Guerra de la Paz (Alain Guerra, La Habana, 1968, y Neraldo de la Paz, Matanzas, 1955) es un dúo de artistas cubanos radicados en Miami que trabajan de manera consistente y sistemática desde finales de los años noventa. Con un extenso historial de exposiciones en galerías y museos de Estados Unidos y Europa, que incluye el Miami Art Museum, Americas Society, NY; Chicago Cultural Center y Saatchi Gallery, Londres, entre otros, Guerra de la Paz se inscribe dentro del escenario artístico internacional con un trabajo sólido y bien estructurado.
Involucrando en su obra el ready-made con técnicas tradicionales y el uso de materiales no convencionales, Guerra de la Paz reflexiona en muchas de sus obras sobre temas históricos e íconos clásicos que se mantienen con profundos significados dentro del lenguaje contemporáneo. Su obra es también un esfuerzo sostenido por poner en la escena de discusión asuntos globales como la preocupación por el medio ambiente, el consumo y la cultura del desecho.

La galería Praxis de Miami presentó a fines de 2011 la exposición Barbed, de este dúo de creadores. Flanqueada por tres fotografías, el centro de la muestra era una enorme instalación que iba del piso hasta casi el techo de la galería.
Haciendo alusión a los interminables kilómetros de cercas industriales que cubren el paisaje de Florida, y en los que eventualmente se enredan pedazos de textiles llevados por el viento, Guerra de la Paz construye en las fotografías y la instalación un entramado simbólico difícil de obviar.
Las fotografías se convierten en el registro que ha realizado el dúo a partir de su acercamiento a estos paisajes. Son imágenes de pedazos de textiles, que cargan de manera individual la energía colectiva, ensartados en las púas de enormes cercas, en un espacio al aire libre del que pugnan por salir. Trozos de telas, transformados día a día por los elementos naturales. El agua, el sol, el viento, los reducen a trapos carentes de identidad. Decolorados y ajados, se asemejan a masas humanas movidas de manera circunstancial y aleatoria, siguiendo patrones que la sociedad impone a sus miembros.
Estos trozos de desechos, tomados como centro de reflexión, fotografiados y transportados en su esencia al espacio de la galería, se convierten en el testimonio de un proceso de desgaste social al que todos estamos sometidos.
Por su parte, la instalación consistía en un perímetro delimitado por una cerca de peerless coronada por alambre de púas, en cuyo interior había una acumulación de desechos textiles, un material que ha sido centro del trabajo de estos artistas en los últimos años.
La instalación, una acumulación de grandes proporciones, compuesta por textiles de diferentes texturas, tenía un “orden interno” reforzado por los colores usados. Los textiles, esta vez aprisionados en grandes bultos, se convierten en metáfora de problemas sociales que dejan de ser locales para universalizarse. Son, además, una “fotografía tridimensional” del estado de grandes grupos humanos que resultan oprimidos por los intereses de pequeñas minorías.
La pieza se convierte también en un recordatorio del carácter cíclico de la historia. Los artistas usan patrones de representación que aluden a momentos claves del devenir universal –como pueden ser los campos de concentración o los procesos de exterminio de nutridos grupos humanos– y los recontextualizan, haciéndolos parte de escenarios actuales. De ese modo, representan a las sociedades contemporáneas como masas amorfas, donde no se distinguen rostros únicos y donde no hay posibilidades de respiro.
Paralelamente, una profunda preocupación sobre la relación del hombre con su entorno sale a relucir en las piezas que componen la exposición. La influencia que el ser humano tiene en el medio ambiente, y como este último transforma sus acciones, es uno de los detonantes de toda la muestra. Los textiles, su interacción con el medio, la degradación a la que se ven sometidos con el paso del tiempo, convierten el paisaje en un inmenso abanico de formas y colores vibrantes. Estos mismos colores son cuidadosamente seleccionados y usados en una composición perfecta que imprime gran dramatismo a la pieza.
El uso de materiales textiles de desecho, o no tradicionales, ha sido una constante de Guerra de la Paz. En obras anteriores, a veces con un profundo sentido del humor, la tela se convertía en un vehículo de representación de escenas que remitían a la historia del arte universal, la revisión de escenarios de poder o la representación objetual de ideas de fino lirismo. Esta vez, los artistas se concentran en el objeto en sí mismo y construyen, a partir de él, un sistema de relaciones que llevan al espectador por diversos caminos interpretativos.
Con una consistente economía de recursos, los dos materiales esenciales para la construcción de estas piezas, la alambrada y el textil, se convierten en voceros y protagonistas. Voceros, porque a través de ellos se transmiten las ideas esenciales de los artistas al construir la obra. Protagonistas, porque con profundidad y delicadeza son el centro de toda la propuesta.
VALIA GARZÓN DÍAZ
