“La artista exhibe su trabajo entre el encanto y el espanto”. Hélcio Magalhães
La Galería Thomas Cohn mostró en São Paulo durante el mes de septiembre una importante retrospectiva del poderoso trabajo de la artista Lia Menna Barreto, con obras de los diez últimos años.
Lia Menna Barreto tiene un fuerte vínculo con la galería, desde 1990, cuando Thomas Cohn lanzó su nombre con la exposición Peludos; en ese entonces la galería estaba en Río de Janeiro. Hasta entonces, Menna Barreto había mostrado su arte en Río Grande do Sul y en algunas presentaciones aisladas, cuando estudió en San Francisco, en Estados Unidos. Thomas Cohn explica que ya en 1990 identificó a la artista como una de las más innovadoras, más arriesgadas, más radicales y menos comprometidas con la influencia de las “recetas de arte contemporáneo”. Así, en los años noventa, la artista realizó otras exposiciones en la Thomas Cohn: Caballos, en 1992; Orden Nocturno, en 1995.
Con esas exposiciones la carrera de la artista despegó en los escenarios nacional e internacional. De Porto Alegre, los trabajos de Lia Menna Barreto pasaron a resonar en Río de Janeiro, São Paulo, Belo Horizonte, Brasilia, Salvador, Puerto Rico, Lisboa, La Habana, Los Ángeles, Wichita, San Diego (California), Ciudad de México, Belín, Graz (Austria) y Friburgo (Suiza). Y entre tantas andanzas, el nombre de Lia Menna Barreto ha sido bastante aplaudido en las bienales del Mercosur.

El marchand no esconde su alegría de traer nuevamente –ahora a la dirección paulista– a Lia Menna Barreto, 16 años después de su descubrimiento, con una retrospectiva que delinea la madurez de la artista. Con el mismo entusiasmo, Lia Menna Barreto enfatiza la emoción de este nuevo encuentro con el galerista: “en 1990, el me introdujo en Río de Janeiro, y mi trabajo se hizo visible por primera vez”.
Lo más importante de la actual exposición está en el concepto orgánico con el que Lia Menna Barreto recodifica simbólicamente los personajes de su narrativa escultórica, trabajando con la libertad de inventar fábulas. Ella construye instalaciones partir de muñecas, o animalitos de plásticos, sacándolos de su materialidad original hacia la órbita artística. Menna Barreto afirma: “La idea es trabajar con simulacros y desestructurar su significado con acciones formales, descontextualizándolos, manipulando, reorganizando, esculpiendo y agrupando”.
Con esta operación la artista provoca, simultáneamente, el encanto y el espanto, utilizando una delicadeza constructiva de gran agudeza estética, lo que produce, en la primera impresión, una dimensión lúdica. Tal efecto encuentra una oposición, y hasta una sorpresa causada por las deformaciones, transfiguraciones, perforaciones, cortes, costuras, las vueltas por el revés, inéditas junturas y permutaciones en las nuevas composiciones. Y, con estos gestos, Lia Menna Barreto rehace una arquitectura orgánica trayendo a cuento los sentidos, las sensaciones, las emociones de las diacronías humanas, de las rupturas, de los regímenes nocturnos, de lo invisible.
Conocí el trabajo de Lia Menna Barreto en 2008 en la exposición Mano Doble, en el SESC Pinheiros de São Paulo, y quedé fascinado. En esa ocasión, la obra Flores de ratón, creada a partir de centenas de ratoncitos blancos de plástico, traía de inmediato la tensión entre lo real y el simulacro. También allí la artista se esforzaba con una reflexión profunda en búsqueda de armonizar las diacronías con una estética cuidadosa.
La composición léxica de su obra está marcada por una trama simbólica permeada por efectos de mandalas, flores, mariposas, juguetes. Hasta elementos abyectos como ratones, lagartijas, sapos, cabezas cortadas de muñecas, domesticados por las manos de la artista, están dotados de una poética encantadora.
La exposición de la Galería Thomas Cohn muestra un amplio espectro del hacer creativo de Lia Menna Barreto. La galería fue ocupada interna y externamente por la plástica de Menna Barreto, en la búsqueda de un diálogo amplio entre las obras producidas en diferentes períodos.
Junto al ingreso, puede admirarse la textura creada sobre seda. Flores, muñecas y mariposas fueron fundidas en el tejido por medio de calor. La transparencia gana delicadeza por la luz y crea una atmósfera mágica, lúdica, leve, propia del mundo infantil. Se presentaron cuatro sedas, en una especie de bordado fake, compuestas sobre seda pura con los animalejos de plástico agregados en proceso de fusión.
La obra titulada Chatas (Aburridas) presenta varias muñecas iguales aplastadas por calor y unidas con una cinta. En la instalación Wá Wá, Lia Menna Barreto utiliza el nombre de muñeco en mandarín para presentar una colección de muñequitos, todos aplanados por calor a presión, dispuestos en una vitrina horizontal cerrada con vidrio.
Al fondo de la galería se instaló el trabajo Piel de muñeca, construido con hilos recortados de cabezas de muñecas, como cáscaras de naranja, organizados como una cortina, y también integran esta instalación el revés de las cabezas, que ocuparon el piso y las paredes del espacio expositivo.
Lia Menna Barreto nació en Río de Janeiro, pero adoptó a Río Grande do Sul como lugar de su producción, cuando ingresó al Taller Libre de Porto Alegre, en los años 1970. Se graduó en la Universidad Federal de Río Grande do Sul en 1985. En los años noventa estudió en Estados Unidos, en la Universidad de Stanford, en San Francisco; participó en la VI Bienal de La Habana y en las I y IV bienales del Mercosur. De Porto Alegre se mudó a vivir en Eldorado do Sul, en donde tiene su residencia y taller. Actualmente la artista se dedica a una revisión de su trayectoria e investigaciones, iniciadas en 1978, reinvirtiendo en la experiencia acumulada con las investigaciones, creativa y al mando de la exposición de sus trabajos, buscando siempre nuevos diálogos.
HÉLCIO MAGALHÃES
