Disentir es sin lugar a dudas el ejercicio más genuino de cualquier democracia. En el caso de los regímenes totalitarios, el acto de disentir, sin embargo, deviene disidencia.
Utilizado por primera vez con un sentido netamente político hacia los años cuarenta del pasado siglo en la extinta Unión Soviética, el término 'disidente' ha devenido arma ideológica fundamental para amordazar desde el poder centralizado cualquier opinión pública divergente y justificar así la represión y persecución abiertas.
La propuesta artística de José Ángel Vincench (Cuba, 1974) constituye una sólida indagación en esta zona neurálgica de la sociedad cubana actual, donde disensión, censura, silencio y negociación forman parte de la cotidianidad.
Utilizando como punto de partida la historia del arte, y específicamente la abstracción y su relación con la historia del arte abstracto en Cuba, Vincench genera un sagaz comentario acerca de la realidad cubana actual. La alegoría emplazada en primera instancia en el plano social encuentra correlato en los predios del arte a través del cometido del artista para con su época, que en la propuesta de Vincench es fundamental.

Vincench vs. Vincench: A Dissident Dialogue from Cuba, abierta en Art Space/Virginia Miller Galleries en Coral Gables, es la primera muestra personal del artista en Estados Unidos. La exposición está compuesta por dos series en las que ha venido trabajando el artista en los últimos años: Disidente y Exilio.
La serie Disidente tiene como punto de partida la visita que realizó el expresidente estadounidense Jimmy Carter a La Habana en 2002, con el ánimo de promover el diálogo entre los disidentes y el Gobierno cubano, y los masivos ataques a la disidencia por parte del Gobierno a tan sólo unos meses de la mencionada visita. Esta ola represiva en la isla –internacionalmente conocida como la Primavera negra– dejó un saldo de 75 disidentes encarcelados, con sentencias entre 6 y 30 años.
Vincench vs. Vincench incluye catorce depuradas pinturas de mediano formato de esta serie. En ellas, el expresionismo abstracto se convierte en fondo sintomático sobre el que se superpone –gracias al uso de plantillas– la definición del término disidente en los idiomas más disímiles: ruso, servio, español, inglés, catalán, francés.
Las formas libres del expresionismo abstracto –cuyo sentido histórico aporta nuevas lecturas a la serie– son constreñidas por las rígidas grafías y las definiciones de que éstas son portadoras. El empleo de múltiples capas y el carácter fragmentario del texto generan un efecto de lectura escalonado que provoca una efectiva tensión entre lo visible y lo invisible, lo permisible y lo silenciado.
La noción de fragmento es secundada en Cuba y la noche (2011), peculiar mosaico que se compone de cien cuadros de pequeño formato. Alineados en singular acumulación, la instalación, cual eco irreverente, inunda una de las paredes de la galería. Pareciera que estamos en presencia de una muchedumbre: una suerte de voz colectiva que clama por legitimar su punto de vista.
La serie Exilio & Destierro (2011), por su parte, echa mano del equipaje como símbolo identitario del emigrado que procura cargar consigo cuanto puede del enclave originario. Tal es el caso de la instalación Destierro VI, en la que el equipaje adopta la cartografía de la isla.
La instalación se apropia de un tipo de bagaje –el maletín gusano– que está íntimamente relacionado con la migración cubana. El gusano, como comúnmente se le llama a este tipo de maletín tubular flexible, es usado por la mayoría de las familias cubanas residentes en Miami en sus viajes a la isla para proveer de bienes a sus familiares y allegados. Así, la relación unidireccional de la partida se carga de nuevos sentidos. El término “gusano”, además, tiene una implicación ideológica bien marcada en Cuba, donde la oficialidad denominó con este término de forma despectiva a todo el que disentía de la ideología promulgada por el gobierno socialista de La Habana.
En Exilio I, el artista recurre otra vez al uso de la tipografía como herramienta visual suficiente. Cada una de las bolsas desechables de impecable factura. hechas en papel kraft, constituye una letra del texto que da título a la pieza. Las bolsas vacías apuntalan la inutilidad del bagaje, al tiempo que el carácter individual de cada una de las letras apunta hacia el sentido de dispersión de la cultura e identidad cubanas por el desangramiento continuado que significa más de medio siglo de exilio y de una comunidad escindida.
Como pieza complementaria, y específicamente para esta muestra en Miami, Vincench creó in situ Reconciliación. La delicada pieza es un árbol de Navidad compuesto de listones de cedro con mensajes de calados de escritos en español e inglés portadores de concordia y armonía.
JANET BATET
