Exposición Individualdic 2011 - feb 2012· Por Ricardo Pohlenz

Ricardo Rendón

Central Art Projects

El artista mexicano Ricardo Rendón ha dedicado gran parte de sus esfuerzos como artista a una conjura en contra de la utilidad práctica de lo objetual. Se han destacado sus patrones y vaciamientos en diversos materiales, realizados con intenciones que van de lo meramente formal a lo conceptual. Las perforaciones hechas sobre un trozo extenso de fieltro tendido sobre el piso se leen de manera distinta a los círculos que recorta sobre una colección de primeras planas de La Jornada; la ausencia que efectúa sobre sus materiales destaca en su evidencia al material mismo: su vaciedad se cierra al contexto del cual ha sido desposeído. El uso de las primeras planas del periódico mexicano no tiene una intención política (aunque pueda deducirse eso en primera instancia); se trata de una utilidad abolida, sugerida, pospuesta; dicha en la presencia del papel impreso, pero negada en la imposibilidad de su uso. Esto mismo puede apreciarse en su representación de diversas herramientas de trabajo o en el uso de tornillos para dibujar patrones y circunferencias sobre diversas superficies; se hacen inútiles más allá de su forma e intención. Las herramientas son reducidas a su sentido esencial y a su espacio ocupado al ser dispuestas en diversos juegos compositivos: lo mismo cabe pensar que son una proyección tridimensional de sus dibujos o que sus dibujos surgen del trabajo de composición que ha hecho de estos remedos literales de las herramientas; probabilidad factual de moldes que, en su espacio por ocupar, contiene una de sus obsesiones primordiales: la inutilidad última de toda obra o acción.

Exposición Individual: Ricardo Rendón  — imagen 1
Ricardo Rendón. Hacia una arquitectura posible. Instalación de concreto, tubería de cobre e instalación eléctrica. 9 x 8 x 5 m. (354 ¾ x 315 x 195 ¾ pulgadas). 7 módulos.

Su trabajo más reciente (que es exhibido junto con la instalación monumental realizada in situ para su exposición en Central Art Projects) se pregunta en términos emocionales (en cuanto a la proyección misma que pueden tener sus líneas y superficies para el imaginario del espectador) sobre la abolición de lo funcional desde de su celebración. A partir de materiales entre los que se cuentan el cobre, el fieltro industrial, el concreto, las lámparas de halógeno y las instalaciones eléctricas, desdobla y articula composiciones formales que remedan el vestigio formal de una obra negra conjurada en su inutilidad estética. En cada uno de sus llamados "Circuitos de iluminación" (dado que –gracias a la tubería de cobre, el cableado– las instalaciones eléctricas y las lámparas son literalmente eso) apela desde sus títulos a figuras emblemáticas del Siglo de las Luces, en un homenaje que se rinde en su tautología semántica. Luces físicas y filosóficas, reales e inmanentes, reflejo y paradoja de un lugar común que se sostiene –otra vez, literalmente– en el esqueleto que determina un edificio que se deslinda de sí mismo, para asumirse una retórica de los materiales de construcción.

Así, Leibniz es representado con un tubo de cobre doblado en media T que sirve de base a tres lámparas de halógeno; Pascal es una hélice de tres tubos doblados (rematados igualmente con halógeno); Newton es un trenzado de fieltro industrial sostenido por una estructura rectangular de tubo en forma de S. Ricardo Rendón dobla el tubo de cobre para aludir a cuerpos geométricos llenos de tensiones formales y simetrías desbordadas. Su acercamiento a lo funcional, en cuanto a materiales y uso, coquetea por momentos con lo que podría llamarse un extremo descarnado de una lámpara de diseñador. Se trata del fleco que permanece entre uso ornamental y meditación espacial, una provocación desde el borde mismo de lo que determina una voluntad escultórica que abarca el espacio al decirlo.

Basándose en estos términos fue que desarrolló la instalación (in situ) Hacia una arquitectura posible, hecha ex profeso para esta muestra. A partir del espacio, dispuso en la galería una serie de bloques de concreto que aluden, comenzando con una desproporción ornamental, a sus usos en la construcción. Una columna, un cuerpo rectangular con base en uno de sus lados cortos, un cuerpo rectangular con base en uno de sus lados largos, un cuerpo rectangular doblado en uno de sus extremos para formar una esquina, un arco rectangular, un plano inclinado y una escalera son los puntos de partida para un juego modular de extensiones que transforma y determina el espacio que ocupa (claro que, para eso, dado el peso real del concreto utilizado, requiere del uso de una grúa para moverlo y replantearlo). Ricardo Rendón consigue un dinamismo espacial de cuerpos y líneas que exige al espectador que haga Gestalt en su paseo a través de la pieza, para concluir los muros intangibles que se proyectan sobrepuestos, en la necesidad que lleva la propia experiencia de llenar el espacio desde el sentido predeterminado de líneas que se niegan, en su evidencia material, a ser un mero dibujo tridimensional.

Se trata, a fin de cuentas, de un campo de juegos, como los que se arman en un parque, pero dispuesto para la mente, siempre lista para unir puntos y tender superficies.

RICARDO POHLENZ

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