Exposición Individualdic 2011 - feb 2012· Por Autor no disponible

Chelpa Ferro

The Aldrich Contemporary Museum

En este momento, en que lo coetáneo es más coetáneo que siempre por la aceleración histórica y la brevedad de atención que imprime la era electrónica –entre otras variantes–, las artes visuales están imbricadas con el sonido de manera cada vez más frecuente. A finales de los años ochenta se desarrollaba Ars Electrónica en Linz, Austria, a orillas del Rin, el Festival más avanzado de integración sonora. Ahora, tres décadas más tarde, este diálogo “es” el acontecimiento motivador, participativo o no, provocado por autores de diversas especialidades. En el Museo Aldrich –donde se abrieron seis muestras simultáneas con el afán de celebrar la llegada del verano–, dos de esas presentaciones atendían al citado enclave de sonido e imagen. Chelpa Ferro es un colectivo brasileño del cual se presentaron Acusma (2008) y Jungle Jam (2010), ambas con impecable curaduría de Mónica Ramírez-Montagut.

En 1995, Barrao, Sergio Mekler y Luis Zerbini –quienes ya se conocían de antes– iniciaron el colectivo Chelpa Ferro1. Son artistas independientes y respetados a quienes “[…] otro amigo que organiza unos encuentros sobre todo de músicos y poetas, nos invitó a participar. No somos músicos pero decidimos tocar la guitarra”2. Lo grabaron en un disco y decidieron hacer una exposición para presentarlo. A partir de entonces se consolidó esa necesidad de hacer juntos estas irreverencias a los compartimentos cerrados de las artes visuales. Esta apoteosis en la cual se encuentran las artesanías con los motores, lo urbano con lo museístico y lo indígena con lo conceptual, se revela en todo lo que los Chelpa Ferro han venido haciendo desde entonces, ya sea en la Bienal de São Paulo de 2002, en Río de Janeiro, en Bahía, en Londres y…

Exposición Individual: Chelpa Ferro — imagen 1
Chelpa Ferro. Selva Jam, 2010. Vista de la instalación. Treinta licuadoras, treinta bolsas de plástico, cables, una gran cabeza, un computador portátil. Dimensiones variables. Foto: Chad Kleitsch.

Esta relación del sonido y lo visual, si bien en Brasil es intrínseca, no es exclusiva, no tiene un domicilio único, es internacional. ¿Acaso los africanos en su continente no han integrado ambas áreas como los descendientes de los tempranos esclavos lo han venido haciendo en Brasil? Ejemplo de ello está en la cadencia rítmica y colorida de los bahianos en capoeira, lo que asoma en Jungle Jam. El sonido es una presencia inasible, no así la mayoría de las presencias de las artes visuales. “Lo que nosotros hacemos no es música, es sonido”. Los sonidos de los Chelpa Ferro son diferentes, no están ligados a la música dodecafónica, ni sólo a la ciudad o a la guitarra, son el ruido de la globalidad. John Cage decía que para él, la música más hermosa era la música de la ciudad, como la de las bocinas, que oía desde su departamento neoyorquino. Estos tres autores incluyen la electrónica, las sorpresas, los golpes –a los que se está expuesto desde 9/11–. La sociedad actual produce autosorpresas. El susto, lo inesperado, la tergiversación del uso de objetos, el hacer que lo visual produzca sonidos más que imágenes, todo eso está integrado, es el concepto y el producto emergente de estas dos exposiciones, y de todas las exposiciones de este colectivo.

En cuanto a lo visual, los cables de conexión eléctrica se ocultaban y se cuidaba que la gente no tropezara con ellos. Ahora –como la ropa interior que Madona puso de moda para la calle–, también los cables de micrófonos, computadoras, amplificadores y ventiladores están a la vista y nos exponen a riesgos constantes. Además, conviven con vasijas cerámicas, con bolsas y motores. Acusma alude más a la música con voces en variados ritmos e intensidades diciendo los números en vez de las notas. A su vez, Jungle Jam, es la zona de otras antítesis: ellos ya no producen estos ruidos con guitarras sino con elementos cotidianos: motores de licuadoras conectados con bolsas de plástico. Cada bolsita choca contra la pared sonando de otra manera y con explosiones arrítmicas de movimientos y de colores diversos. Las instalaciones y performances que ellos realizan son site-specific porque se modifican en cada espacio, se reducen, o amplían a dos pesos y motivan la interacción evitando las lecturas lineales de las exposiciones tradicionales. A través de una computadora los objetos suenan y se mueven inesperadamente, y quien está en la sala no oye ni ve secuencialmente, de pronto es a sus espaldas, o a su izquierda o nada sucede hasta que comienza un bombardeo acústico-visual por doquier. Las Artes Visuales mostraban el cuerpo. Hoy que no hay respeto por la vida, las imágenes hacen sentir el latir del corazón.

NOTAS

1. En portugués coloquial, Chelpa Ferro quiere decir dinero e hierro.

2. Conversación con los Chelpa Ferro en el Museo Aldrich, el 26 de junio de 2011.

GRACIELA KARTOFEL

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