En el sur de la ciudad de México, en el complejo cultural universitario, el MUAC lleva a cabo una reveladora exposición: Enrique Ježik obstruir, destruir, ocultar. Curada por Cuauhtémoc Medina, esta muestra hace un recorrido selectivo por los momentos más relevantes en la producción de este creador nacido en Córdoba, Argentina, en 1961 y avecindado en México desde 1990.
Al inicio del recorrido, y prácticamente frente a la entrada de la sala principal, nos recibe En defensa propia, de 1996, una inquietante vitrina repleta de huesos humanos que alude a los métodos empleados por los poderes dictatoriales para defender lo que a su juicio son los procesos civilizatorios. Es claro que después de que el público ha puesto su mirada sobre esta pieza, su ingreso a la sala no es ni gratuito ni ingenuo.
A partir de aquí nos sumergimos en una potentísima y ruda cauda expresiva cuya estética está marcada, en todo momento, por la de los sistemas de defensa, los videos publicados por la OTAN de bombardeos o aquellos tomados de la red en los que vemos las clásicas imágenes verdosas de la fotografía nocturna.

Sin caer en una narrativa obvia, Ježik presenta piezas que, aunque no han sido montadas cronológicamente, van dando cuenta de una de las trayectorias más intensas de su generación, toda vez que en su juventud aún en Argentina, presentaba trabajos que iban a contrapelo de las corrientes dominantes del arte de ese país.
Una mirada puntual sobre las técnicas de la guerra, las estrategias de defensa del poder desde el poder, las maneras expresivas de los objetos de exterminio y, en general, un lenguaje que pervierte desde su propia gramática aquello que pretende avalar son sólo algunas de las maneras en las que este autor hace una radiografía descarnada de ese mundo paralelo que, nos guste o no, rodea nuestros espacios y acota cada uno de nuestros movimientos.
Dos piezas referidas a Oaxaca quizá debieron presentarse en el montaje dentro de la misma área. Me refiero a Divide y vencerás y a Valla, ambas de 2007 y que tratan sobre los conflictos que se dieron en ese Estado durante 2006 (en la publicación se reproducen acertadamente una junto a la otra en páginas secuenciadas). Con íntima relación entre sí, al ser situadas en dos salas diferentes parecerían pertenecer a series de distintos años. Vale decir que aunque hubiera sido deseable verlas en el mismo espacio, la efectividad visual de ambas obras es tal que, aún distanciadas una de la otra, conservan su vigencia.
La primera, compuesta por 520 placas de acero en las que vemos grabado al aguafuerte el contorno de igual número de municipios que conforman esa entidad, refiere la absurda división política de Oaxaca y los enconados conflictos sociales que se derivan por esa razón. La segunda, Valla, es una monumental malla de acero de casi cinco metros de largo por casi cuatro de alto, en la que encontramos el mapa de Oaxaca, hecho esta vez en acero y adherido a uno de los objetos más representativos utilizados por la Policía para reprimir y contener manifestaciones sociales.
Enrique Ježik es también conocido por sus acciones con maquinaria pesada. Esgrima, de 2001, consistía en dos excavadoras con martillos hidráulicos que chocaban ruidosamente sus puntas en el interior del Ex Teresa. Como si fuese una batalla, cada una de las excavadoras intentaba golpear la punta de la contrincante, y a la vez evitar ser golpeada por ella. Al mismo tiempo, este choque de puntas de formas fálicas, y que suelen tener fuerza para perforar el asfalto, aludía igualmente a la brutalidad irracional masculina del exhibicionismo arrogante de los genitales.
Un año después de Esgrima, Ježik utiliza una maquinaria similar para su potente pieza S.O.S. Producida en Francia, consistía en perforar circularmente en el suelo, siguiendo las claves del auxilio internacional en código morse, una serie de marcas que, una vez que terminó la acción, permanecieron como clara delimitación de un territorio. Referendum, también de 2002, se llevó a cabo en Canadá, y consistía en dibujar sobre el muro, con un martillo para demoliciones, el mapa de ese país, al que retiró finalmente toda la parte correspondiente a la zona de Quebec.
Enrique Ježik: Obstruir, destruir, ocultar, está muy lejos de intentar estetizar la violencia. Más que eso, Ježik ha preferido poner sobre la mesa de discusión muchos de los temas que, o bien la van arropando, o simplemente son periféricos a ella. Su postura como hacedor de dibujos de objetos bélicos, recopilador de testimonios, creador de piezas que refieren a fronteras devastadas, o crítico puntual de regímenes totalitarios y sus mecanismos de legitimación, es completamente neutral, y deja con su obra un comentario crítico y vigoroso a las maneras contemporáneas de eliminar al enemigo.
SANTIAGO ESPINOSA DE LOS MONTEROS
