Entre el homenaje y el espectáculo, Alejandra Seeber (Buenos Aires, 1968) comandó diestramente en la galería Vasari una cuidada reedición de Antropometries, la primera de una serie de famosas performances de Yves Klein (Francia, 1928-1962), que utilizó a mujeres recubiertas de pintura azul como “pinceles vivientes”. Bajo la dirección del artista, que indicaba el movimiento a las mujeres, las impresiones de sus cuerpos fueron plasmadas sobre telas al son de la Sinfonía monótona, compuesta por él mismo. Se trataba de una nota repetida veinte minutos y seguida de un silencio de veinte minutos, tocada en vivo por diez músicos conducidos por el propio Klein.
Eximio yudoca y cultor de la filosofía zen, Klein creía que el color era la “materialización de la sensibilidad”. Así, le otorgó una importancia fuera de lo común al color azul, ya que para él representaba el perfil más intangible de la naturaleza; el azul del cielo y el azul del mar son inasibles sin el auxilio de otros agentes. El artista investigó y encontró el tono de azul que encarnaba su visión cosmológica, patentando el color al que llamó Azul Klein Internacional (International Klein Blue). Existe consenso en que el artista, que falleció a los 34 años, contribuyó desde su práctica artística a la expansión del concepto de obra de arte y fue pionero de tendencias, actitudes y estados de ánimo como el happening y la performance, el Land Art y el Body Art.

La cita con Seeber fue el 17 de agosto, a las 19:30 en punto en Vasari; un espacio más pequeño que el de la Galerie Internationale d’Art Contemporain de París, donde Klein realizó el happening el 9 de marzo de 1960. Como antes el francés, Seeber también se vistió con una suerte de esmoquin, pero con moño rosa y camisa azul con florecitas, y con similares gestos condujo esta ceremonia –que pidió y obtuvo la fe de los asistentes–, fervorosamente aplaudida a su término.
Ahora, fueron músicas mujeres las que acompañaron con la ejecución de la nota monocorde a cinco actrices y bailarinas desnudas que, tras embadurnarse el cuerpo de pintura azul, “azul Seeber”, trazaron la huella de sus cuerpos en telas, papeles y colchonetas. Seeber señaló: “Esta performance fue la oportunidad de ver una de las famosas Antropometries cincuenta años después, y medir su impacto. Fue, también, una manera de usar a las modelos como pinceles y a toda la performance como una gran máquina de pintar. Una reflexión acerca del lugar del artista y el lugar de la mujer”.
Desde la vidriera de la galería, un neón encendido con forma de corazón, con la leyenda Yves y yo, el nombre de la acción/muestra, anunciaba que algo inusitado habría de ocurrir o se hallaba adentro traspasando la entrada. Aun cuando un fragmento de la histórica performance de Klein puede verse en YouTube, fue inusual el enmudecimiento del público ante la aparición de las jóvenes desnudas, que, siguiendo las instrucciones de Seeber repitieron los gestos de sus antecesoras y se diferenciaron por su delgadez y soltura. Si de mediciones se trata, la acción “en vivo” no es comparable con el registro fílmico; produce otro impacto en el espectador, cuyo silencio, en este caso, fue inesperadamente atronador; y eso que Buenos Aires no se destaca por el ocultamiento del cuerpo femenino.
Seeber reconoce la influencia de la pintura de Klein en sus obras de los últimos años, pobladas de manchas ambiguas y de cierta estética informalista. Agrupadas o en solitario, las impresiones confirmaron que todo el trabajo de Seeber se halla claramente asociado con la pintura, que su experimentación con ésta es múltiple y siempre distinta, aun cuando trabaje digitalmente o con cerámica, con vidrio o con pinceles (de marta o “vivientes”), y aun cuando, como en este homenaje a Klein, al igual que él mismo, la artista ni siquiera estuvo en contacto con la materialidad de la pintura.
El planteo conceptual de Klein en relación con la inmaterialidad, acá se convirtió en la “re-actualización de un problema atractivo”, vinculado con “la pintura, el cuerpo y la mujer”, tal como lo señala, en el texto introductorio a la muestra, la historiadora de arte Cintia Mezza.
Interesantes, las mujeres se untaron de pintura y se deslizaron sobre el suelo y las paredes como en una danza, ofreciendo movimientos generosos y armónicos en un escenario amistoso; fue un espectáculo sin sobresaltos. Pero, nuevamente, ¿la mujer como objeto antes que como sujeto? ¿y si, en cambio, hubiera convocado a un grupo de varones para estas nuevas antropometrías?
Seeber, que reside alternativamente en Nueva York y Buenos Aires, luego exhibió las telas, papeles y colchonetas resultantes de la performance en la galería, mientras que un video (que no fue “subido” a la red) renovaba su homenaje a Klein en continuado.
VICTORIA VERLICHAK
