Johanna Calle viene realizando desde hace varios años dibujos en los que a cambio de puntos y líneas utiliza letras, uniendo así la escritura con el dibujo. Con estos dibujos, como acertadamente lo comentó Catalina Casas, “Johanna Calle dibuja escribiendo. Dibuja reconstruyendo. Con hilos, tornillos, alambres, agujas y cables se pasea por la literatura, la arquitectura y la música. Y al final todo se enlaza, se conecta y se mezcla con talento hasta convertirse en poesía. Sólo que no se lee. Se ve”1. Sus delicados dibujos, sujetos a una gran exactitud, denotan, además de una infinita paciencia y una gran habilidad, una reflexión centrada en el lenguaje, en problemas sociales, así como un interés por señalar algunas pendencias del mundo actual de difícil solución.
“El uso del lenguaje –dice la artista– ha sido recurrente en mi obra artística. He realizado dibujos en los que hago reflexiones acerca del lenguaje, de la letra y el signo. No sólo las letras del alfabeto en sí mismas, sino nombres cuya semántica evoca títulos elocuentes. También textos transcritos cuyo contenido y terminología enfatizan aspectos del tema tratado. En mis dibujos abordo las convenciones lingüísticas como acuerdos sociales donde están latentes estructuras de poder”.

La muestra Signos se articuló en torno a una serie de dibujos que dieron lugar a un libro titulado abecé, que fue publicado por la editora SW y la Galería Casas Riegner, lanzado en el marco de la XII Bienal de Estambul, y que con esta muestra se lanzó en Colombia. Estos dibujos trazan estructuras que se conforman utilizando las letras del alfabeto cuidadosamente dibujadas con tinta negra sobre las viejas hojas de un álbum que data de 1920, en las que el tiempo ha ido dejando sus huellas. Este soporte, además de conferir una calidad estética exquisita, imprime a los dibujos un carácter de historicidad, los dota de memoria, característica que se preserva intacta en la publicación.
Además de este conjunto de dibujos se incluyeron otros tres. Uno de ellos realizado sobre hojas muy grandes de libros de matrículas, utilizadas hace mucho tiempo para llevar la contabilidad de terrenos rurales. Sobre estas páginas se dibujan troncos de árboles con una vieja máquina Underwood. Su silueta y superficie se dibujan con palabras, con textos tomados de la nueva Ley de víctimas y distribución de tierras, recientemente firmada por el Presidente para otorgar justicia a las víctimas del conflicto colombiano. Otro grupo de dibujos presentaba una serie de plantas realizadas con alambre, y el tercero eran madejas, ovillos de lana o de hilo, cuyas líneas constituían una continuidad de letras.
Esta unión entre palabra y dibujo, entre un hecho visual y uno escrito, que da lugar a una “poesía que se ve”, me llevan a recordar las palabras de Orhan Pamuk: “Con el paso de los años creo cada vez más que la literatura consiste en ver el mundo con palabras, más que narrarlo […]”2. En la obra de Johanna Calle de los últimos años hay un eco de estas palabras. Sus dibujos nos hacen ver que con la escritura se puede dibujar, y al dibujar con ella los signos se van enriqueciendo, se van ampliando de acuerdo con el juego que establece la artista entre los elementos que componen sus trabajos: palabra e imagen; el material utilizado (bien sea tinta o alambre) y el soporte sobre el que se elabora el dibujo. En ese juego se establecen consonancias que son descubiertas cuando existe una aproximación minuciosa a sus dibujos. A primera vista son lo suficientemente bellos como para captar nuestro interés. Por ejemplo, en el caso de los árboles dibujados con la máquina Underwood, su apariencia es exquisita y suficientemente intrigante para satisfacernos como un hecho formal. Pero al comprender las implicaciones del soporte –que crean un juego sutil entre los grises que se generan a partir de la textura que forjan las letras, y las delicadas líneas verdes y rosa del papel–, su sentido se magnifica. Las intenciones de la artista, su interés por esos asuntos sociales de difícil solución, como es el caso de la restitución de tierras, se objetivan en el hecho plástico. El dibujo, sin artificios, sin retóricas intrincadas, como a veces ocurre con obras que muestran interés por los temas sociales, cobra forma y sentido de una manera profunda y coherente.
En alguna página del libro Estambul, Orhan Pamuk, quien fue dibujante y pintor en su juventud, cuenta cómo siendo niño dibujaba las letras sin conocer su significado, siguiendo los mismos pasos y principios que seguía al dibujar el mundo circundante. Me llama la atención cómo Johanna Calle alude en una entrevista3 a su aprendizaje de la escritura con la letra palmer, en el que ella identifica los mismos principios del aprendizaje del dibujo. La gran atracción que me otorga la escritura de Pamuk me lleva a unirla a la que siento por los minuciosos e inteligentes dibujos de Johanna Calle, en los que el dibujo expande sus posibilidades uniendo lenguaje e imagen.
NOTAS
1. Catalina Casas, catálogo Variaciones, dibujos de Johanna Calle, Galería Casas Riegner, Bogotá, 2010.
2. Orhan Pamuk, Otros colores, Barcelona, Mondadori, 2008.
3. Cecilia Fajardo-Hill, catálogo Variaciones, dibujos de Johanna Calle, Galería Casas Riegner, Bogotá, 2010.
MARTA RODRÍGUEZ
