Disillusions se percibe desde el exterior, a través del gran ventanal externo de la galería del Studio Theater. Es un exposición de género que permite ver doce artistas no habituales por estos lares. Género y diáspora son los núcleos que se entretejen en la mayoría de la producción artística presentada. El video y videoperformance, la performance y la instalación como su registro, collage, objeto, dibujo, pintura, fotografía y técnicas mixtas, constituyen el abanico de expresiones de las cuarenta y dos obras presentadas con curaduría de Tatiana Flores, quien dice: “[…] a través del arte de estas mujeres de orígenes anglófono, francófono y español, se torna claro cómo los temas en común emergen de la experiencia de género, a pesar de las diferencias regionales. El título de la exhibición, Desilusiones, se refiere a la tendencia del trabajo en la exposición, el quebrar la ilusión –ya sea pictórica o de otro tipo–, abarcando la fragmentación formal, incorporando discontinuidad y ofuscando el significado. Estos artistas rechazan presentar un mundo completo o coherente; en su lugar refieren la experiencia femenina contemporánea desarticulada, subjetiva, y a menudo incomprensible”.


Al entrar a la exposición, múltiples cuadros y videos a la derecha del espectador, y una gran columna al centro. En esta –que esconde un elevador–, Sofía Maldonado, nacida en Puerto Rico y activa en la zona este de Estados Unidos, realizó un dibujo-pintura efímero de gran tamaño, con el tema de figuras femeninas. A su derecha tres artistas cohabitan el espacio. Nicola Awai, oriunda de Trinidad, juega un destacable lenguaje gráfico, siempre bien atendido en el Caribe. A la manera de las escalas de color propias del conceptualismo de los años setenta, aparecen sobre el papel esos rectángulos que, por el contrario, no refieren aquí el material cromático de las artes visuales sino el de los cosméticos disponibles en el mercado local. Una guarda –a manera de lanzas, o de coronas, o de greca de remate en edificios medioevales, o de señales– configura un espacio donde aparecen entrecortadas referencias pictóricas a las “repúblicas bananeras”. A continuación, tres obras de la artista haitiana Vladimir Cybil Charlier son de los puntos significativos de la exposición. Tiene cuatro piezas en técnica mixta; tres en esta planta baja que recorremos y una en el piso inferior. En formas de relieve con ventanas de diversos tamaños y formatos, Charlier, con títulos de clara narrativa, muestra detalles de escenas evocadoras de travestis y homosexualidad. Son referencias a su familia, con lentejuelas y cuentas bordadas sobre impresiones de inyección de tinta y acrílico pintado sobre tela, en figuras de cuerpos masculinos. Jessica Lagunas, en tres televisores de los años setenta, recuerda fragmentos del cuento de Caperucita Roja, en los títulos de sus videos: Para besarte mejor, Para verte mejor, Para acariciarte mejor. La pantalla presenta la reiterada pintada de los labios, los ojos y las uñas, en correspondencia con estos títulos. Una gran figura suspendida en la pared final de la galería y la articulación de un pasillo-balcón atienden la relación entre las partes arquitectónicas. Una secuencia de pequeñas obras sobre papel se abre junto a los videos de Lagunas, como las páginas de un libro. Son intervenciones de collage sobre publicaciones florales antiguas. Ana Patricia Palacios aporta una trágica referencia con la ironía de la femineidad siempre activa: refiere un concurso de belleza en Ghana, para mujeres amputadas por accidentes de guerra. En acrílico y en gouache, la artista colombiana entrelaza la rigidez del entrenamiento militar con la femineidad y el movimiento en el espacio.

María Elena Álvarez, de Venezuela, está presente con técnicas mixtas sobre tela. Secciones de collage aportan figuras femeninas en papel periódico, como noticias sobre el tablero del juego de la vida. Con equipaje y hogar, refiere aspectos del lenguaje de la mujer en la diáspora. Firelei Báez es la autora de la mencionada gigantesca figura de mujer. En técnica mixta, fragmentada gráficamente, atiende a las proporciones físicas abundantes de la mayoría de las mujeres caribeñas, así como a la coquetería y el acicalamiento. En oposición vertical, en el piso inferior de la galería, hay otras tres obras de la misma autora. En acrílico sobre tela sus gestos crean bordados originales y evanescentes. Contigua, en el piso inferior, se encuentra la instalación y el aporte de la performance de Melissa Calderón, quien creó Linger, y sobre él depositó los fragmentos de papel que constituyeron parte de la performance. La autora –de Puerto Rico– aportó materiales orgánicos –ramitas– e industrializados. Holly Binoe –de Bequia, St. Vincent y las Granadinas–, conjugando figuras y construcciones de los antepasados, presenta en sus tres obras una muy cuidada técnica de collage visual gráfico, con refinadas obturaciones e intervenciones,

Asha Ganpat (Trinidad/Estados Unidos), con Things, concreta una instalación de objetos cotidianos que representan el retrato de su familia, constituido por un estante con dibujos en tinta sobre papel y recortes. Su única obra en la exposición es de original calidad y resolución. Rejin Leys, Haití/Estados Unidos, con 100 dibujos, Incluyendo secretos, ejemplifica la fragmentación y dispersión de tiernos desmontajes orgánicos. Sandra Stephens, con diversas versiones de la mujer jamaiquina y la diáspora, a través de tres videos monocanal. Cabello: tema recurrente del acicalamiento y la no aceptación del característico cabello rizado. En colaboración con Allie Tery, Sandra presentó Snow White Remixed, una videoinstalación en la cual una niña prepúber simboliza los terrenos de la femineidad heredada y ratificada. La instalación consiste en un sillón para el espectador que hace juego con el marco barroco que encuadra la proyección, y los audífonos con audio adecuado. Y de la diáspora, el mar y la arena como lugar de símbolo del movimiento hacia la diáspora, se constituye Intangibility, de 2009, la otra videoinstalación de Stephens, con una llanta en el piso que circunscre la proyección. Las participaciones recién citadas, de sólido nivel, completan la escena del dúo temático central. Como cierre, se cita una coincidencia: el Caribe es una zona geográfica insólita e insular y laberíntica que ha encontrado en esta galería el espacio físico de exhibición adecuado para caracterizar sus formas.
GRACIELA KARTOFEL

