Exposición Individualmar 2012 - may 2012· Por Eva Grinstein

Gabriel Baggio

Fundación Federico Jorge Klemm

La trayectoria de Gabriel Baggio (Buenos Aires, 1974) es una de las joyas mejor guardadas de la escena artística argentina de la última década. Sus apariciones generalmente han sido, si no secretas, por lo menos esquivas a las grandes marquesinas. Es que todo su trabajo, resuelto tanto en acciones como en instalaciones escultóricas, elige deliberadamente las economías de lo pequeño, lo privado, lo doméstico, lo íntimo. No es casual que haya dedicado varias piezas a la cuestión de la transmisión amorosa de saberes de raíz artesanal, y tampoco es casual que no lo haya hecho mediante disquisiciones teóricas sino colocándose a sí mismo en el lugar del aprendiz. En Baggio, el concepto se encarna juguetonamente y frente a quienes deseen ser testigos: en sus obras lo verán recibiendo lecciones de cocina o de tejido en croché, socializando con el público de la performance esas instancias de ensayo y error que suelen ser privadas.

Para quienes ansiábamos ver varias de sus obras reunidas en un mismo lugar y potenciadas por un buen montaje que las hilvanara, la muestra inaugurada en la Fundación Klemm constituye un acontecimiento digno de festejo. Bajo el título Elogio de la profanación, Baggio despliega en un espacio generoso una serie de obras que retoman varios de sus intereses habituales, aquí más volcados a lo escultórico. El artista recupera oficios e imágenes antiguos, remarcando su predilección por las artes menores o decorativas. Así, convierte en acrílico sobre tela el floreado arabesco de una cortina gastada (Motivo para cortina, 2010), y en relieve de cerámica esmaltada el ornamento de una bandeja (Motivo para bandeja de té, 2011), o baña con lustre de oro un set de herramientas como las que usaba su abuelo en la década del treinta del siglo XX. Los abuelos –los propios y también los ajenos, reconocidos como sabios y maestros– son una gran fuente de inspiración para este artista decidido a ensalzar lo que se produce por fuera de la industria, aquello que circula más allá de los grandes mercados y cuyo valor es siempre sentimental.

Exposición Individual: Gabriel Baggio  — imagen 1
Gabriel Baggio. Injertos de aproximación lateral, 2011. Cerámica esmaltada. Edición: 3/5. 50 x 70 cm. (19 ½ x 27 ½ pulgadas).

También de sus abuelos, del criterio decorativo de esos inmigrantes italianos que fascinaban al niño Baggio cada vez que los visitaba, nacen algunas témperas que enfatizan la idea de profanación. Baggio copia en témpera y con sesgo pop –con el trazo ingenuo de un ejercicio escolar– las copias de maestros italianos que adornaban las paredes de la casa familiar. Adhiriendo a un ciclo de imitaciones tan viejo como el mundo, Baggio cita esa Tempestá de Giorgione que a su vez procuraba citar Tullio Dotto en su copia del original (La tempesta. Giorgione/Dotto/Baggio, 2011). El gesto resulta de urgente actualidad en un momento en que las autorías vuelven a atravesar una de sus crisis cíclicas, en esta oportunidad magnificada por la liberación de derechos de textos, imágenes e ideas que reclama buena parte de los usuarios de internet.

Pero sin dudas, una de las piezas más hermosas y contundentes de la exposición es Injertos de aproximación lateral (2011). Se trata de una cerámica esmaltada de 50 x 70 cm, en la que Baggio lleva al volumen una ilustración tomada de un libro de jardinería que solía mostrarle su abuelo. La pieza, didáctica como muchas de sus obras, presenta cuatro ramitas. Las dos primeras tienen breves tajos simétricos en la corteza. Las dos segundas están atadas, confiando en que la unión logre concretar el injerto entre ambas. Emanan de esta obra varias capas de sentido, acordes con su particular manera de entender el arte: hay un homenaje a lo aprendido de los mayores; hay una dulce metáfora sobre las posibilidades de crecimiento a partir de la comunión con el otro; y el esmaltado en oro convierte en valiosas unas humildes ramitas, disfrazando con un material consensuado por el capitalismo aquello que sólo tiene valor en los ámbitos personal y afectivo.

EVA GRINSTEIN

Gabriel Baggio, por Eva Grinstein | artnexus