Exposición Individualsept 2011 - nov 2011· Por Mónica Kupfer

Roberto Fabelo

Museo de Arte Contemporáneo

La exposición de Roberto Fabelo en el Museo de Arte Contemporáneo impresiona porque está poblada de personajes monstruosos y criaturas semihumanas en situaciones insólitas. Hay enormes calderos en los que se cocinan seres humanos, hombres que se están transformando en insectos, mujeres voluptuosas montadas a horcajadas sobre gallos gigantescos. Sin embargo, la sensación inicial no es de horror, sino de fascinación con estas imágenes de un mundo extraño, y, sobre todo, con la extraordinaria habilidad de dibujante que muestra este artista.

Fabelo es un verdadero maestro del disegno, palabra con la cual los renacentistas italianos describían el don que tienen algunos artistas para combinar la habilidad para dibujar con la capacidad intelectual para inventar la imagen. Su pericia con la línea impacta en todos los medios y soportes que emplea: tinta sobre papel, creyón sobre cartulina, acrílico sobre seda. Incluso, sus pinturas son dibujos, pues en lugar de trabajar con pinceles, por lo general dibuja con crayones de óleo que le permiten crear los rasgos rayando sobre la tela o, en muchos casos en esta muestra, sobre una base de vinilo templado a manera de lienzo.

Exposición Individual: Roberto Fabelo — imagen 1
Roberto Fabelo. No somos animales II, 2011. Óleo sobre vinil. 141 x 245 cm. (55 ½ x 96 ½ pulgadas).

La línea de Fabelo es inquieta, agitada, repetitiva. Lo suyo es un expresionismo casi físico que nos permite intuir los movimientos de su mano y la manera en que las líneas, ya sean paralelas, en curvas, o cruzadas, van construyendo la forma. Años de práctica en el manejo del claroscuro le permiten convencernos de la tridimensionalidad de sus personajes. A veces, Fabelo crea las formas partiendo del negro, al estilo de un grabador, formando una mezotinta (o grabado a la manera negra), en la que raspa y bruñe la plancha para producir los claros. La pintura titulada Gran huevo, por ejemplo, fue dibujada con crayones de óleo blanco sobre vinilo negro, de tal manera que el huevo emerge de un oscurísimo fondo. Dentro del cascarón quebrado, ovoide y tenebroso, vemos una muchedumbre zoológica, como en un arca de Noé. En otras piezas, Fabelo crea retratos sobre fondos negros, circulares como tondos, y en otras ocasiones utiliza un vinilo claro de tono cremoso, que recuerda un pergamino avejentado, sobre el cual traza su pintura en sepia dando la sensación de un dibujo antiguo.

En sus obras de la serie No somos animales, pinta un grupo de cabezas que combinan características de seres humanos con animales, como en un muestrario de tipologías exóticas. Estos “hombres” tienen orejas puntiagudas, cuernos que brotan de sus frentes, cabezas caninas encima de las propias, o antenas de insectos. Fabelo pinta hombres grotescos, generalmente representados sólo por sus cabezas, a las que incorpora elementos surrealistas. Sobre una de esas cabezas, se acumula una plétora de pequeños rinocerontes que inicialmente parecen una plaga de escarabajos; sobre otra, grandes moscas. A menudo, llevan cascos con la forma de caracoles Nautilus o de la cabeza de un pájaro.

Las mujeres de Fabelo reciben un tratamiento dramáticamente distinto al de los hombres. Ellas aparecen de cuerpo entero, con alas amarradas a sus espaldas como ángeles, con colas de pez como sirenas, o a manera de guerreras amazonas montando grandes aves de espléndidos plumajes. En el caso de En el jardín de tus sueños, la voluptuosa doña que hace de jockey sobre un hermoso gallo lleva un casco con el pico alargado de un ave, una armazón sobre los hombros para sostener sus alas y zapatos de tacón rojos. En la cadera y la rodilla, dos tornillos revelan que se trata de una mujer-muñeca con bisagras en las coyunturas, como nacida de alguna pesadilla. Finalmente, el fondo de color neutral lleno de pequeños pezones repetidos completa esta imagen de notable carga sexual, que sería una aventura para cualquier analista freudiano. Una sensación parecida nos produce la pintura Naturaleza casi viva, casi muerta, un óleo sobre tela que le da el nombre a la exposición. En esta obra, una masa de sirenas de pechos desnudos, algunas con cascos en forma de caracol, se tuerce y retuerce en el recargado espacio de lo que asemeja una cacerola desbordante de mariscos. El artista se deleita en pintar féminas con senos carnosos, vientres rollizos y nalgas rubicundas de una sensualidad exagerada, casi caricaturesca. Frente a la olla, en el primer plano, vemos un enorme tenedor que no deja duda de lo que el destino les depara a estas mujeres.

En otras ollas, con títulos como Calentamiento, Fabelo escenifica su versión del drama ecológico global mostrando cómo el líquido, probablemente caliente y seguramente peligroso, se derrama por el borde hacia nosotros. En algunas ollas hay sólo el desbordamiento amenazante y en otras vemos flotando animales que reconocemos por sus cabezas asomadas de la masa líquida: un hipopótamo, un rinoceronte, un hombre. A Fabelo le preocupan los problemas ecológicos del planeta y la relación del hombre con el mundo animal, y con obras como éstas hace una declaración importante. Sin embargo, lo que deja huella en nuestras mentes son las pinturas que se refieren a inquietudes fundamentales del ser humano como el existencialismo, la sexualidad y el balance entre lo que soñamos y lo que creemos es la realidad.

MÓNICA E. KUPFER

Roberto Fabelo, por Mónica Kupfer | artnexus