Exposición Individualsept 2011 - nov 2011· Por Katherine Chacón

Julio Pacheco-Rivas

Galería La Cuadra

Se presentó en los espacios de la Galería La Cuadra, y bajo la curaduría de Miguel Miguel, la exposición Trabajos recientes de Julio Pacheco Rivas (Caracas, 1953).

De formación autodidacta, Pacheco Rivas tuvo precoces comienzos que fueron acompañados de reconocimiento. Para mediados de la década de 1970, cuando su obra empieza a mostrar un particular interés por la construcción de espacios laberínticos y por el uso de un cromatismo de tonos pasteles, se hizo merecedor del Premio Arturo Michelena (1976), galardón de indiscutible importancia para la época. Un año más tarde viajó a París, ciudad en la que residió por 10 años y en la que desarrolló una intensa actividad artística. Tras su retorno a Venezuela, Pacheco Rivas ha venido creando, con perseverancia y apego a un lenguaje personalísimo, una obra consistente, producto de un decantado planteamiento formal, que le ha otorgado el sitial que de por sí detenta dentro del panorama del arte contemporáneo venezolano. 

Exposición Individual: Julio Pacheco-Rivas — imagen 1
Julio Pacheco Rivas. La espigada y alta Sally, 2011. Acrílico sobre tela. 235 x 110 cm. (92 ½ x 43 ¾ pulgadas).

La exposición Trabajos recientes estuvo integrada por diez piezas creadas especialmente por el artista para los espacios de la galería. Estas piezas dan cuenta del desarrollo que ha tenido la obra de Pacheco Rivas en los últimos años, proceso que él ha entendido como el resultado de una lógica evolución de sus indagaciones previas. Ciertamente, desde mediados de la primera década del siglo XXI, este creador había estado elaborando piezas que señalaron un momento crucial en su trayectoria, dado por una agudización en las relaciones entre la percepción ilusoria y su representación en el plano como elemento abstracto. Para entonces, sus vistas de paisajes ficticios -en donde predominaban el dibujo de una arquitectura fantástica y espacios solitarios, tratados en perfecta perspectiva cónica- cambiaron, al abandonar la corporeidad de los volúmenes y objetos, que comenzaron a ser descritos a través de siluetas. La obra se hizo "plana", propiciando una particular experiencia perceptiva en el espectador, que se debatía entre esta planitud del cuadro, construido por siluetas negras sobre un fondo blanco, y el espacio profundo al que aludía la representación -sugerido por la memoria que tenemos tanto de las formas en sus rasgos más simples como de los anteriores trabajos del artista-. Esta contracción del vocabulario de Pacheco Rivas hacia soluciones monocromas y planas fue consecuencia del juego imaginario que el artista estableció en la percepción de sus propios paisajes fantásticos, ahora vistos y representados a "contraluz".

Pacheco Rivas reconoce el tema de la luz y el de la memoria retinal como aspectos fundamentales para la sustentación del cambio formal que su trabajo ha experimentado desde entonces. La luz es un elemento importante en este juego que el artista ha establecido en la percepción imaginaria de sus espacios fantásticos, y que se da desde dentro del cuadro, como espacio ilusorio en el que algo ocurre y que se manifiesta en el plano como una novedad representativa y perceptiva. La luz que avasalla y aplana los objetos está dentro de lo representado, desdibujando volúmenes y desapareciendo colores. La memoria retinal tiene un papel determinante desde afuera, desde la percepción del espectador, que intenta captar, desde su experiencia perceptiva previa, la resolución espacial encubierta por el efecto transformador de la luz en las formas y los volúmenes.

En Trabajos recientes estas indagaciones se profundizan. Con mirada casi renacentista el artista experimenta con la incidencia de la luz sobre los objetos que se despliegan en sus espacios imaginarios. La luz, poderosamente incidente, se vuelca tangencialmente sobre el espacio, creando un efecto de alto contraste. Ya no aplana las formas, sino que las desarticula, haciendo abstracta las relaciones racionales de los volúmenes. Manchas abstracto-geométricas negras se despliegan en un espacio blanco, siguiendo ritmos arquitectónicos, rondando un espíritu constructivo que, sin embargo, se hace elusivo. El cuadro, además, deja muchas veces sus límites, fundiéndose con el espacio de la pared, como puede apreciarse en piezas como Fat Sally I o Fat Sally II.

Nuevamente el ojo, haciendo gala de su memoria, reconstruye este caos abstracto en imágenes de aquellos paisajes solitarios y fantásticos tan propios del artista, o en un detalle, un fragmento, de un todo que parece ahora más hondamente desierto ante la intensa luz, propiciando, como lo ha señalado Pacheco Rivas, imágenes que son como "vapores de la perspectiva".

El trabajo retinal se hace aún más complejo en las piezas llamadas Detalles, en las que el artista se centra en la "representación" de un fragmento de algunas de las piezas más grandes. En éstas, su pertenencia al conjunto de la sala contribuye al juego de hacerlas "reconocibles" como partes de una imagen mayor. Por otro lado, su independencia como conjunto de formas geométricas dispuestas sobre un fondo hace enriquecer este juego perceptivo entre lo que es abstracto y lo que representa, tan caro a la actual poética del artista.

KATHERINE CHACÓN

Julio Pacheco-Rivas, por Katherine Chacón | artnexus