La exposición Transurbaniac, curada por Guillermo Santamarina, se presenta como parte del ciclo de exposiciones Fantasmas de la Libertad, en el Museo de Arte Contemporáneo (MUAC) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Este ciclo tiene el objetivo de buscar, más que una sola mirada, una postura ante los conflictos del pasado que no llegan a reconciliarse, y que la conciencia pública trata de sepultar en la ilusión de un pasado resuelto, y que se proyectan en el presente como fantasmas que ponen en tensión las relaciones entre historia oficial, las memorias subjetivas y la experiencia de la realidad, especialmente en el entorno de los países latinoamericanos, que comparten problemáticas y tensiones similares.
En un primer momento, esta exposición se basa en una “estética del caos” que refleja el sentido de lo urbano como una inmensidad convulsa, llena de trances cotidianos que entretejen a individuos y espacios de manera multidimensional. Parecieran temas inconexos y discursos múltiples a veces carentes de sentido.
Sin embargo, lo diverso de esta síntesis de posturas –que conjuntan piezas comisionadas, otras en préstamo de colecciones privadas y, en su gran mayoría, piezas provenientes del acervo del museo– muestra el espacio urbano como un espacio de experimentación, donde convergen la tecnología, el desorden y la postura particular de cada artista. A veces con una clara intención de crítica ante el presente y a veces con cierta desconfianza ante el futuro.

Con la cocuraduría de Cecilia Delgado, reúnen veintitrés obras de veinte artistas de gran reconocimiento tanto nacional como internacional, de distintas generaciones y propuestas estéticas.
Pedro Friedeberg (1937) expone, con su muy distintivo estilo, The Gioconda Palace During Mona Lisa Week, una obra del 63. En cuanto a fotografía, Rubén Gutiérrez (1972) presenta una serie de doce fotografías del año 2000, Objetos sobre La Habana. El fotógrafo Enrique Metinides (1934), cronista de los hechos trágicos de la ciudad, presenta una serie de ocho piezas sobre el rescate de un suicida en la cúpula de El Toreo en 1971.
Dos instalaciones, de Edgar Orlaineta (1972) y Ricardo Rendón (1970), de factura reciente, manejan un discurso sobre el espacio.
La videoinstalación Because the world is round it turns me on de Jerónimo Hagerman (1967), junto con los videos de Georgina Bringas (1975), Roberto de la Torre (1967), Enrique Ježik (1961), Gustavo Lebrija (1972) e Ilán Liberman(1969), intentan atestiguar y plantear reflexiones en torno a una posible identidad mexicana con base en símbolos y metáforas.

Abraham Cruzvillegas (1968), Gabriel Kuri (1970), Pablo Vargas Lugo (1968) y Eduardo Abaroa (1968) transitan por la escultura de manera sarcástica. Antonio O’Connell (1974) realiza una maqueta del edificio de la rectoría de la UNAM, aludiendo al lema de la misma, con el título Por mi raza hablaré sobre la muerte del espíritu… (del Arte, de la Arquitectura, de Dios).
Como intervenciones, están las obras de David Miranda (1977), Jorge Reyes (1956-2009), José Dávila (1974) y el colectivo Tercerunquinto, con el proyecto de una intervención no realizada aún, para el Museo de Ciencias y Artes, en el campus mismo de la Ciudad Universitaria.
Las visiones de cada artista se muestran unificadas con la intención de tener una gama de aproximaciones teóricas sobre el presente mexicano en un escenario global, en el que, en palabras de Santamarina, “la exhibición es una muestra que confirma que el arte es colisión de signos y reflejo del tiempo vivido en una ciudad hoy día, que concentra placeres, definiciones sobre la existencia individual, sobre la existencia compartida entre dos personas (memoria de seducciones), configurando la convivencia familiar (herencia de gustos), ponderando coincidencias; y es la materialización de las ilusiones (o lo contrario), las victorias espirituales, las apuestas estéticas, los terrores, y el sueño estéril de conjuntos sociales ante las imposiciones de los órdenes modernos y la institucionalidad en quiebra”.

Tanta multiplicidad de posturas personales y artísticas encuentran un hilo conductor en el tema de la identidad, ya sea a modo individual ante la condición urbana, o por el contrario, a modo de búsqueda de la identidad colectiva ante la problemática social y personal frente a una muy cuestionada modernidad, y en la cual pareciera que no hay más escenario posible que la catástrofe.
A veces como mera parodia, a veces como denuncia, otras como crítica y otras sólo como un simple registro, el artista se muestra como espectador de una realidad vertiginosa de múltiples facetas que contrapone al individuo con la masa, absorbiéndolo y alienándolo ante un panorama desesperanzado y melancólico.
El catálogo que acompaña a la muestra contiene, además de las imágenes de la obra exhibida, una serie de textos de reconocidos teóricos del arte que exploran las temáticas urbanas y sociales, postulando las posibilidades de enfrentar los retos globales de esta era.
El subtítulo de la exposición: emoción-artes y algunos trances citadinos, concreta bien el espíritu de la muestra, un devenir de desasosiegos, pero la certeza de que la creatividad y la imaginación son una vía alternativa a la calamidad.
ISAURA RUIZ

