Viento sur sopla en Curitiba

Adonis Flores. La ronda, 2011. Performance.

Colectivadic 2011 - feb 2012· Por María Amelia Bulhões

Viento sur sopla en Curitiba

¿Para qué sirven las bienales? ¿Cuáles son el valor y el papel de esta institución que se remonta a 1895, cuando fue creada en Venecia, con el modelo de representación por países seguido por mucho tiempo?

Las bienales proliferaron enormemente a partir de la segunda mitad del siglo XX; actualmente existen más de 100, dispersas por el mundo, en todos los continentes. Son megaexposiciones transnacionales de arte contemporáneo, que estimulan el nomadismo de artistas y curadores, y constituyen una modalidad de inserción de las artes visuales en el proceso de “espectacularización” de la cultura, típico de la globalización capitalista. Discusiones aparte, estas muestras son importantes en países periféricos para atraer nuevos públicos, y también una oportunidad para que los interesados en el área mantengan contacto con una producción actualizada y diversificada. En Brasil se encuentran activas tres importantes bienales de artes visuales: en São Paulo (1951), en Porto Alegre (1997) y en Curitiba (1999).

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George Osodi. Oro de Ghana - El dinero, 2009. 150 fotos y video. Cortesía: Z Photographic Ltd., Reino Unido.

La sexta edición de Viento Sur – Bienal de Curitiba se inauguró el 17 de septiembre y debe permanecer hasta el 20 de noviembre. Con una amplia lista de patrocinadores –apoyos empresariales e institucionales–, evidencia un esfuerzo conjunto para llevar a cabo este proyecto, con un presupuesto que, según informaron, resultó exiguo frente al costo, generalmente alto, de este tipo de eventos. Llama la atención la calidad homogénea de los trabajos presentados (lo que no es común en estas grandes muestras), muy bien distribuidos en bellas edificaciones históricas, con una museografía discreta y precisa.

La curaduría general fue compartida por Ticio Escobar y Adolf Hug, siendo cocuradores Adriana Almada y Paz Guevara. El título de la muestra, Más allá de la crisis, alude, según los textos de los curadores, a un momento crucial que incita a la creatividad y abre un espacio crítico. Es interesante observar que, en tiempos de las bienales globalizadas, la temática presentada en Curitiba se aproxima a aquella, enfocada por el título, ¿Usted cree en la realidad?, de la Bienal de Taipei, en 2004. El arte, en estos dos casos, lanza su mirada hacia “lo que está más allá del último límite: lo extra artístico, el mundo de afuera, la historia que acontece, la cultura ajena”1. Esta propuesta, que desafía a artistas y curadores a analizar asuntos antropológicos, económicos, políticos y sociales, también puede ser un estímulo para la reflexión del público visitante. Como afirma Ticio Escobar, “El arte consiste, justamente, en uno de los principales dispositivos con los que cuenta la cultura contemporánea para poner en discusión sus propios enunciados, renovar sus valores y sus propios códigos e impedir que se adormile la percepción colectiva en torno de un concepto fijo de lo social”2.

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Jacqueline Lacasa. La uruguaya, 2011. Instalación con seis fotografías de 147 x 100 cm. (57 4/5 x 39 1/3 pulgadas).

La muestra, que cuenta con la participación de 70 artistas de 36 países, está dispersa en la ciudad en 22 espacios, siendo el principal de ellos el magnífico Museo Oscar Niemeyer (MON), donde se realizó la ceremonia de apertura. Un grupo importante de obras se encuentra en el MON, en donde predominan la fotografía, los videos y algunas instalaciones. Llama la atención que, usando nuevas tecnologías (fotos y videos digitales), algunos artistas realicen prácticas documentales, con acercamientos realistas a problemáticas y temáticas de varias regiones del mundo actual. Tales, por ejemplo, los videos de Ali Kazma sobre las actividades de las acerías; los de Darren Almond sobre las minas de azufre en Indonesia, o también el trabajo de George Osodi sobre la extracción de oro en Ghana. El espectador oscila entre la belleza de las imágenes y la dureza de los temas abordados.

Durante la inauguración tuvo lugar una inquietante performance del cubano Adonis Flores –Ronda–, en la que él, con ropa militar de camuflaje, con botas en forma de patas en las manos, andaba en cuatro patas imitando un animal feroz. El artista, cuya temática es la guerra y la vida en el Ejército, participa también con fotos en las que se ven calaveras como objetos de adorno. Bellas y duras son, igualmente, las fotos de Camilo Restrepo, con sus imágenes enormes y extremadamente realistas de las pipas usadas en los barrios marginales para el consumo de drogas duras, tipo crack. El artista las recolecta y las fotografía sobre fondo negro, dándoles estatuto de obras de arte. También hace un comentario irónico y ácido sobre las discusiones respecto a la representación en el campo de la teoría del arte, al retomar a Magritte, escribiendo en letra cursiva sobre el fondo negro de sus fotos: “Esto es una pipa”.

La investigación de Joanna Rajkowska sobre la inmigración polonesa a Curitiba se expresa en una propuesta interesante. Antiguas fotografías que documentan el pasaje del Zeppelin sobre la ciudad acompañan los grandes paneles fotográficos que la artista realiza en los mismos lugares, hoy. En estos lugares actuales la artista introduce la imagen imaginaria del Zeppelin volando en el cielo. Neville d'Almeida, en sus Kayapoemas, realiza, igualmente, intervenciones con trazos rojos intensos sobre fotos tomadas en la tribu indígena de los Kaiapos. Ambos trabajos generan una fricción entre espacios culturales diferenciados, creando choques entre los sistemas de significado.

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Livia Piantavini. Lectura sin datos, 2011. Óleo sobre papel.

En la casa Andrade Muricy, la presencia preponderante de la pintura deja entrever la intención de cuestionar los cánones hegemónicos de esa modalidad artística. Felipe Scandelari y Livia Piantavani, con trabajos sutiles y delicados, indagan sobre los medios y procedimientos de su hacer plástico, interrogándose sobre la validez de la persistencia artesanal en un mundo tecnológico. Un video de Christian Jankowski también hace parte del conjunto de obras presentadas allí: algunos músicos actúan como pintores, bailando y tocando mientras dibujan y lanzan colores sobre los lienzos. En ese proceso alegórico, quedan pendientes preguntas y cuestionamientos.

La crisis es presencia silenciosa, vacua amenaza de un acontecimiento próximo, en los trabajos de Duncan Wyllie, Eduardo Berliner y Farah Atassi. Ellos abandonan las pretensiones de belleza, haciendo de las ruinas y los destrozos el tema ideal para cuestionar un mundo que se desbarata. Christian Bendayán también objeta los cánones tradicionales de la belleza, realizando una obra que señala contradicciones, con colores y temáticas que rozan lo popular y las ambigüedades del mundo de los travestis. El conjunto de los trabajos presentados en este espacio ofrece una amplia perspectiva para las reflexiones sobre la práctica artística de la pintura, y constituye un material muy rico para estudios y análisis.

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Liliana Porter. Matiné, 2009. Video digital. 20´45". Cortesía de la artista y Galería Ruth Benzacar.

En el Museo de Fotografía de Curitiba se encuentra una muestra de Auguste François, diplomático francés y fotógrafo aficionado que en el siglo XIX realizó una práctica documental de carácter etnográfico sobre Paraguay. En el mismo conjunto arquitectónico, en el Museo del Grabado, puede verse una importante muestra de trabajos con diversas técnicas. Liliana Porter y Jaqueline Lacasa utilizan la fotografía para realizar aproximaciones irónicas y críticas sobre la cultura occidental. La primera dirige su mirada hacia la cultura de masas y sus símbolos, tratando con suspicacia objetos insignificantes de lo cotidiano. Torciendo los signos, la artista extrae de ellos significados alterados y pone en evidencia que lo siniestro se encuentra muy próximo. La segunda procura los íconos artísticos eruditos, para el caso, el pintor uruguayo Juan Manuel Blanes y su obra La Paraguaya. Llamándola La Uruguaya, ella monta fotos que retoman elementos visuales de la obra del pintor. Igualmente irónicos son los videos de Alejandro Paz y Javier López-Erika Meza, que ponen en conflicto signos de las culturas indígenas y occidental. Paz presenta una indígena guatemalteca corriendo en una estera, y López-Meza sitúan a un indio Toba haciendo un discurso en lengua guaraní, según las normas de la retórica del marketing. Esos “montajes” aluden a las tensiones presentes en la ambigua y conflictiva convivencia con el “otro”, en el mundo globalizado.

En el Museo Alfredo Andersen están expuestas obras del propio Andersen, que vivió hasta su muerte en Curitiba, y una instalación del artista chino Zang Enli, quien recrea sombras de su propio taller con colores muy diluidos, en las paredes del museo. Dos tiempos, dos pintores, dos ateliers, dialogan en esta propuesta. La articulación de la bienal con el medio local puede ser observada igualmente en la participación de los curadores invitados: Artur Freitas, Eliane Prolik y Simone Landal. En el Catálogo general, ellos destacan la presencia de diez artistas residentes en Paraná que participan en la muestra oficial. La integración de artistas y curadores locales en el conjunto de la muestra, además de dar visibilidad a la producción del estado, favorece la recepción de la bienal en el medio del arte regional.

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Christian Bendayán. A partir de Pantaleón y las visitadoras, 2010. Óleo sobre lona. 170 x 220 cm. (70 x 86 3/5 pulgadas).

Dos propuestas originales relacionadas con los medios de difusión están vinculadas con el videoarte. Una de ellas es la presentación del trabajo de Fabio Noronha en una sala de cine, en el Cineplex Batel, localizado en un shopping de la ciudad. La otra es la exhibición de una selección de videoarte argentino en vehículos colectivos que prestan servicio entre Porto Alegre y Curitiba. El proyecto de Cristian Segura se llama Entre bienales, alusión a las dos ciudades sedes de las bienales, interconectadas por los buses de línea.

La dispersión y la articulación entre diferentes espacios públicos y privados, institucionales o no, pueden considerarse como marca distintiva de la Bienal de Curitiba desde sus primeras ediciones3. Encontrándose ya en la sexta edición, la Bienal de Viento Sur ha llevado, en su nombre, una propuesta de dispersión espacial y conceptual, promoviendo interconexiones en donde sopla. Con la actual propuesta –Más allá de la crisis–, cuestiona límites, zigzagueando sobre las fronteras de países, culturas, espacios expositivos y planteamientos artísticos. Buenos vientos la llevan.

NOTAS

1. Ticio Escobar, El arte fuera de sí, Asunción, Museo del Barro/ FONDEC, 2004.

2. El texto de Ticio Escobar, en Catálogo general, ofrece una importante contribución para reflexionar sobre el tema en el área de las artes visuales.

3. Están previstas intervenciones en espacios públicos, pero aún no estaban abiertas al público cuando visité la exposición.

MARÍA AMALIA BULHÕES

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