Con cada nueva edición, la Bienal del Mercosur gana más importancia en el escenario brasileño e internacional. Se evidencia su proceso de consolidación como un evento organizado con seriedad y planificación que, además de ser una contribución importante para conocer el arte contemporáneo que se produce en América Latina, tiene como eje principal la premisa de la educación. El proyecto pedagógico de la Bienal de Porto Alegre ha sido uno de sus rasgos distintivos: todas las acciones curatoriales son concebidas teniendo en cuenta la forma de divulgar información valiosa al público en general, mediante talleres, conferencias, seminarios, publicaciones, además de realizar visitas guiadas.
En la 8ª Bienal, que tuvo la curaduría general de José Roca, la coordinación de las prácticas pedagógicas estuvo a cargo del artista mexicano Pablo Helguera.

La 8ª Bienal del Mercosur, Ensayos de geopoética, se realizó del 10 de septiembre al 15 de noviembre, y puso en la mira el tema del territorio en su redefinición crítica, a partir de la perspectiva artística. La muestra reunió 105 artistas, procedentes de 31 países, quienes trataron en sus obras asuntos como la colonización, la mirada del viajero científico, la definición de nación y sus políticas, construcciones geopolíticas, el problema de la noción de frontera, las alianzas transnacionales, la dinámica entre lo local y lo global.
Según el curador general, la 8ª Bienal del Mercosur buscaba “mostrar alternativas a la noción convencional de nación, además de discutir nuevas cartografías, las relaciones entre las condiciones políticas y geográficas, el posicionamiento entre lo regional y lo global, las rutas de circulación y el intercambio del capital simbólico, la ciudadanía en territorios no urbanos, el estatus político de las naciones ficticias y la relación entre ciencia, viaje y colonización”.

Cuatro exposiciones, diversas intervenciones urbanas (dentro de la propuesta Ciudad No Vista) y acciones en espacios como la Casa M o Continentes (espacios temporales para promover la convivencia y la reflexión; puntos de encuentro para la comunidad artística local, con el propósito de crear redes de intercambio) constituyeron el corpus de esta bienal.
En el Santander Cultural se realizó la exposición de Eugenio Dittborn, Pinturas aeropostales, bajo la responsabilidad del curador general José Roca. Se previó mostrarla también en otras ciudades, como Bagé, Caxias do Sul y Pelotas, en el marco del proyecto de extensión de las acciones de la bienal a todo el estado de Río Grande do Sul. Con curaduría de Aracy Amaral, en el Museo de Arte de Río Grande do Sul (MARGS), la muestra Más allá de las fronteras propuso un diálogo entre obras de la colección del museo y la producción de artistas latinoamericanos de diferentes generaciones. En las bodegas de los Muelles del Puerto, con la acción conjunta de la curaduría general y los curadores adjuntos1, se organizaron las exposiciones Cuadernos de viaje y Geopoéticas, esta última como eje fundamental de la bienal, a la que se articulan las demás exposiciones y acciones.

En la muestra de Pinturas aeropostales de Eugenio Dittborn, el público pudo entrar en contacto con un proyecto que el artista desarrolla desde el decenio de 1980, construyendo obras de técnica mixta (dibujo, costura, pintura, collage). Estas obras se doblan y son enviadas por correo, en sobres que también se exponen, al lado de las obras, pues fueron realizados y pensados para hacer transitar la obra, documentando el registro del itinerario de donde van siendo presentados.
La poética de Dittborn, como observa el crítico chileno Roberto Merino, convierte “la metrópolis en lugar de tránsito”; se basa en la idea de la transterritorialidad, en el nomadismo, en las estrategias para subvertir las fronteras, ingresar en los centros urbanos, sin dejarse neutralizar por ellos. Según José Roca, se puede abordar la obra de Dittborn al menos desde tres puntos de vista: el estratégico, el material y el iconográfico. La estrategia de las Pinturas aeropostales reside en el hecho de que viajan como cartas y se desdoblan como pinturas en su lugar de destino. Pero no permanecen en los lugares: una pintura aeropostal está siempre de paso. Es por esto que Dittborn dice que la aeropostalidad de sus pinturas reside en los dobleces. En cuanto a la materia, él utiliza inicialmente el papel kraft, pero a partir de 1986, el artista comenzó a usar un nuevo material: una entretela sintética no tejida. A mediados de los años 1990, Dittborn empleó un tipo de lona, conocida comercialmente como duck fabric, que utiliza hasta hoy. Los procesos de su obra son: teñir, hilvanar, coser, bordar, imprimir, dibujar, insertar y doblar. En las pinturas el color se derrama sobre el soporte dispuesto horizontalmente. El líquido pigmentado lo impregna y lo penetra, manchándolo. En ese campo pictórico es donde se distribuyen los elementos iconográficos, impresos directamente sobre la tela o sobre otro material (usualmente, telas muy finas de algodón o satín), que después son recortados e hilvanados en la obra. En la iconografía aparecen temas como naufragio, catástrofe aérea, la mortaja, la cuna, el sobre; surgen extractos de manuales de dibujo, viejos mensajes publicitarios, caricaturas, grabados históricos, notas periodísticas, asuntos de tenor policial, combinando todo y creando una escritura singular, construyendo “ideogramas”, según dice el curador.

Para la muestra Más allá de las fronteras fueron invitados nueve artistas a viajar por Río Grande do Sul y recolectar, en la vivencia del viaje, ideas para formular una obra que sería presentada en esta exposición. Son ellos: los brasileños Lucia Koch, Carlos Vergara, Marina Camargo, Carlos Pasquetti, Cao Guimarães; Felipe Cohen e Irene Kopelman, de Argentina; José Alejandro Restrepo, de Colombia, y Gal Weinstein, de Israel. La propuesta de la curadora era traer a la exposición una lectura sensible de la realidad cultural y paisajística de la región. Los lugares visitados por los artistas fueron áreas limítrofes de Brasil con Argentina y Uruguay. Tenían que promover, además, como ya se dijo, un diálogo con la colección del museo donde tuvo lugar la exposición (MARGS). En los viajes se recalcaron especialmente la pampa, las regiones por donde hubo Misiones y las profundas cañadas de la zona.
En este segmento de la bienal vale destacar la obra fotográfica de Marina Camargo y la instalación de José Alejandro Restrepo. En Tratado de límites, de Marina Camargo, aparece una interesante elaboración conceptual sobre el problema de las fronteras. La artista presentó, como resultado de su viaje al extremo meridional del Brasil, en una zona fronteriza con Uruguay, obras con las que quiso revelar la identidad cultural y geográfica de la región, poniendo en duda los límites de las fronteras entre los dos países. Su obra tuvo, entre otros elementos, proyección de películas, fotos, y una instalación sonora.

José Alejandro Restrepo, en los dos videos presentados en la muestra del MARGS, abordó el tema del universo indígena frente a la imposición de la religión cristiana por las antiguas Misiones. En el video dialogan imágenes de programas religiosos actuales de la TV abierta con obras del patrimonio religioso barroco. El artista destacó en su obra la dimensión transhistórica de los exorcismos, bendiciones, contagios, muertes y penitencias. Quiso poner en evidencia, también, que la imagen y el cuerpo son factores de seducción presentes desde la época del Barroco.
En la bodega A7 del Muelle del Puerto, la muestra Cuadernos de viaje trajo a su vez la experiencia del desplazamiento a lugares nuevos como referencia para la producción de las obras. El proyecto reunió nueve artistas de diferentes nacionalidades. Son artistas que usualmente adoptan la experiencia de viajar para elaborar su producción poética. Fueron invitados a recorrer diferentes partes del estado de Río Grande do Sul, documentando la región mediante fotos, videos, dibujos, objetos, anotaciones. Realizaron performances e instalaciones2. El resultado de su experiencia fue mostrado, de inmediato, en instituciones de las regiones visitadas y allí incentivaron acciones pedagógicas. Para la bienal, estos artistas prepararon, después, nuevas versiones de lo que fue anteriormente presentado en las ciudades de las regiones en donde estuvieron.

En la exposición de la bodega A7 llamó la atención la instalación del chileno Bernardo Oyarzún, una obra concebida en su recorrido por la región de las Misiones y la convivencia durante dos semanas con la comunidad indígena Guaraní, en las proximidades de San Miguel. El artista presentó, en Porto Alegre, videorretratos y una instalación hecha con palabras en lengua guaraní, levantadas en barro, como esculturas, que reconstruían un texto de la mitología de esta nación indígena.
La exposición Ensayos de geopoéticas, que repitió el título de la 8ª Bienal, ocupó las bodegas A4, A5 y A6 de los Muelles del Puerto con obras de 59 artistas. Según José Roca, este segmento central de la bienal trató de las diferentes formas con las que los artistas contemporáneos abordan las nociones de localidad, territorio, mapeo y frontera. También se pensó en una alusión al Mercosur como construcción geopolítica regional.

En el conjunto expositivo de esas bodegas, las ideas trabajadas con más frecuencia por los artistas fueron Estado y Nación. Y los símbolos más utilizados fueron la bandera nacional y sus escudos, los mapas –convencionales e imaginados– y el pasaporte, todos íconos ligados a la identidad y a la idea de ciudadanía.
En esta reseña destacaremos algunas obras que incluyen la bandera como símbolo de Nación. Un ejemplo para señalar es la Bandera vacía, obra de Paola Parcerisa, artista paraguaya que vive en Chile. Ella utilizó la bandera nacional como emblema para revelar la tensión social: el símbolo de identidad se altera, desaparecen los colores, y permanecen apenas las costuras y el emblema central.

Marcelo Cidade, brasilero, presentó la instalación Luto y lucha, donde la bandera de su país fue puesta debajo de una construcción de formato rectangular, hecha con bloques de concreto apilados, aludiendo a un túmulo. La bandera, en vez de estar sobre el túmulo, se presentó soterrada, haciendo referencia a cómo muchos de los sueños nacionales pueden permanecer enterrados.
El colectivo Ikon, formado por Oliver Kalleinen y Pekko Koskinem, de Finlandia, promovió un taller “geopoético”, el Taller Geopoético Bandera, para construir su trabajo en esta bienal. Le propuso a un taller de costureras que construyesen un patchwork con tela recortada de banderas de diversas partes del mundo. La intención era crear, simbólicamente, una bandera colectiva para los países. Al frente de esa bandera hecha con fragmentos, los artistas colocaron, en el piso, fragmentos de textos de las leyes vigentes sobre el uso del símbolo nacional en los diversos países.

En este segmento de la bienal, la cartografía fue otro sesgo que estuvo muy presente.
En Bisutería, 20.96 Km.- Isla Bermeja Eduardo Abaroa, mexicano, se valió de una cadena como las usadas en la fabricación de joyas de fantasía para dibujar el mapa de la isla Bermeja, que estaría situada en el golfo de México (hay controversias sobre su existencia). Según dicen algunos, esta isla sería una referencia limítrofe para la explotación de yacimientos de petróleo por parte del país al norte de México. Al frente de los paneles que tienen los mapas y marcos con la reproducción de documentos sobre la explotación de petróleo, el artista construyó una “escultura”, una acumulación hecha con la misma cadena dorada de las bisuterías, usando la medida del largo que tendría la isla en kilómetros.

En algunas Zonas de Autonomías Poéticas –las ZAP– que fueron creadas en el contexto de la muestra como insertos, se enfatizan las micronaciones: pequeñas naciones o naciones sin territorio, naciones reales o imaginadas por los artistas. Un ejemplo es Sealand, micronación creada en 1967, en una antigua base militar en la costa oeste de Gran Bretaña, con una medida de 500 m2, ¡la nación más pequeña del mundo!
Es necesario todavía mencionar, en el segundo segmento de la bienal titulado Ciudad no vista, la obra de Elida Tessler instalada en el Garaje del Libro, un lugar en el centro de la ciudad muy poco conocido por los ciudadanos. Varios lugares como éste fueron seleccionados por la curaduría para intervenciones de los artistas. Así se creó, según el curador adjunto Cauê Alves, una estrategia para activar territorios de la ciudad poco percibidos. Elida Tessler evocó en su instalación grandes obras de la literatura mundial, queriendo provocar en el visitante asociaciones mentales, en cadena.

En el mismo contexto del segmento Ciudad no vista, Santiago Sierra, de España, presentó una interesante instalación sonora con los himnos nacionales de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, reproducidos simultáneamente y en continuo. Su intención era crear un concierto transnacional del Mercosur. La obra fue instalada en los jardines del Palacio de Gobierno de Río Grande do Sul.
La 8ª Bienal del Mercosur, como las anteriores, sobresalió por el proyecto expográfico. Se generó un recorrido que permitió al visitante deambular por el espacio de las exposiciones sin que hubiese superposición o acumulación excesiva de obras. La expografía favoreció la experiencia estética, obra por obra, y, al mismo tiempo, posibilitó la articulación de reflexiones sobre las diversas propuestas presentadas, en el espacio de los segmentos expositivos definidos por temas o problemas estéticos. En las bodegas de los Muelles del Puerto merece destacarse el uso de la iluminación natural como estrategia para espaciar las obras en exhibición. En la expografía también se destacó el mobiliario construido para acoger las obras fílmicas. Eran estructuras en material rústico que generaban pequeñas salas de proyección, al mismo tiempo acogedoras e integradas en el espacio físico de las muestras.
Como en ediciones anteriores, esta Bienal del Mercosur demostró una preocupación por posicionarse internacionalmente, al tiempo que se concentró en la producción artística de los países latinoamericanos. En esta edición quedó ampliamente evidenciada la preocupación por ampliar el evento a varias regiones y ciudades de Río Grande do Sul, ya sea por vía de contundentes acciones artísticas en las localidades visitadas por los artistas, durante sus viajes de reconocimiento, ya sea mediante la iniciativa de hacer circular los segmentos expositivos que constituyeron la Bienal de 2011.
NOTAS
1. Alexia Tala (Chile), Cauê Alves (Brasil), Paola Santoscoy (México).
2. Beatriz Santiago Muñoz (Puerto Rico), Bernardo Oyarzún (Chile), Kochta & Kalleinen (Finlandia), Marcelo Moschetta y Marcos Sári (Brasil), María Elvira Escallón y Mateo López (Colombia), Nick Rands, Sebastián Romo (México).
LISBETH REBOLLO GONÇALVES
Profesora titular de la Universidad de São Paulo, Presidenta de la Asociación Brasileña de Críticos de Arte y Vicepresidenta de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA).

