De manera simultánea fueron inauguradas las exposiciones The Typical Venezuelan Picture de Ara Koshiro (Maracaibo, 1967) y El Teide: Mis raíces canarias de Hayfer Brea (Caracas, 1975), en los espacios de la galería Oficina #1.
En The Typical Venezuelan Picture, la primera muestra individual de Koshiro, la artista profundiza en sus indagaciones sobre la posibilidad de plantear una representación gráfica del país que dé cuenta de las fracturas y enormes contrastes presentes en la realidad histórica, política y social de la Venezuela contemporánea.
Valiéndose de un discurso que enfatiza plásticamente la fragilidad, la precariedad y lo transitorio (y que se verifica en el título de la exposición, tomado de una frase de la novela País portátil del escritor venezolano Adriano González León), Koshiro usa frases, mapas, símbolos e imágenes propios de las representaciones oficiales del país, haciendo una revisión crítica de sus significados, introduciendo en sus piezas referencias ocultas, roturas, fragmentaciones y dislocaciones.

En obras como Puente Angostura (que forma parte de una serie de piezas similares), Koshiro trabaja a través de una imagen ausente, recurriendo a las reminiscencias que propician los paisajes idealizados de las postales. En un gesto crítico que no evade una mirada poética, la artista elabora un dibujo a lápiz que copia los textos y gráficos que suelen imprimirse en el reverso de estas tarjetas. La pieza refiere nominalmente a un paisaje que, aunque ausente, fantaseamos como lleno de exotismo; al mismo tiempo, el uso del dibujo a lápiz, y la labilidad de la copia hecha a mano, dan cuenta de la mirada punzante de la artista en torno a las representaciones gráficas –y mentales– de un país cuya realidad es compleja y abrumadora. Recuerdo de Venezuela es una obra elocuente. Haciendo nuevamente uso de una fina ironía, la artista toma un plato de porcelana elaborado como souvenir, en el que se han estampado el escudo nacional y la frase Rdo. de Venezuela. El plato ha sido quebrado, y Koshiro lo presenta torpemente reparado con goma epóxica, en un acto que no puede disimular las fracturas a las que fue sometido. La cursilería (como una cara de lo precario), la impericia, lo fragmentario, son temas convocados en esta pieza de contundentes significados.
Hayfer Brea viene realizando una obra sumamente depurada, en la que la imagen del Ávila (la montaña que separa a Caracas del litoral) se reitera como forma, como línea, como evocación de múltiples referencias.
En El Teide: mis raíces canarias, Brea trabaja en una propuesta en la que se imbrican estas indagaciones en torno a la representación del paisaje y la propia historia familiar. Es esta una muestra que convoca lo memorioso, sin dejar de lado las usuales preocupaciones del artista en torno a lo gráfico y, diríamos, a la construcción de un "mínimo gráfico", cuyas referencias se alimentan de la propia historia plástica de Brea.

Un homenaje a los ancestros –humanos y paisajísticos– pueden también entreverse en esta exposición. En Teide, y en otras obras similares, el artista trabaja a base de bordados hechos en tela blanca, a la manera de los tapetes decorativos que suelen colocarse en las casas y que forman parte de la tradición artesanal canaria. En estas piezas, la madre y la abuela del artista han dibujado con hilos (y siguiendo las características representaciones mínimas del cerro El Ávila de Brea, en las que una línea se hace signo de la montaña), el perfil topográfico del Teide y otros cerros isleños. Brea recurre a las palabras para hacer un comentario sobre la confrontación de dos culturas, dos paisajes, dos realidades. En Teide, son las palabras propias de la geografía canaria las que se encuentran bordadas debajo de la línea topográfica. En otras piezas, Brea coloca vocablos guanches que ahora forman parte de nuestra jerga, mostrando cómo las palabras no sólo pueblan el plano de la tela, sino la vida misma del artista y del país, y cómo las historias personales se imbrican para formar la historia de una localidad y de un pueblo.
La exposición contiene fotos de los familiares del artista, en Canarias y, luego, en Caracas; folletos turísticos y otros elementos que hablan de la particularidad cultural y geográfica de las Islas Canarias.
Línea (Teide-Ávila) + Lava es una instalación y, quizás, una de las piezas más emotivas de la exposición. El artista dibuja en la pared el perfil de una montaña que es, a la vez, El Teide y El Ávila, unidos por la continuidad de una línea que a la vez habla de los desplazamientos, el tiempo, el recuerdo, la historia, la familia y el vivir. Coloca fragmentos de piedra volcánica, haciendo alusión a lo telúrico, como un magma conformador de las culturas y las historias.
KATHERINE CHACÓN
