Exposición Individualsept 2011 - nov 2011· Por Christine Frèrot

Saúl Kaminer

Galerie Thessa Herold

Para la tercera exposición individual de Saúl Kaminer (México, 1952), la galería Thessa Herold decidió presentar 28 obras escalonadas sobre un largo período de creación (1976-2010, pinturas, cerámicas, bronces y madera recortada), selección que muestra con pertinencia la evolución del trabajo del artista mexicano. Acompañada de un catálogo, esta minirretrospectiva, de recorrido no cronológico, permitió el acercamiento a una obra original que, a lo largo del tiempo, ha construido un diálogo permanente entre la narración y el espacio, expresando el amor nunca desmentido de Kaminer por la pintura. La práctica simultánea de la escultura (aluminio, hierro, vidrio, cartón, madera, bronce), la cerámica y la pintura (óleo y acrílico); el cruce entre la búsqueda formal, temática y narrativa; la imbricación entre la reflexión existencial y el arraigo cultural y espiritual; la inmersión en una doble cultura (México y Francia)1, nutrieron en momentos diferentes la elaboración de un discurso personal y libre, independientemente de la exigencia de las modas y de los desarrollos conceptuales en boga, estrechamente relacionado con el tempo de su propio ritmo físico y mental. Por otra parte, la lectura es para el artista un elemento indispensable del que extrae y luego forja la esencia de la trama conceptual y sensible de su obra, en donde aflora permanentemente la búsqueda de sentido, tejiendo el vínculo entre vida artística y vida real.

Exposición Individual: Saúl Kaminer — imagen 1
Saul Kaminer. La lucha con el ángel, 2010. Óleo sobre lienzo. 64 x 155 cm. (25 x 61 pulgadas).

Desde las primeras obras de los años setenta (en donde la influencia del surrealismo es patente, a la vez en las pinturas (Souffle animal o Aliento animal, acrílico sobre lienzo, 1976), las cerámicas y los bronces (Tatou, 1979), hasta las obras actuales dominadas por el borramiento de la presencia figurada en beneficio de un encaje de luces y sombras (La lutte avec l’ange o La batalla con el ángel], óleo sobre lienzo, 2010), pasando por las obras narrativas y simbólicas de los años ochenta y noventa (La tormenta, óleo sobre lienzo, 1988), se observa en Saúl Kaminer una fuerte atracción por la naturaleza, con la cual cultiva una familiaridad particular. La creación de un mundo animal mítico o real, objeto de todos sus imaginarios, se inscribe en la armazón invisible que estructura su espacio.

Si la exposición subraya el anclaje del artista a un mundo en donde la ficción permite la mirada y la reflexión sobre sí mismo y los demás a través de una figuración a menudo onírica, ésta conduce igualmente, al observador atento, hacia otras dimensiones, de las cuales la más evidente es esa apertura (material y simbólica) del espacio en la que nos introducen las obras presentes en la primera sala. Tres pinturas (Forêt intérieure o Bosque interior, acrílico sobre lienzo, 1980; La lutte avec l’ange o La lucha con el ángel, óleo sobre lienzo, 2010, y L’ombre de la terre o La sombra de la tierra, óleo sobre lienzo, tondo de 2011) abren esta exposición y le confieren todo su sentido. El cuestionamiento de la representación está aquí en acción; en 1980 comenzó con una especie de trenzado estilizado de formas abstractas de donde emergen cuerdas, ganchos, cabezas y esqueletos de pescado, dejando poca respiración al espacio, y desembó, veinte años más tarde, en la elección de la transparencia y la profundidad, sin renegar de ese aspecto de maraña que constituye la esencia de su dimensión constructiva. En una de sus últimas obras (el tondo citado anteriormente), la superposición en red de las formas y de sus sombras llevadas a dominantes verdes, rojizas y negras crea un universo de luces y sombras a la vez estructurado e inestable, permeable y opaco, límpido y misterioso, que no reniega para nada de las anteriores búsquedas del artista que sugerían universos tanto acuáticos como cósmicos. Pero aquí, lo que se percibe es el aire, un nuevo aliento anima las formas, un soplo venido del interior, del fuego de la Tierra, de lo más profundo de sí. La figura se ha desdibujado para dar lugar a una silueta fantasmal que observa o declara. En cuanto a la pequeña escultura de 2009 (El tiempo y la montaña, acero y latón)2, ella confirma la estrecha relación entre pintura y escultura en Kaminer.

Esencialmente organizada en torno a obras figurativas de los años setenta hasta los años 2000, la segunda sala nos lleva a otras realidades. Notaremos los dos pequeños óleos sobre tondos de 1992 y 1994 (L’équilibriste y Après l’incendie o Después del incendio), en donde se destaca el espíritu imaginativo de Kaminer, así como el gran lienzo La constellation du grand mystère (La constelación del gran misterio) (2008), en donde el tratamiento del color en volumen se integra al dominio de la geometría. Pero lo que retiene más nuestra atención son dos obras de técnicas y épocas diferentes: la pintura Sueño de un animal desollado (1985), que evoca mitos o rituales precolombinos, y sobre todo, su última escultura en gres, La maison de la baleine o La casa de la ballena (2010), donde los juegos entre geometría (líneas quebradas y reticuladas) y formas redondeadas subrayan la masa tan ligera y a la vez tan estructurada que se despliega como una arquitectura suave y subterránea. Con sus últimas creaciones, Saúl Kaminer nos invita a entrar con él en un mundo en donde, cada vez más, la narración va cediendo el paso a una reflexión meditativa.

NOTAS

1. “Être et devenir” (Ser y llegar a ser), entrevista de Christine Frérot, en Parcours interculturels, ediciones Peisaj, Montreal (Quebec), 2010.

2. Maqueta para una escultura de 14 metros de largo y 4 m de altura que será realizada en México en 2011.

CHRISTINE FRÈROT

Saúl Kaminer, por Christine Frèrot | artnexus