En una de sus novelas más dramáticas, titulada La caverna (2000), José Saramago cuenta la historia de un alfarero que se ve enfrentado de la noche a la mañana a la obsolescencia de su oficio y la desaparición de su espacio en la sociedad con la llegada de un megacentro comercial a la ciudad que habita. Este hecho, inconcebible para el personaje y narrado por Saramago con maestría, muestra la forma como desaparece rápidamente una forma de vida con un ritmo característico, mientras se instala una nueva estructura de relaciones sociales regidas por los valores de la globalización. La situación no nos es ajena y ha sido fuente de diferentes reflexiones en torno a lo que se pierde en la carrera desmedida por un ideal de progreso.
El artista Giovanni Vargas ha venido reflexionando acerca de este tipo de fenómeno hace algún tiempo a partir de su entorno más cercano: el barrio Chapinero Alto de Bogotá. Con base en los recorridos que hace a pie por la zona, Vargas trabaja tanto en la temática como en su aproximación plástica sobre las microhistorias de una ciudad observando los cambios en su arquitectura.

En Estudios de caso Vargas construye en la galería un espacio que establece relaciones entre fachada e interior tanto formal como simbólicamente. La instalación incluye una serie de repisas en las que se exhiben los dibujos minuciosos de las fachadas de las casas del tradicional barrio de Chapinero como si fueran porcelanas dentro de la casa, logrando de esta manera posicionarlas en el lugar del recuerdo, la reliquia y la fragilidad. En el piso se encuentran materas con plantas de interior iluminadas con una lámpara que funcionan de manera ambigua, pues el espacio hace las veces de antejardín y de descanso de una ventana.
En su trabajo, Vargas señala cómo las historias de barrio y su forma particular de construir sentido de comunidad tienden a desaparecer por el cambio en la concepción de ciudad. En Bogotá se da una transformación simultánea de lugares de habitación y formas de habitar la ciudad. Como en la historia de Saramago, Vargas presencia con tristeza cómo la tienda es reemplazada por el supermercado y los megacentros, al tiempo que la vida de las familias tradicionales que alguna vez fueron habitantes de las casas que dibuja es reemplazada por otras dinámicas.
Aunque se trata de un fenómeno generalizado en Bogotá, el titulo de la serie, Estudios de caso, propone mirar cada casa que desaparece con detenimiento y estudiar su fachada como indicio de unas historias particulares; con esto, Vargas opone resistencia, a su manera, a la voraz fuerza de la demolición.
Armado con una sensibilidad particular, el artista confronta las ideas de progreso de Bogotá y sus aspiraciones de megalópolis con la historia de uno de los barrios más eblemáticos de la ciudad. Tras el Bogotazo, en 1948, el centro social de Bogotá pasó de Teusaquillo a Chapinero; con este cambio vinieron varias transformaciones, de las que este espacio fue testigo, y que parece inconcebible olvidar; por ejemplo el cambio de las aspiraciones de la ciudad de reproducir el estilo inglés, para convertirse en una ciudad moderna al estilo de París o de alguna ciudad de Norteamérica.
La modernidad que representaban esas casas, sobre todo en sus fachadas con líneas rectas, la funcionalidad de las formas y la amplitud de espacios, se presenta ahora como obsoleta, y su demolición le da paso a otra idea de modernidad. La ciudad que se expandió durante el siglo XX del centro hacia el norte, durante el siglo XXI ha visto el paso de la línea horizontal a la vertical, es decir, a la optimización del espacio en forma de edificios que albergan a cientos de familias.
Estudios de caso es parte del proyecto Apuntes para una historia de Chapinero, que en el pasado ha reencarnado de diferentes maneras; vale la pena mencionar la obra El poder necesita de la piedra IV, que se presentó en el marco del 12 Salón Regional de Artistas, Zona Centro. La obra consistía en una intervención urbana en la que una serie de carteles hechos en una imprenta tradicional del centro de Bogotá fueron pegados durante la noche sobre las vallas que protegen los lotes donde han sido derribadas casas para construir edificios. En esa ocasión, como en la presente exposición, Vargas no sólo recobra un quehacer casi artesanal el cartel de imprenta de tipos entonces y el dibujo con lápiz de color en la Galería Casas Reigner para señalar con angustia y nostalgia la desaparición de las casas.
Vargas protesta en presencia de esta nueva ola de urbanización de la que ha sido presa Bogotá desde hace más de una década que ignora historias y formas de relacionarse que se desarrollaron al interior de la vida de barrio, al igual que la vida de las familias que esconden las fachadas. No se trata de impedir la desaparición física de las casas sino de manifestarse en contra del olvido que ésta conlleva.
Así, en su serie Estudios de caso, Vargas demora, si se quiere, el proceso acelerado de demolición de estas casas, se toma el tiempo de buscar los ejemplares, fotografiarlos y luego dibujarlos con minucia, como si se tratara de un homenaje a héroes literalmente caídos.
MARÍA CLARA BERNAL
