamaño y las variaciones entre la transparencia y la opacidad del material. Entre las esculturas que describían la naturaleza, Cloud (2009) partía de la composición aplanada de las otras. Colgada del techo y unida con bisagras en algunos puntos, permitía que el espacio vacío penetrara en otros, logrando captar la inmaterialidad de la nube con los materiales más inesperados.

Como contrapunto a las obras orgánicas, la artista incluyó también una serie de esculturas geométricas abstractas. En contraste con los colores de la naturaleza estaban el rosado chicle y el anaranjado fluorescente de 27 Triangles (2011). Como objeto estático, la escultura era muy atractiva; presentaba una compleja composición de triángulos equiláteros de dos colores, unidos por bisagras: anaranjado y blanco. Desde ciertos ángulos, el anaranjado parecía rosado, lo que incrementaba el interés visual de la pieza. Para el espectador que tenía el privilegio de manipular la escultura, 27 Triangles tenía más que ofrecer. Aunque los colores parecían interconectados, cada una de las líneas coloreadas se plegaba sobre sí misma para crear un solo triángulo. Mediante unos pocos movimientos, una forma compleja se convertía en modelo de simplicidad. Otras dos obras, Helix (2011) y Spiral-Green (2011), también debían ser manipuladas para poder apreciarlas por completo. Cuando estaba cerrada, Helix consistía en cuñas repetidas de acrílico azul y transparente, intercaladas en lo que parecían ser intervalos aleatorios pero que en realidad seguían la serie de Fibonacci, que es una secuencia de números que se suma a los dos números anteriores (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13...); a medida que los números progresan, la proporción entre ellos permanece constante, un fenómeno conocido como la sección áurea y que se presenta en elementos naturales como el nautilo, los pétalos de una flor y las piñas de los pinos. En Helix, las cuñas no sólo seguían este patrón sino que, cuando se les desplegaba, las franjas de acrílico azul y transparente se desarmaban y cada una podía plegarse en un círculo perfecto. La pieza evocaba una sensación de asombro similar a la que despertaba Spiral-Green, una estructura más grande que, en posición vertical, constaba de una serie de cuñas que aumentaban de tamaño en forma secuencial pero que podían plegarse y aplanarse para formar una espiral, la expresión por excelencia de la sección áurea. Vale la pena buscar en internet una serie de videos, publicados en YouTube y en la página web de la galería, para presenciar la activación de éstas y otras piezas. Si se les presta mucha atención, uno podría recrear en casa las cautivadoras construcciones de la artista.

TATIANA FLORES

Marta Chilindrón, por Tatiana Flores | artnexus