Exposición Individualmar 2012 - may 2012· Por Isaura Ruiz

Dr. Lakra

Museo de la Ciudad de México

Jerónimo López Ramírez, mejor conocido como Dr. Lakra –un seudónimo impuesto por sus amigos con una directa intención sarcástica– presenta una compilación de obra reciente a través de poco más de setenta piezas e intervenciones gráficas en muros; todas las obras son tan diversas como los distintos soportes que utiliza para ilustrar: papel, fotografías, impresiones clásicas, revistas, postales, pósteres de películas y objetos varios como tazas, vasos y muñecos de plástico.

Esta exposición ha recorrido otros importantes museos como El Amparo, en Puebla, y el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, además del Drawing Center, en Nueva York, donde el artista expuso por primera vez de manera individual en Estados Unidos, aunque su obra forma parte de las colecciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Su trabajo ha sido expuesto en numerosos museos y galerías de México y Europa, y en esta ocasión la muestra se conformó con base en trabajos recientes, aproximadamente de los últimos ocho años, y las obras pertenecen en su mayoría a colecciones privadas.

Exposición Individual: Dr. Lakra  — imagen 1
Dr. Lakra. Sin título (Toñito), 2010. Tinta sobre litografía vintage. 36 x 29.5 cm (14 x 11 ½ pulgadas). Foto: Michel Zabé y Omar Luis Olguin.

La exposición en el Museo de la Ciudad de México fue curada por Pedro Alonzo, curador del Institute of Contemporary Art de Boston, desde donde se organizó la muestra. Pedro Alonzo considera que gracias a las referencias populares de cuentos, cómics e ilustraciones, Dr. Lakra recrea obras sofisticadas que al mezclarlas con elementos antropológicos y referencias en la historia del arte generan una unión de lo cómico y lo macabro, en un intento de retar las costumbres y estructuras sociales tradicionales.

Los tatuajes conforman el eje de su obra, ya que él mismo los realiza desde los años noventa, y su obra se ha concentrado en hacer referencia al arte corporal de otras culturas como la chicana, la maorí, la tailandesa y la filipina. El artista se ha dedicado a viajar, ver de cerca y estudiar todas estas manifestaciones artísticas tribales e identitarias. Su habilidad para el dibujo es notoria, por lo que es un gran ilustrador en cualquier superficie.

Su iconografía es muy amplia, ya que utiliza serpientes, arañas, demonios y otros figuras relacionadas con lo oculto y siniestro, pero igualmente hace referencia a imágenes del Día de los Muertos y de otras tradiciones mexicanas, a la obra de Guadalupe Posada, pero a la vez se nutre de la simbología de las pandillas urbanas como los maras, de códigos carcelarios o cholos, así como de culturas prehispánicas y elementos místicos y religiosos, entre otros.

En su obra también están presentes la gráfica de culturas japonesas y orientales, así como una constante alusión a elementos del expresionismo alemán, del surrealismo o de la vanguardia dadaísta.

Estos elementos se superponen a fotografías vintage de pin ups, a portadas de revistas, anuncios, convirtiéndolos en escenas donde destaca una sexualidad instintiva, violenta y explícita, contrastando con la imagen inocente de otras décadas y generando una interesante contraposición de componentes que aluden a la cultura popular a través de una mirada al pasado de una manera profana y con una visión totalmente contemporánea y nada convencional.

Los pósteres, fotografías, revistas, libros viejos y objetos encontrados en bazares de antigüedades que Dr. Lakra recorre con frecuencia han sido resignificados al satirizar a los personajes que aparecen en ellos. Comenzó tatuando objetos como forma de decorarlos y marcarlos como propios; sin embargo, descubrió con ello la posibilidad de ampliar su plataforma de trabajo hacia los medios más variados.

Los protagonistas de sus obras pueden ser políticos, personajes históricos, ídolos del cine, modelos de los años cincuenta, luchadores; todos son transformados mediante el dibujo de la piel como gesto primitivo. Siempre subvirtiendo íconos con base en otros íconos, transforma el ideal de belleza o de virilidad con la intervención de presencias a veces grotescas, a veces fantasmales, lascivas siempre. Todas estas formas devienen en un amplio imaginario personal que se rebela contra las convenciones sociales del pudor y la moral.

A través de estos símbolos, de manera lúdica pero siempre provocativa, su obra deja al descubierto las bajas pasiones, los instintos carnales, violentos, fetichistas y retorcidos de la sociedad actual. El deseo, el vacío, la contradicción y el contraste entre elementos tan disímiles convergen en el abigarramiento confuso de su vasto universo creativo.

ISAURA RUIZ

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