Exposición Individualsept 2011 - nov 2011· Por Marisol Martell

Santiago Rodríguez Olazábal

Pan American Art Projects

La primera exposición personal del artista cubano Santiago Rodríguez Olazábal, en la galería Panamerican Art Project, de Miami, supuso para algunos un reencuentro, y para otros, presenciar el acercamiento al tema de la religión afrocubana desde otra perspectiva. La muestra, en el salón principal de la galería, estuvo acompañada de la presencia, en dos salas pequeñas aledañas, de la obra del también cubano Manuel Mendive y del jamaiquino David Boxer, lo que permitía al espectador valorar las diferentes connotaciones y formas de confrontar e interpretar la cultura afrocaribeña, específicamente desde un punto de vista religioso. La asimilación de este tema siempre ha sido compleja, y por lo general el acercamiento del espectador neófito es cuidadoso.

Santiago Rodríguez nos presenta su obra desde la visión de quien la practica, la asimila y entrega después de un trabajoso proceso artístico. Desde muy joven, y por herencia familiar, Rodríguez Olazábal es iniciado en la santería o regla de osha, una religión meramente cubana, resultado del proceso de transculturación. Durante sus estudios en la Academia de San Alejandro, el artista encontró que este mundo tan cercano era su mejor fuente de inspiración y de creatividad. Su intención, desde entonces, no es narrar una ceremonia o contarnos un hecho literal, sino fragmentar, escoger una experiencia y elaborar su discurso. Su ojo es el de un receptor que asimila un hecho, lo interpreta y lo devuelve como una experiencia personal y social. 

Exposición Individual: Santiago Rodríguez Olazábal — imagen 1
Santiago Rodríguez Olazábal. Barco negrero, 2010. Técnica mixta sobre lienzo. 127 x 152,4 cm. (50 x 60 pulgadas). Foto: Magnus Sigurdarson.

Compuesta por más de 15 obras realizadas entre 2009 y 2011, la exposición ejemplifica muy bien la filosofía de Rodríguez Olazábal, quien a través de sus figuras "fuertes", delineadas en carboncillo, de hombres y niños, negros y blancos, ancianos y jóvenes, orishas y humanos, ejemplifica la amplia gama de personajes que forman parte de un mundo rico, ligado indisolublemente a la historia de la nación cubana y del Caribe. Barco negrero representa la entrada de un "mundo", la formación de una cultura. Con sólo el detalle de grandes pies atados, Santiago Rodríguez deja a nuestra imaginación la otra parte de ese gran cuerpo que representa a cientos de miles de esclavos que llegaron a un nuevo continente con mucho que aportar. 

Las religiones afrocubanas, y en especial la santería, suelen ser expresiones contingentes, donde se recurre por ayuda y salvación en el último momento, donde el practicante, aunque tiene una relación de respeto, se tutea con la deidad. La religión se enriquece de la experiencia del practicante, y viceversa, constituyéndose en un hecho cambiante que se adapta a la situación de sus practicantes. Sobre estas premisas resulta más fácil interpretar una obra que hurga en temas universales y comunes a la experiencia humana y a su historia. Cada cual con su carga, además de ser una bellísima pieza, nos coloca ante un anciano que agarra una sombrilla negra de la que pende una bolsa de yute. Ubicada en el centro de una composición apaisada, la primera lectura puede causarnos misterio; sin embargo, nada más cierto que la carga que llevamos al final de nuestras vidas y todo aquello que nos ensombrece, pero que no es más que el peso de lo vivido siendo, además, a lo que todos aspiramos: tener una vida larga, y lo que ello implica, que nuestro peso sea mayor. 

Otras piezas abordan directamente el tema de la religión, como Eyebale (sangre), una obra desgarradora, donde emana un chorro abundante de sangre de las manos atadas de un hombre. La extraordinaria fuerza de esta imagen es reforzada por el carbón del dibujo, que no permite distinguir detalles de la figura, sino que la convierte en una masa humana apenas siluetada.

Un aspecto que caracteriza la obra de Santiago Rodríguez, y que ha utilizado desde hace muchos años, es el texto. La palabra escrita refuerza el concepto de la imagen, la apoya y nos permite halar el hilo para comenzar a desenredar la madeja. Santiago Rodríguez Olazábal ha desarrollado unas obras enérgicas, poderosas, para las que utiliza el dibujo en carboncillo, permitiéndole acentuar la fuerza de los rostros y figuras, y al que incorpora elementos rústicos como sogas, trapos, madera, construyendo obras de instalación. Sin duda, su obra constituye uno de los más auténticos exponentes del arte cubano de las últimas décadas, por la sinceridad y el acierto en el acercamiento a temas tan intrínsecos de la cotidianidad y la cultura cubanas.

MARISOL MARTELL

Santiago Rodríguez Olazábal, por Marisol Martell | artnexus