Una panza cruzada por un vibrante zigzag de siete colores recupera la atención sobre una figura de hormigón que ha sabido erigir en mandato el canon de la elegancia moderna: la sobriedad. Para mayores pistas, la pieza en cuestión tiene unos 40 metros de largo, es sumamente estilizada y se encuentra en la zona norte de Buenos Aires, sobre la avenida Figueroa Alcorta, uniendo al Museo Nacional de Bellas Artes con la Facultad de Derecho. Pero recién en el último verano austral, cuando ese puente fue intervenido por el dúo de artistas suizos L/B (Sabina Lan y Daniel Baumann), en el marco del proyecto global Of Bridges & Borders curado por Sigismond de Vajay, el nombre del arquitecto César Jannello comenzó a tener una divulgación más acorde al peso de su figura. Al menos, entonces, se supo que ese tramo elevado de hormigón le debe a él su autoría, que diseñó junto con el arquitecto Silvio Grichener en 1960, a propósito de los festejos del Sesquicentenario de la independencia argentina.
Sumado a eso, la figura de este pionero de la modernidad vuelve a cobrar fuerza en estos meses gracias a la reedición de sus sillas W, que están por lanzar su nieta María Jannello y el diseñador Wustavo Quiroga, juntos al frente de un proyecto de edición de mobiliario moderno y contemporáneo que lleva como estandarte el apellido del arquitecto. Y tejiendo a dos agujas ambas noticias –que además abren una nueva puerta al incipiente coleccionismo de diseño latinoamericano–, se puede no sólo urdir una trama de la modernidad vernácula que abarca desde lo urbanístico hasta lo doméstico sino, a la vez, desandar el itinerario de una figura cuya puesta en valor sigue, paradójicamente, pendiente. Porque, a pesar de su vasta incidencia teórica y práctica, el nombre de Jannello aún no se asocia con los aportes fundamentales que hizo a la cultura proyectual. Por caso, sus investigaciones en el campo de la semiología trataron la teoría de la delimitación de la semiótica y la lingüística en el campo del diseño y la arquitectura, entablando contacto en esa búsqueda teórica con Umberto Eco, Roland Barthes y Oscar Masotta.

A comienzos de los años cuarenta, ya desde estudiante, e influenciado por las vanguardias plásticas, Jannello inició sus propias búsquedas en dibujo, pintura y objetos de cerámica. Al mismo tiempo, sus ensayos avezados sobre arte, diseño y arquitectura darían paso a una carrera académica de alcance internacional. Amigo de Tomás Maldonado, con quien colaboró en la revista Nueva Visión desde el primer número, juntos formularon los cursos Arquitectura y diseño y Mueble y diseño.
Así, más allá del legado de su obra personal como artista, arquitecto y diseñador, su importante labor teórica –que desarrolló las bases para la formulación autónoma de la arquitectura y del diseño– nos lleva a dialogar con Wustavo Quiroga, un joven gestor cultural quien, fascinado con la figura de Jannello, trabaja intensivamente en la búsqueda y reconstrucción de su itinerario:
¿Cuál es la incidencia de Jannello en la cultura de la modernidad?
WQ: Sus trabajos materiales, tanto plásticos como de diseño, resultan bajadas prácticas, manifiestos y experiencias de aprendizaje para tratar tópicos teóricos que atraviesa a lo largo de su vida y con los cuales reformula constantemente la manera de leer y concebir al diseño. Incluso alcanza una visión superadora del modernismo como interpretación romántico-estética de sus enunciados, y encamina un planteo de base lógica con mayor reflexión sobre la producción autónoma del diseño y la arquitectura. La herencia teórica en el ámbito de la morfología, la visión o estructura formal, con especial incidencia en las cesías (un término de su cosecha), texturas y el desarrollo de un sistema de lectura formal que ayuda a generar una “gramática del espacio”.

¿Cómo define César Jannello, de algún modo, los orígenes del diseño en la región?
WQ: Por un lado, a través de la herencia material: el legado de mobiliarios y objetos que forman parte de las primeras experiencias productivas nacionales, donde se consideran las formas modernas, la función, los materiales disponibles y el proceso de producción en la creación de un producto. Por otra parte, su colaboración teórica y educativa, que se verá reflejada en proyectos institucionales con fuerte relación social. Luego de estudiar arquitectura en Buenos Aires, Jannello se trasladó con su por entonces mujer, Colette Boccara, a Mendoza y desarrolló allí sus primeros aportes en la Universidad Nacional de Cuyo dirigiendo la Escuela de Cerámica, donde dobla el turno para transformarla en escuela-fábrica y así producir objetos estéticos y utilitarios para la sociedad; favoreciendo la gestión para la creación de la Escuela de Arquitectura en la provincia de San Juan (como necesidad luego del gran terremoto de 1944, que obligó a pensar en una arquitectura actual, antisísmica, y una reformulación urbanística) y gestando la necesidad de diseño, razón por la que se creó en Mendoza la Escuela de Diseño, primera del país y una de las iniciales en América Latina. Esa etapa concentra sus aportes en la Universidad Nacional de La Plata y en la de Buenos Aires, donde se mantendrá creando espacios de debate e investigación hasta su muerte, en 1985.
Pero la labor proyectual de Jannello se extendió también a la gestión, la logística y el diseño de propuestas políticas democráticas y nacionales, tanto durante el gobierno de Juan Domingo Perón como en el de Arturo Frondizi, en los cuales realizó varios proyectos públicos, como la Cantata a San Martín (un montaje escenográfico para homenajear al Libertador el pie de los Andes, en Mendoza, 1950); la Feria de América, un hecho inédito que por primera vez reunió la producción industrial de todos los países del continente en una realización de pabellones exquisitos, remedando el espíritu de las grandes ferias universales (Mendoza, 1953-1954); y la Feria para los festejos del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo (Buenos Aires, 1960).
Jannello también formó parte de un sistema de interacción mayor, no partidario, donde la segunda camada de modernos en Argentina trabajó para divulgar la modernidad en Sudamérica. Y desarrolló con investigadores las bases conceptuales de raíz lógico-matemática y deductiva, propias del diseño y la arquitectura, en diversos ámbitos académicos regionales e internacionales.

A propósito del lanzamiento de algunos de sus hitos de mobiliario, que sin duda impulsarán un nuevo coleccionismo –curiosamente, perezoso en la región–, vale contextualizar el marco en que comenzó a diseñar estos productos. Durante los años cuarenta, el mercado nacional, en la mayoría de los países latinoamericanos, se proveía en gran medida de muebles importados. En Argentina, con el efecto de la reactivación industrial de posguerra y la necesidad de resolver el nuevo estilo de vida planteado por la modernidad, arquitectos y artistas comenzaron a proyectar muebles y objetos de factura artesanal o semiartesanal. La silla W –cuyo prototipo nació entre 1943 y 1945 en Mar del Plata, durante la construcción de la afamada Casa del Puente de Amancio Williams– es una pieza pionera del diseño argentino. Este asiento se mantuvo en transformación durante todo su período de producción hasta lograr un poder de síntesis formal y funcional que lo convirtió en un ícono del diseño latinoamericano. Para muchos críticos, ocupa el segundo lugar en importancia detrás de la afamada BKF, de Bonet, Kurchán y Ferrari Hardoy.
La flamante reedición de la silla W (con colores inéditos como rojo, turquesa, naranja y verde) potencia los recursos materiales disponibles y hace de la limitación su mayor virtud. Es que, además de su aporte formal, sumó la característica de montarse y desarmarse por calce, sin necesidad de tornillos, aprovechando la elasticidad de la estructura también como cualidad ergonómica para el apoyo de la espalda. Entre otras experiencias productivas del ecosistema objetual de Jannello, hay desde cuchetas y sillas para niños, bibliotecas y escritorios para el espacio de trabajo, mesas y jarrones de cerámica, hasta el espacio y equipamiento de un taller que dio origen a la fábrica de cerámica Colbo, dirigida por Colette Boccara, su mujer durante dos décadas. Colbo se convirtió en la primera fábrica de vajilla diseñada de Latinoamérica, con varias colecciones seriadas que alcanzaron la comercialización internacional.
Otro caso testigo de su acercamiento al diseño es la silla K o “desarmable”, creada en 1953 con maderas nativas (viraró y raulí) trabajadas de manera simple y precisa con máquinas. Se arma con tirafondos sin encoladura, y el asiento se forma con soga o cuerda plástica que se ajusta a un travesaño inferior por medio de nudos. Su venta se realizó desarmada en un embalaje-encuadernación, a un precio económico, prometiendo al usuario un montaje rápido y fácil (¿un antecedente de Ikea?). Se comercializó en Buenos Aires a través de Organización Arquitectura Moderna (OAM), el estudio de diseño, arquitectura y urbanismo que integraba la nueva generación de modernos; luego, en Tucumán, de la mano del arquitecto Hilario Zalba, y en París, del decorador Raoul Guys, quien la integró a su catálogo internacional de mobiliario Style AA, por sugerencia de André Bloc, editor de L’architecture d’aujourd’hui.

El proyecto de Jannello Editora forma parte de un sistema de propuestas mayores: “El tronco es el Museo en Construcción (MEC), que alberga, entre otras, la Colección Jannello-Boccara, con el objetivo de estudiar, difundir y valorar su legado. A partir del potencial productivo y el valor intrínseco de los productos que habían diseñado junto a Colette Boccara para la fábrica de cerámica Colbo, operamos para la reapertura y puesta en marcha de esta fábrica, de manera autónoma al proyecto MEC pero sinérgica. Esta experiencia, nacida en el 2008, dirigida por Matías Jannello, con la colaboración de Martín Endrizzi, encaminó resultados con un potencial económico que ayudaría a generar nuevos puestos laborales y asistir a la conservación del patrimonio que encara el Museo”, cuenta María Jannello, nieta del pionero.
En esta dirección de revalorización del patrimonio, se crea luego Jannello Editora, también de carácter autónomo y dirigida por María. En este caso, abierta a la posibilidad de producir obras de otros artífices latinoamericanos desconocidos pero con planteos de excelente calidad, e incluir propuestas contemporáneas afines al perfil de la firma. Existe la intención de acercar la belleza de estos diseños a la vida cotidiana, y de alguna manera verificar la vigencia de los mismos en el tiempo, probando su carácter de clásicos de la modernidad.
Acerca de su diseño, los adjetivos lúdico y racional pueden marchar juntos, porque mantiene un aspecto intuitivo y didáctico, mientras que se normaliza bajo leyes compositivas y funcionales. Su proceso mantiene un ida y vuelta continuo entre la experimentación y las bases lógicas, que se retroalimentan y plasman en obras.

Además, su concepción del diseño como fase productiva trata una gran cantidad de etapas: desde el método, el proyecto, su materialización y la comercialización. “En su comienzo, el aporte está en la simpleza constructiva, y en los últimos modelos, en un virtuosismo técnico formal. Los primeros diseños nacían de la aplicación literal del manifiesto moderno, como en la silla W primitiva; luego rediseñaba con un entendimiento funcionalista que alcanza sofisticadas forma-funciones. Su silla Mariposa y el sillón Copa plantean un estudio de la circunstancia formal-teórica”, señala Quiroga. Otro elemento que destaca de Jannello es su manera de producción: que arranca como autoproductor, sigue como autogestor de la realización, hasta que crea un sistema de fabricación interrelacionada con diversos talleres. Y, cuando difunde su diseño internacionalmente, delega la fabricación a través de la representación. Es un adelanto para su época que la distribución, la promoción y la comercialización formaran parte de la experiencia de diseñar. Tanto para su nieta como para Quiroga, una de las lecciones de César Jannello es “creer en una poética del diseño, de normas propias y compleja combinación, y no en un romanticismo visual implícito en los estilismos”.
Además de las viviendas que proyectó en las provincias de Mendoza y San Juan , en su obra arquitectónica se destacan los pabellones de la Feria de América, que, ubicada en el parque San Martín de la ciudad de Mendoza, marcó en 1954 un hito en arquitectura de exposiciones. Por ejemplo, la obra efímera Torre de América, ubicada en la entrada del parque como alegoría a la industria, es recientemente valorizada por su importancia en las vanguardias latinoamericanas. La torre, de 50 metros de altura, con una estructura metálica vertical rodeada en helicoide por cubos que contienen dos pirámides invertidas, fue proyectada basándose en un módulo gráfico ideado por Tomás Maldonado, y sonorizada e iluminada por el músico electroacústico Mauricio Kagel. Constituía un espectáculo nocturno demasiado novedoso para la época y el lugar. Un claro ejemplo de esas “vanguardias periféricas” que nutrieron la teoría y la práctica internacional; esa producción hoy es buscada para su puesta en valor y recomposición de un relato de la modernidad que no tenga como emisor único a los centros tradicionales. La torre, elemento alegórico de la Feria de América, simboliza un intento de promoción industrial del repertorio argentino (e internacional, por licencias) que ayudó a fortalecer lazos entre países americanos.

En tanto, la herencia teórica de Jannello continuó en revisiones (como los sofisticados artículos de Claudio Guerri, “Semiótica de la arquitectura, el diseño y el espacio en Argentina”, de 1988, y “El nonágamo semiótico: un ícono diagramático y tres niveles de iconicidad”, de 2003; el libro base Diseño como poética, el pensamiento de CJ de Germán Carvajal, en 2005), o los conceptos académicos aplicados por Lucrecia Escudero en Francia. Durante su segunda etapa en el diseño de muebles, luego de abandonar el pensamiento moderno a ultranza, replantea la manera de concebir un producto, ya no desde postulados funcionalistas –el equilibrio entre lo bello, lo bueno y lo útil–, sino desde búsquedas formales en las que se permite hacer concesiones. Tal es el caso en 1964 de la silla Mariposa, o en 1971 del sillón Copa, donde utiliza de manera virtuosa –para la época– materiales como planchuelas de acero curvadas en doble sentido. Los diseños guardan el significado de sus planteos teóricos, son manifiestos materiales en los que plasmó su proceso intelectual e ingenio.
“Para reproducir los modelos originales tuvimos que realizar un exhaustivo estudio del proceso formal y constructivo, recrear modos de producción de la época, como trabajar con un ebanista”, dice María Jannello. La editora trabaja una línea curatorial que implica desde la elección de piezas y análisis de sus contextos históricos hasta el nivel de operatoria de rediseño e identidad.
Encabezan el catálogo de lanzamiento la silla W modelo original, edición limitada, sólo cien unidades producidas con idéntico proceso a la original, y la versión seriada con policromados o enchapados en madera. La sigue la silla K, con sogas de colores, y su nueva versión criolla con soportes de cuero tensado
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¿Por qué la figura de Jannello no ha tenido aún la merecida puesta en valor?
WQ: En principio porque su acción se disemina en un mapa que supera Buenos Aires, que es el espacio de lectura y legitimación principal en Argentina. Su territorio de acciones incluye: Capital Federal, Mendoza y San Juan, Tucumán y La Plata; e internacionalmente, sobre todo Chile y Francia. Luego, porque algunas de sus obras estuvieron vinculadas a políticas combatidas en los procesos militares, lo cual obligó a destruir material y sufrió censura y ocultamiento. Además de vivir el proceso de eliminación de instituciones educativas, ámbitos de investigación y la desarticulación de grupos de trabajo, que borraba sus aportes.
También es compleja de abordar la diversidad de aspectos que involucran su trayectoria y la complejidad de su vida familiar.
CAROLINA MUZI
Periodista y cuaradora independiente de diseño.


