Juan Fernando Herrán

Espina dorsal sección 1, 2009 - 2010. Madera. Dimensiones variables.

Exposiciónsept 2011 - nov 2011· Por Ricardo Arcos Palma

Juan Fernando Herrán

Espina dorsal. NC-Arte

En Bogotá existe desde hace muy poco tiempo NC-Arte, un espacio expositivo que, según su director Guillermo Ovalle, se constituye en “un programa cultural y educativo de la Fundación Neme, que tiene como propósito contribuir al desarrollo y crecimiento de las artes visuales en la sociedad colombiana. Su misión es promover, investigar y contextualizar el arte, por medio de exposiciones y proyectos¿multidisciplinarios que lleven a la reflexión. NC-arte es un espacio sin¿ánimo de lucro”. En este espacio encontramos expuesta Espina dorsal.

Juan Fernando Herrán es uno de los artistas contemporáneos más destacados en Colombia; su obra se ha articulado en los últimos años con una reflexión que va desde los cultivos ilegales hasta la construcción de las bases militares, donde la pregunta por la legalidad es resuelta de una manera magistral. Podemos decir que su obra hace parte de lo que he denominado los otros realistas o alterrealistas, quienes insisten en poner en el centro de su creación artística la realidad misma que nos rodea.

Su obra más reciente, Espina dorsal, se basa en las estructuras sociales e históricas, en las construcciones urbanas informales y en la apropiación de lugares imposibles, donde el habitar en condiciones precarias deviene una opción de vida para buena parte de la población colombiana, y quizá de Latinoamérica, inmersa en una gran depresión social. Esta obra tiene la virtud de materializar una cierta utopía, donde el progreso como promesa de felicidad y confort del proyecto moderno ha fracasado por completo, y donde la marginalidad termina propiciando formas de habitación que transforman el paisaje urbano y el espacio público.

Exposición: Juan Fernando Herrán — imagen 1
Lugar propio, 2008. Impresión inkjet. 161 x 108 cm. (63 ¼ x 42 ½ pulgadas). Edición de 5.

Entre Escalas y Espina dorsal: la fotografía como eje articulador

Esta obra eminentemente fotográfica, en los términos de Rosalind Krauss, tiene dos antecedentes expositivos: el primero se denominó Proyecto Escalas, que se inició como una investigación plástica desarrollada durante el Encuentro Internacional de Prácticas Artísticas Contemporáneas, Medellín (2007), en la que el artista debía realizar un proyecto vinculado con la ciudad. El punto de partida de esta obra era buscar una interpretación de la escultura pública y crear un parangón con las construcciones de viviendas informales. En ese momento, Herrán documentó las construcciones informales del espacio público que pululan en los barrios periféricos (comunas) de Medellín, que para él tienen una verdadera dimensión escultórica; en ese primer momento, la fotografía sirve de material de indagación escultórica: registro de las piedras usadas que hacen parte del mobiliario urbano improvisado, y generalmente decoradas con los colores de los equipos de fútbol locales (el Nacional y el Medellín), que devienen una referencia para las clases populares, registro de las construcciones y de sus lugares de acceso que son esas escaleras que serán el centro de la obra de Herrán.

Luego, el artista documentó las escaleras de acceso a las viviendas de los barrios construidos informalmente en las laderas de las montañas. De esta manera, surgen las escaleras como elemento fundamental en su búsqueda plástica, pues éstas tienen una forma irregular, siguiendo la topografía escarpada del lugar; hecho que seduce al artista y le da pie para continuar con su proyecto. Estas construcciones son para Herrán un verdadero “espacio público”, resultado de la apropiación del lugar por parte de sus habitantes. Hasta este momento, lo que le interesa al artista es una reflexión fotográfica sobre lo que se considera un elemento estético en estos barrios, conformados en su gran mayoría por el desplazamiento rural que dura décadas en el país.

El segundo antecedente se desarrolló el año pasado en Menos tiempo que lugar, una exposición itinerante enmarcada dentro de la celebración del Bicentenario de la Independencia, curada por el alemán Alfons Hug, la cual reunía los trabajos de artistas que indagan sobre la utopía bolivariana en el presente, entre quienes se destacaban Narda Alvarado, de Bolivia; Frank Semper, de Alemania; Fernando Gutiérrez, de Perú, y Claudia Aravena, de Chile. Uno de los proyectos incluidos dentro de esta curaduría fue precisamente Espina dorsal, instalación pensada expresamente para el Palais de Glace de Buenos Aires. La obra ponía en escena el proyecto Escalas, presentado en Medellín, mediante una serie fotográfica, y a su vez, los procesos de construcción informal del espacio público característicos de los barrios periféricos de Medellín y quizá de cualquier ciudad latinoamericana, a manera de escultura en madera.

En ese momento la obra se configura a partir de un documento fotográfico de 1910 realizado en la celebración del Centenario de la Independencia. En esta imagen podíamos ver una estructura de madera que superaba la escultura de Bolívar, donde estaba la bandera de Colombia; tal estructura servía para coronar al Libertador durante el acto de celebración. Lo que sorprende al artista es la construcción en madera que supera la escultura misma del Libertador. En Espina dorsal la estructura se proyectó como una construcción semejante a la de esa fotografía. Pero en el palacio de Buenos Aires ya no había celebración ni héroe que coronar ni tampoco bandera. Además, la construcción carecía de punto de apoyo, es decir que la Espina dorsal no podía ya sostener nada en sí, como si el proyecto utópico del Libertador ya no tuviese sostén o pie de apoyo en estos tiempos.

Exposición: Juan Fernando Herrán — imagen 2
Itinerarios 2, 2008. Impresión inkjet. 163 x 514 cm. (64 x 202 ¼ pulgadas). Edición de 5.

Espina dorsal: frágil estructura del progreso moderno

La versión que se ha proyectado para NC-Arte en Bogotá es una gran instalación que recoge los dos proyectos anteriores, con fotografías, maquetas y estructuras en madera, y que alude directamente a esas estructuras de madera burda y a las construcciones informales que conoció Herrán durante su estadía en Medellín y su proceso de investigación. En la muestra hay una serie de fotografías que nos revelan esos lugares donde las escaleras de cemento se convierten en verdaderas intervenciones urbanas informales, donde las necesidades individuales terminan siendo una respuesta colectiva de dominio del territorio para la habitación marginal. Las imágenes nos muestran esas construcciones elaboradas, con cierta insolencia poética, dentro de la precariedad económica en lugares imposibles. Las escaleras, construidas no de una manera rígida sino más bien orgánica, logran generar una atracción para Herrán, quien va a estructurar su obra alejándose, eso sí, de cualquier intención social. La construcción que realizó en esta ocasión el artista se acopla perfectamente al espacio expositivo, dando al lugar un aspecto de construcción en obra negra. En una de las paredes encontramos unas formaletas de madera que sirven para fundir los costados de las escaleras de cemento. Esto recuerda la superficie de las escaleras fotografiadas por Herrán, donde lo bello y la perfección son cuestionados por la funcionalidad misma pero resaltando esas formas que se alejan de su función, para devenir una disculpa escultórica. Ese juego de piezas se aleja por completo de la imagen de la estructura inicial y se convierte prácticamente en un dibujo donde las sombras proyectadas en la pared y el suelo generan un movimiento bastante interesante, y donde las formas aserradas son protagonistas. Estas “formaletas” quizá sirvieron para construir escaleras en las laderas de Medellín, pero esto poco importa: aquí hay una exaltación de las formas y una apuesta al material, en una clara recuperación del formalismo.

La estructura se divide en varias escaleras que no son escaleras, pues no permiten subir. Sorprende que esa Espina dorsal –que no es otra cosa que un punto de apoyo y sostén de un cuerpo, en este caso de la construcción asumida como esa anatomía de la vivienda– es una “columna vertebral” maltrecha, que no nos permite subir a ninguna parte, que no tiene ningún punto de apoyo donde poner el pie, y tampoco puede posibilitar la subida, sino más bien la inevitable caída. Son falsas escaleras. En este sentido, la Espina dorsal es una verdadera anticonstrucción o preconstrucción, un no apoyo y una verdadera negación de la utopía urbanista de la modernidad, que ya no puede responder a la superpoblación y el hacinamiento productos de la miseria circundante de nuestras ciudades, que pretenden haber superado la modernidad.

Exposición: Juan Fernando Herrán — imagen 3
Estratos, 2011. Madera. 330 x 280 x 180 cm. (130 x 110 x 70 4/5 pulgadas). Edición de 3.

En Espina dorsal las escaleras son algo en potencia, una especie de promesa del confort y comodidad, pues el espacio está en construcción y parece haber quedado en un punto intermedio o en una especie de obra negra. Estas estructuras materializan de una u otra manera la utopía fundamentada en la promesa del progreso moderno, que parece no haber llegado a estos barrios marginales. La utilización de la madera sin tratamiento alguno y la precariedad de una ilusión en el futuro nos recuerdan, cómo no, a la Torre de Tatlin, donde la utopía de la construcción colectiva de la Tercera Internacional Socialista es aquí desarticulada y descompuesta en varias escaleras que no llevan a ninguna parte, que no permiten ni siquiera poner un pie en ellas. Si la torre de Vladimir Tatlin nunca fue construida y quedó sólo al nivel de maqueta, aquí parece haber sucedido algo similar, donde el progreso social moderno no ha logrado de ninguna manera satisfacer las necesidades más inmediatas, como las de un habitar digno.

Lejos de exaltar esas maneras de apropiación precaria del territorio por parte de la marginalidad, lo cual sería inconsecuente con la realidad de sus habitantes, en esta obra se trata más bien de hacer visibles las bondades y las dificultades de habitar en lo inhabitable. ¿Cómo es posible que en esos lugares imposibles se puedan construir habitaciones y sus habitantes puedan vivir en ellas? Esta pregunta parece ser sin duda la esencia del trabajo de Herrán, que logra alejarse de todo anecdotismo y altruismo social para desplegar una reflexión plástica sobre las escaleras como material urbanístico, metafórico, y como material plástico-escultórico.

Con este referente, el artista logra recordarnos que la escalera surge como resultado del ingenio humano en la Antigüedad por la supervivencia, para escapar de los peligros que acechaban en el suelo. Luego, las escaleras devienen el lugar para ascender en busca de una cierta espiritualidad, donde las ciudades sagradas, como las de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, y Cuzco, en Perú, logran convertirse en santuarios de difícil acceso. Hoy parece suceder todo lo contrario: las grandes laderas se construyen, y para facilitar su acceso se realizan estas escaleras, que para Herrán tienen una dimensión escultórica.

RICARDO ARCOS PALMA

PhD en Artes y Ciencias del Arte. Coordinador de la Maestría en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad de la Universidad Nacional de Colombia.

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