La mirada de quien llega a la galería se sumerge en una pantalla que flota en el medio de una habitación en semipenumbra. La oscuridad predomina en la sala, sólo interrumpida por la luz del video doble faz y por cinco pequeñas veladoras sobre mínimos escritorios, distribuidos en un solo ángulo de la habitación. Cada uno de éstos alertan nuestra memoria acerca de aquellos pupitres monacales que las pinturas religiosas han presentado infinidad de veces en la historia del arte. Estos pupitres son alegorías del carril religioso que el artista utiliza en esta exposición. Sobre las superficies hay tres rompecabezas de madera con escenas relativas al tema y título de la exposición: Dios Pobre: los Modernos Sermones de Lamento Comunal. Carlos Motta es el autor de esta videoinstalación de dos canales, en la cual luz y sonido establecen el discurso primordial, mientras que fotografía y madera aportan elementos escenográficos, de acción e intención. La exposición es aparentemente simple, aunque es compleja en su estructura de pares y referentes histórico-sociales.

Carlos Motta (Bogotá, 1978) vive y trabaja en Nueva York. Es un artista multidisciplinario que busca establecer parámetros de rectificación histórica hacia las clases oprimidas de América Latina. La cinematografía, lo documental, la memoria histórica, la historia política, las asociaciones y la lectura a través de los tiempos conforman elementos básicos de su concepto narrativo. Esta videoinstalación fue comisionada y en parte producida por el Museo Serralves, en conmemoración de los cien años de la República Portuguesa. En ese país Carlos Motta concibió y concretó esta obra, filmando una serie de intervenciones performativas en iglesias católicas que se llevaron a cabo en algunas ciudades de Portugal. La resultante son seis videos organizados de a pares, como una correspondencia temática, o bien podría decirse, como desdobles geográficos de búsquedas de equidad social. Los videos se ubican en Europa y Latinoamérica. Un canal presenta a los padres1 en versiones editadas de las lecturas realizadas en Portugal. El otro canal es de los videos con las imágenes de escenas religiosas y sitios arqueológicos en América Latina. “Por ejemplo, si el padre está leyendo acerca de la opresión de los pueblos indígenas, las imágenes presentan las ruinas de Copán, y la manera cómo se han preservado los monumentos arqueológicos”. Si en cada par de videos la duración es exacta, y también la dimensión en que se proyectan, la diferencia se establece en el sonido: “[…] en la instalación, el sonido del video de los padres está amplificado y domina el espacio. Sólo un lado de la videoproyección tiene sonido. Esto pretende sugerir cómo el discurso religioso domina sobre cualquier otra manifestación…”2.
El concepto de video de dos canales contrapuestos atiende a varias lecturas simbólicas. El primer desmontaje se refiere a ambos continentes, el Viejo y el Nuevo; inmediatamente deviene la correlación de catequización forzada versus respeto, y el correlato de aquellos teólogos no arrogantes sino que entienden la pobreza de mucha de la gente a la que prestan servicio social. Como una catarata se desgranan las palabras de los discursos provenientes de la Teología de la Liberación, por la cual varios sacerdotes demostraron simpatía. Este movimiento, surgido en los setenta, se refiere fundamentalmente, pero no de manera exclusiva, a América Latina.
Ha sido y es tanta la necesidad de establecer justicia que hasta ha habido casos en que algunos sacerdotes llegaron a buscarla por medio de la lucha armada. Es sobre este preciso aspecto –los elementos para la lucha– que se han hecho los rompecabezas –realizados por Melinda Shebell– a mano y en madera. Además, en las otras facetas del trabajo Motta da crédito a los colaboradores técnicos.
Los sacerdotes leen en lengua portuguesa los sermones politicoteológicos. Las voces son fuertes, el ritmo es litúrgico, no de arenga política. Se percibe la monotonía habitual en la verbalización eclesiástica, que en este caso simboliza un fino y triste lamento: la repetición de las injusticias en América Latina. Siendo la pantalla de dos caras, en el lado no visible desde la entrada, las escenas casi estáticas de sermones de reflexión y motivación se intercalan con los seis videos que dan hacia la puerta de la galería; en ellos hay diversidad de imágenes y textos. Una vez más, Carlos Motta alcanza a revivir con nuevo enfoque la preocupación social del artista visual; establece un barroco multimediático y también usa los formatos rompecabezas y laberinto para señalar e inducir a recomponer aspectos dispersos de la historia; asimismo, desestatiza la atención que el espectador debe dar a los videos, al presentarlos con un recurso que moviliza el sentido auditivo y el cuerpo del veedor.
NOTAS
1. El padre Almiro Mendes lee los escritos del Liberacionista Gustavo Gutiérrez (1971) (19 de enero de 2011, parroquia de Ramalde, Porto). El padre Antonio Bacelar lee los escritos de Óscar Romero (1977-80) (15 de enero de 2011, iglesia de San António das Antas, Porto). El padre João Lucas lee el texto del padre António Vieira (1653-57) (27 de noviembre de 2010, monasterio de Singeverga, en Roriz-Santo Tirso). El padre José Martins Júnior lee el Misionario de la Palabra, del padre António Vieira (2 de noviembre de 2010, jardines del Museo Serralves, Porto). El padre Manuel Correia Fernandes lee a fray Bartolomé de las Casas, protector de los Indios (9 de enero de 2011, jardines del Museo Serralves, Porto). El padre José Alberto de Oliveira lee a Leonardo Boff (5 de diciembre de 2010, capilla del Sagrado Corazón, Porto).
2. Las citas provienen de un diálogo electrónico con el autor, sostenido a raíz de la exposición.
GRACIELA KARTOFEL
