Exposición Individualdic 2011 - feb 2012· Por Manuel Álvarez Lezama

Fernando Pintado

Galería Roberto Paradise

Fernando Pintado, artista puertorriqueño de 29 años, es esencialmente un joven filósofo existencial que también hace arte: un arte casi infantil/inocente/tierno/juguetón, que refleja, de una manera sutil pero impactante, tanto sus preocupaciones en cuanto a los valores éticos y estéticos que estamos viviendo en la contemporaneidad como su autobiografía: carpe diem, tempus fugit, sus caídas y vuelos personales como artista y como hombre.

Seducido por la literatura (desde Baudelaire y Rimbaud hasta Whitman y Hawking) y la música de mensajes inteligentes y desgarradoramente realistas (Bob Dylan), joven que ha vivido la vida intensamente y ha tenido que “ver más”, amante del proceso de aprendizaje en el campo de las artes visuales (está muy agradecido con los artistas José Lerma y Donald Bacheler), Pintado confiesa que para entender la propuesta de su obra –pinturas, esculturas, obras tridimensionales, acuarelas, tintas, dibujos–, y especialmente esta exposición, que decidió titular Where the blue of the night meets the gold of the day, hay que entender, y cito al artista, que “Yo tengo un pie en un charco diferente”. Y así, lo explica con gran honestidad, él tiene un pie en la realidad que todos compartimos, y el otro, en una realidad diferente, muy suya, secreta. Y ese “charco”, como nos dejará ver un análisis de su imaginario, puede ser el charco que deja un muñeco de nieve cuando se tenga que derretir, cuando deje de ser lo que era (Heráclito, Einstein, Neruda: "nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos").

Exposición Individual: Fernando Pintado — imagen 1
Fernando Pintado. Caminando entre las gotas de lluvia, 2011. Técnica mixta. 48,2 x 20 x 63,5 cm. (19 x 8 x 25 pulgadas).

Pero ¿qué de qué se trata, qué se propone Pintado en esta provocadora exposición (efectiva y poéticamente expuesta por Francisco Rovira en su nueva galería Roberto Paradise)? Sus pinturas (óleo) y esculturas (madera, tela, cerámica) presentan (dialogan sobre) el eterno contrapunteo entre las emociones y la razón, la eterna “lucha” entre el mundo de las pasiones, de los impulsos/el ímpetu/el frenesí momentáneos; se trata de creerse que el Futuro y la madurez/vejez no llegan (son para el Otro), se trata de la sin-razón (usualmente en la juventud) y el mundo del análisis y la razón (Platón, el cristianismo); se trata sobre un “un desahogo” por parte del artista que revela el continuo forcejeo de estos dos extremos. Lo logra con una obra agradable, de corte infantil, lúdica, pero que invita –sobre todo después de una primera lectura– a otras lecturas, algunas sumamente realistas y dolorosas.

Desde el principio de su carrera –y después, cuando exponía con Michael Linares, Radamés Figueroa y Lerma hace cinco años– se veía una inteligente y acertada combinación entre lo inocente/lúdico –un humor muy particular– y una casi imperceptible pero demoledora crítica existencial/social que va desde lo injusto y efímero de la vida, la soledad física y espiritual en que se sobrevive, hasta las múltiples pruebas/luchas/caídas que tenemos que padecer. Sus muñecos de nieve no son felices, ni lindos, y van “a morir” porque son frágiles y porque después del invierno viene la primavera (y se convertirán en sucios charcos de agua).

Pintado no se burla de nosotros, ni con la factura de su obra ni con sus distintos mensajes (“Even true love doth die”); sólo quiere que entendamos cómo él ve el juego: como una carrera de ratas donde si ganas la carrera sigues siendo una rata. “Su verdad/mensaje” se ha construido desde su vida y sus lecturas y su música, y llega a nosotros a través de sus imágenes: simpáticas, ingenuas, inocentes, pero su propósito es que tanto en sus ocurrentes/jocosos corazones o muñecos de nieve como en sus "take-offs" de “el lector” de La escuela de Atenas veamos más. Porque tirarse de cabeza en un corazón que parece un bello tarta/bizcocho/cake, sin pensarlo –un corazón que es símbolo de amor, vida y felicidad–, puede ser un acto suicida en el nivel físico y/o metafórico/existencial. Obras como The sky belongs to the Stara, The universe is expanding y The anxiety of possibilities (“corazones”), y No one to defeat you except the thoughts of yourself feeling bad y Perhaps it’s the color of the sun (muñecos de nieve) –todas del 2011 y hechas dentro de una interesante combinación de un expresionismo figurativo y un primitivismo muy suyo–, demuestran que este tímido joven artista –que siempre hace claro que en las artes visuales, el “yo hago arte para mí, lo que me provoca en un momento específico, lo importante en mi vida, y que debería ser importante para los pensantes que ven mi obra”– tiene algo relevante que decirnos y quiere compartirlo. Pintado nos presenta graciosamente/tiernamente no sólo la fragilidad humana, y el hecho de que la vida –corta o larga (Séneca)– se termina. De ahí que veamos a sus divertidos hombres de nieve caerse, derretirse, desaparecer. De ahí sus apetecibles corazones, que se han comido/tragado a los apasionados, a los que viven de emociones puras, a los no pensantes. También nos presenta parte de su autobiografía: un joven que ha vivido intensamente, que ha sufrido dolorosas experiencias, que ha aprendido “golpe a golpe, verso a verso”. Y ahí está el profundo reto existencial: hay una gran diferencia, en este misterioso viaje llamado vida, entre la inmediatez, acompañada de la sin-razón y “el pan nuestro de cada día”.

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Fernando Pintado, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus