Exposición Individualsept 2011 - nov 2011· Por Diana Marcela Cárdenas

Matías Duville

Nueveochenta

¿Cómo se movería el humo si fuera agua? ¿Qué pasaría si el fuego no tuviera gravedad? ¿Cómo luce un mar caótico congelado, con sus olas petrificadas? ¿Qué ocurre con ese pájaro que ya no tiene cabeza? Éstos son algunos pensamientos, acciones vanas porque son imposibles, donde lo que fue ya no puede volver a ser; queda como resultado un encadenamiento de dibujos y pinturas que son fiel reflejo de la trémula creación de Matías Duville. Preguntas como éstas, alrededor de la transformación y la modificación, la destrucción y la reconstrucción, son el punto de partida para la creación de una serie de obras entre figurativas y abstractas, que parecen producto de un sueño, que habla de viajes imposibles y paisajes desolados.

Whistle es el título de la muestra que tuvo lugar en la galería Nueveochenta, una muestra constituida por 12 obras entre pinturas y dibujos de gran formato, en su mayoría en las cuales no sólo se destaca el imaginario conceptual del artista, sino también su reflexión e investigación sobre el uso de diferentes materiales, que van desde el bolígrafo, pasando por el carboncillo, acrílico, hasta llegar a placas de conglomerado, plástico, entre otros. Esta mezcla de diferentes materiales genera una gran tracción entre el procedimiento de elaboración y las acciones representadas, dando como resultado una variedad de imágenes que emergen sobre diferentes soportes.

Exposición Individual: Matías Duville — imagen 1
Matías Duville. Independiente, 2010. Carboncillo sobre papel. 150 x 325 cm. (59 x 128 pulgadas).

El título de Whistle hace referencia a la obra de animación que el artista hizo; consiste en una hilera de casas con chimeneas que botan humo generando una melodía nocturna: "Por momentos es como si literalmente las casas silbaran. Me acuerdo que estaba en el taller dibujando y tuve la idea de tratar esta aldea como si las chimeneas de las casas fuesen los agujeros de una flauta".

Duville es un narrador de historias donde a la vez hay mucho de física y química; la muestra curada por Sonia Becce tiene que ver con la expansión del mapa, crea desconcertantes superficies que semejan cartografías en relieve, áreas geográficas abiertas que para el artista son un viaje hacia la creación, donde tiene la posibilidad de dar lugar a sus propias transformaciones naturales, viajes que puede expresar a través del dibujo: "[-] ahora quiero que venga esta piedra y se eleve [-] ahora quiero que el agua se mueva como el fuego [-] ahora el río se congela [-]". 

A lo largo de la muestra se evidencia la influencia que la naturaleza tiene sobre Duville como algo que ha estado siempre en sus dibujos; los fenómenos sobrenaturales y extraños hacen plasmar en sus obras ideas que provienen de distintos lugares, dando como resultado un experimento sin objetivo aparente de caos natural, creando paisajes o imágenes abstractas producto de una mezcla entre naturaleza y caos.

Duville, en lugar de sentirse como alguien que produce obras, se siente como aquel que deconstruye y construye. La serie de obras está influenciada por una búsqueda de un terreno lejano, pero existente; en la elaboración de esta muestra inicialmente el artista trató de hacer unos dibujos a manera de anticipo mental, como imaginando los paisajes de Alaska; luego realizó un viaje, y sobre el territorio produjo otra serie de dibujos; en este segundo ejercicio es donde se da un gran cambio, una especie de frontera real que direcciona la obra hacia diferentes lugares; como resultado, la segunda serie hecha en campo fue absolutamente emocional, individual, mientras que el primer grupo de dibujos hechos intuitivamente se influenciaban uno del anterior.

Las obras de Duville, a pesar de ser dibujos estáticos sobre papel, tienen algo de cinematográfico; cada uno de ellos desarrolla una especie de película, una road movie, con la peculiaridad de ser impredecible, de múltiples y simultáneos comienzos, que deja en el espectador un toque de ansiedad. Las imágenes se transforman en cortos de memoria de hechos conocidos, que se van desintegrando para reconstruirse de otra manera.

El artista quiere que converjan la iconografía que plantea en sus obras y el modo en que éstas se definen. En su trabajo se plantea una mezcla entre lo natural y lo sobrenatural, la ficción y la realidad, característica que convierte sus obras en escenarios oníricos. Escenarios construidos a partir de la creación y la destrucción, donde existe latente la transformación, donde lo fantasioso es producto de la proyección de la mente, que va de la mano de la realidad tal cual la conocemos.

DIANA MARCELA CÁRDENAS

Matías Duville, por Diana Marcela Cárdenas | artnexus