Exposición Individualdic 2011 - feb 2012· Por Víctor Guédez

Víctor Hugo Irazábal

Parénthesis Arte Contemporáneo

La primera pauta para abordar las recientes realizaciones de Víctor Hugo Irazábal procede directamente del título con el cual se identifica su última exposición: Abrasiones. Este vocablo remite a la acción de desgastar a partir del roce. Es una especie de erosión producida por la fricción. También se asocia con la reiterada frotación que incentiva apariciones y desapariciones, más que desintegraciones. Y esta pista que ofrece el artista no sólo se inscribe en la utilización de dicha técnica sino que alude expresamente a la manera originaria de registrar, por parte de nuestros ancestros precolombinos, sus testimonios sobre las piedras. En Irazábal se anidan, al mismo tiempo, ambas motivaciones: las abrasiones como técnica que se origina en los petroglifos y la evocación de la presencia misma de un espíritu prístino que se enraíza para evidenciar un apego a la Amazonía y un reconocimiento de la ascendencia antropológica. Amparado en estos alcances, el artista congrega tres líneas de indagación, como son las realizaciones de piezas pictóricas que empalman signos y atmósferas, una instalación que se apodera y reactiva la superficie de una pared y, finalmente, la presentación de un video que recoge el proceso y los efectos asociados con una intervención sobre el río Orinoco, a partir de 80 metros de una tela pintada.

Los cuadros de esta muestra remiten a pictogramas de evocación precolombina y de actualidad amazónica, porque evocan las rúbricas sobre las piedras pero también los ornamentos colocados sobre la piel de los actuales habitantes de nuestras selvas. Pero estos datos visuales ahora adquieren fuerzas revitalizadas. Por eso, ya no aluden expresamente ni describen formalmente, sino que cristalizan también la impronta intuitiva y la carga instintiva de signos subjetivados y atemporales. Más allá de la nostalgia asociada a indicios atávicos, se evidencia el rescate de gestos interiorizados que reflotan para actualizarse en nuevas repercusiones visuales.

Exposición Individual: Víctor Hugo Irazábal  — imagen 1
Víctor Hugo Irazábal. Pokomi, 2011. Técnica mixta sobre MDF. 100 x 200 cm. (39 x 78 ¾ pulgadas).

A los aludidos cuadros se agrega un mural frontal que resemantiza la problemática de lo antagónico y de lo antitético en una expansiva resonancia de núcleos que afloran como parte de una extendida y extraña red. Aquí, la idea del punto se afirma como código plástico sustantivo y como recurso simbólico hegemónico. Él aflora para perfilar nodos que se vinculan a partir del chiquichique, que es una fibra de particular apariencia y de caprichosa presencia expansiva. Es dúctil y al tiempo rígida, razón por la cual asume la desafiante condición de un alambre vegetal que estimula abiertas sugerencias a la imaginación. La idea del proceso predomina también aquí como recurso orientador, ya que las posibilidades de los efectos ambientales ofrecen las pistas para la resolución definitoria de la obra. El resultado que deviene se inscribe en una lírica abstracción de mágicas y sutiles sugerencias. Debe destacarse, igualmente, la sensación de plenitud que emana de la frontalidad de un espacio que está cargado de energías primordiales. Igualmente, se sugiere el devenir de profundidades, en donde lo pretérito y lo actual atienden a un mismo plano de sustanciación. De nuevo, aquí, Víctor Hugo Irazábal alude a los signos arraigados en la ancestralidad de nuestra historia y a la subjetividad de un espíritu profundo.

Es importante destacar la utilización del punto en sus realizaciones. Realmente, en su obra el punto no sólo se inscribe en el simple dato de una gramática plástica. Es también remembranza y retroproyección de su presencia en los petroglifos más significativos del Amazonas. Cabalgando sobre la plasticidad y el simbolismo del punto, aflora la intervención que el artista hace del paisaje amazónico y, más específicamente, sobre las aguas del río Orinoco. Irazábal entrega 80 metros de una tela de puntos a una lavadora del lugar, y luego deja discurrir el proceso generado por aquella acción. Aquí, las azarosas formas, los abombamientos, los hundimientos, las secuencias discontinuas y los efectos transparentados promueven senderos plásticos de plurales resonancias. Se promueven imágenes de imágenes y recorridos sugeridos por las líneas de menor resistencia que ofrecen las corrientes del agua. Los efectos incentivados, además de significarse a sí mismos, remiten a ficciones de sorpresivos lirismos y de resonantes musicalidades. Incluso, la tela llega a adquirir connotaciones orgánicas de fuerte vitalidad y de desafiantes percepciones. La idea de atender los designios del proceso también se apodera aquí de la voluntad del artista para convertir cada encuentro en la pauta de nuevas curiosidades. Precisamente, esta sumisa entrega al libre desenvolvimiento es lo que promueve, luego, destinos diversos a la tela: ella se convierte, por iniciativa y sugerencia de los vecinos del lugar, en manteles y sábanas, en pantalones y faldas, en cortinas y coladores de café que se incorporan a las casas de la comunidad. Así, el soporte de la obra se transfigura para prolongar su presencia y se reorienta para legitimar la humana connotación de un designio utilitario. Sin duda, el artista hace que su obra descubra el límite de sus posibilidades, para acariciar lo ilimitado de sus proyecciones. Quizá, su inspiración más profunda obedezca a las dimensiones de la reflexión heideggeriana: “Un límite no es donde algo se detiene… sino aquello a partir de lo cual algo inicia su presencia”.

VÍCTOR GUÉDEZ

Víctor Hugo Irazábal, por Víctor Guédez | artnexus