En su exposición El otro paisaje, en la Galería Luisa Strina, Laura Belém introdujo una nueva mirada sobre la metrópolis. Laura ha desarrollado sus proyectos site-specific valiéndose de referencias presentes en el medio urbano. Esa artista, que vive y trabaja en Belo Horizonte (Minas Gerais) se ha destacado en la escena contemporánea como persistente investigadora del estatuto del paisaje. Su proceso de creación revela una vocación consciente para reflexionar sobre los lugares del tiempo y de la naturaleza humana.
En su poética visual la artista confiere un destacado papel a la especificidad del lugar.
Podemos seguir el interés de la artista por la reinvención del paisaje desde su participación en la 51 Bienal de Venecia, por invitación de la curadora Rosa Martínez, con la obra Enamorados, 2004-2005, instalación compuesta por dos barcos, reflectores y un timer, situada en la laguna de Venecia. En esa instalación, la presencia de un código de señales luminosas alternadas y pensadas para crear una forma de comunicación entre los “barcos-amantes” establecía una nueva dinámica de fluidos en un paisaje acuático, sinónimo de la percepción del lugar, recreado por la artista.

Para la exposición de la Galería Luisa Strina, Laura Belém propuso un recorrido por la ciudad de São Paulo, que codificó en dos instalaciones: la primera, La gran onda, un trabajo colgado, elaborado con base en los recortes sinuosos del Edificio Copan –importante estructura en concreto armado del país–, y la segunda, denominada Jardín de Esculturas, un encuentro de la geometría de la metrópolis, recreada con pajillas de plástico.
Caminar por los espacios públicos de la ciudad de São Paulo remite al asfalto y al concreto como guías constantes, entre los edificios y las arterias de un cuerpo urbano que vibra con la vitalidad y el caos de un paisaje congestionado. Sin embargo, Laura Belém buscaba otro sesgo para ese desencuentro del espacio urbano, para ese “paisaje congestionado”, cuando creó una dimensión lúdica para nuestra percepción.
Cada marca visual de esa ciudad fragmentada y reinventada por la artista buscaba niveles de reflexión en las evidencias de un intervalo de tiempo vivido en la poética de ese espacio urbano.
En ese contexto, la artista propuso un recorrido, Jardín de esculturas, 2011. La obra consta de una fina capa de material negro (5,75 x 2,82 m) dispuesto sobre el piso de la galería, y pigmentado por pequeñas esculturas de pajas plásticas. La fina capa de material negro podría remitirnos a la continuidad del asfalto –elemento omnipresente en la metrópolis– permitiendo al visitante dudar sobre la sustancia presente en la instalación: ¿sería asfalto, mármol, limadura de hierro, betún?
Ante la incertidumbre sobre la materialidad de este “otro paisaje”, el visitante se veía convidado por el ambiente a modular la mirada –aproximarse, observar el “jardín” desde diversos ángulos, desplazarse– para, entonces, recomponer una lectura investigativa del lugar.
El desplazamiento propuesto por la obra situaba al espectador en el marco de una miniatura silenciosa de un “jardín de esculturas”, ante las evidencias de una arte del encuadre, restaurando asociaciones libres de espacio y tiempo.
Laura Belém convidaba al espectador a una “pausa” en la cotidianidad de la megalópolis, para situarlo en otra posibilidad de lectura de la memoria de la ciudad de São Paulo. La artista recurrió a la memoria de ese territorio urbano encarnado en la instalación que vislumbraba el sinuoso Edificio Copan, famoso complejo habitacional y comercial de São Paulo. En esta forma, la artista reinventó la estructura emblemática de la construcción proyectada por Oscar Niemeyer, entre 1951 y 1966, referente de la arquitectura moderna brasilera.
Su creación registraba también una dimensión casi olfativa de la memoria de la infancia, al utilizar las pajas plásticas para componer las siluetas curvadas de esculturas asentadas sobre un hipotético parque urbano, en escala reducida.
El parque urbano recontextualizado por la artista convidaba al espectador a la construcción de otra situación espacial; convidaba al desencanto consciente de ese intervalo temporal alterado.
La dimensión investigativa de la poética visual de la artista establece un nuevo horizonte para el dominio del paisaje, subvierte las expectativas habituales frente al entorno arquitectónico de la ciudad y, definitivamente, instaura una pausa necesaria al desencuentro cotidiano de nuestra experiencia perceptiva.
La muestra El otro paisaje tuvo lugar del 10 de mayo al 18 de junio de 2011 en São Paulo, imaginada por Laura Belém como un respiro esencial en el congestionado ambiente de una metrópolis poco atenta al ritmo de sus propios habitantes.
CLAUDIA FAZZOLARI
