Exposición Individualdic 2011 - feb 2012· Por Marcela Quiroz Luna

Ignacio Uriarte

Casa del Lago

Para escribir intento escoger días de cuerpo ligero y ánimo dispuesto; sin embargo, hoy “preferiría no hacerlo”. Parece más pertinente, incluso necesario, estar corporalmente cansado y emocionalmente renuente para hablar de esta exposición; sin duda, la propuesta expositiva más interesante en la ciudad de México este verano. Preferiría no hacerlo, del artista germano-español Ignacio Uriarte, se exhibe desde el mes de julio en la Casa del Lago pespunteada por la elocuente curaduría de Materia de Dibujo/Drawing Issues, a cargo de Caroline Montenat.

La muestra se organiza en tres salas y un pequeño vestíbulo; en la cédula introductoria se nos explica que el artista de turno viene del mundo oficinista, y que se formó como administrador de empresas. También se tienden atinadamente sus relaciones con la lapidaria frase del personaje, también oficinista, de Melville que titula la muestra.

Exposición Individual: Ignacio Uriarte — imagen 1
Ignacio Uriarte. El ciclo A-4, 2004. Hojas A4 enrolladas. Dimensiones variables.

Conviene empezar el recorrido por la sala más pequeña, donde se ordenan sobre un muro tres proyectores con animaciones. Una de ellas –cuyo audio invade tenuemente la sala entre tecleos de lo que parece una vieja máquina de escribir– resulta especialmente atinada para ajustar el tono de la muestra. La obra vorwärts rückwärts (2005) juega con letras que avanzan de izquierda a derecha a izquierda sobre un renglón invisible (de)formando una y dos palabras que pudieran ser todas, infinitas, y a la vez ninguna, si se quedara estática la composición. Resulta casi “visible” el acontecimiento derridiano de la diferancia (différance), en el diferir se inscribe la diferencia. Todo.

Nada. En medio resta el gesto queriendo restar el tiempo.

En la siguiente sala sobresale el optimismo confinado de un horizonte azul-casi-Klein que semeja una alborada entre hojas de papel bond a muro jugando con los límites de su geometría, para distender las posibilidades de su encierro (Rotación 1, 2011). Primer atisbo del tenor que tímidamente parece germinar en la obra de Uriarte, una suerte de poesía mínima, esencial, urgida desde el estar vencido.

A un lado, tres Bic Monochromes (2005), junto a los que unos audífonos prometen “‘completar’” la experiencia. De ellos emana el trazo continuado de una pluma que va y viene, animada por un instinto que poco y nada tiene que ver con la vista final. Escuchándolo, deviene casi innecesario seguir viendo las obras y se cimbra una ranura por la que el cuerpo logra fugarse. Sucede entre la imagen y el audio lo que Husserl distanciara entre la palabra escrita y la voz enunciada. Cuando se escucha la pieza dibujada de Uriarte, el trazo pierde importancia como materialidad, para convertirse en gestualidad pura condensándonos con ella en lo que el teórico llamó un estado de “autoafección pura”, en el enunciar de la voz al cuerpo. Habría que repensarse si estas piezas debieran mantenerse juntas cuando son expuestas, o si es que la contigüidad entre ellas anula su potencia a distancia.

En la sala de mayores dimensiones se agrupa una inteligente selección de las obras de Uriarte realizadas entre 2004-2011. Sobre uno de los muros se distiende otra clase de horizonte: de nuevo en una secuencia de hojas bond, dos dobleces sugieren el pliegue de un estar duplicado (Two Folds, 2008). Cruzados por el centro de la hoja que como piedra clave conduce y contiene la carga de fuerzas hacia sus lados, los dobleces se intersecan y fugan hacia sus extremos sobre la diagonal opuesta. Este gesto casi intrascendente que deja sobre el papel su marca asimila con especial elocuencia los gestos conceptuales en rastro corporal de los años 1960-1970. Denotando una corporeidad constreñida entre los gestos codificados del entorno administrado, pero que aún alberga la capacidad de imaginar otro destino.

Este mismo impulso es el que explora la pieza central de la muestra. Sobre un tablón de madera como mesa improvisada se distiende un pequeño mar de oquedades de papel (The A-4 Cycle, 2009). Enrolladas sobre sus cantos, un contenido universo de hojas bond membretadas provenientes de distintas firmas presentan un acomodo sutilmente voluptuoso que sigue las variaciones del blanco del papel “blanco”; a veces más azulado, otras amarilleando, los recorridos que cenitalmente se adivinan entre los rollos de papel ofrecen un inesperado encuentro poético que anima la generalidad desde el rasgo más común de sus elementos.

Anticipando este paisaje horizontal que parece esperarnos como recompensa al fondo de la sala, otras piezas retienen el tiempo que acumulan; exploraciones perspicaces sobre las posibilidades de hacer dibujo y escultura con elementos mínimos. Hay que terminar (y empezar de nuevo) el recorrido con All my days (2004). Hoja doble carta impresa en computadora con un listado de fechas en tipografía mínima, que contiene todos los días en vida del autor desde su nacimiento, 13-JUL-73. El espaciamiento entre fechas es igualmente mínimo, aunque equivalente, y, sin embargo, entre ellas, por columnas y renglones, sucede una especie de oleaje, acaso inconsecuente, que entretiene la vista como queriendo asegurar que sobre la intrascendencia aparente de ese mínimo listado existe sí el movimiento de una vida.

MARCELA QUIROZ LUNA

Ignacio Uriarte, por Marcela Quiroz Luna | artnexus