La trayectoria creativa de Jesús “Bubu” Negrón, uno de los artistas conceptuales más importantes de su generación en América Latina, deja claro que estamos ante un artista de profundidades y provocaciones. Recordemos algunas de sus obras mas importantes: sus numerosas exposiciones/proyectos internacionales que van desde pequeños pueblos en Centroamérica hasta los Emiratos Árabes, sus cotizados Colillones –enormes colillas de cigarrillos, a lo Claes Oldenburg pero dentro de un postmo-pop–; su invitación a Art Basel-Miami (2003), la Trienal Poligráfica de San Juan, con su VELA Parking Service (2004); su Rosa tecata (una flor gigantesca hecha con hojas de plátano, como las que hacen en pequeña escala los drogadictos en San Juan con las pencas de las palmas para vendérselas a los turistas y poder comprar su “cura” o dosis del momento), presentada al lado de la rosa de Pistoletto; su participación en la primera Torino Triennale Tremusei, Turín (2005); el proyecto final de su residencia en Utrecht, Holanda, a finales de 2005, donde interviene cientos de bicicletas forrándolas con tape fluorescente y haciéndolas transitar de noche por la ciudad; su “Pica” puertorriqueña (una máquina que hace que corran unos pequeños caballos de carreras como si estuvieran compitiendo en un hipódromo), exhibida en 2006 en Puerto Rico bajo el titulo de Picas, museos y ferias, obra que finalmente se exhibió en Art Basel, Suiza (2006), y su invitación a participar en la Bienal del Whitney (2006), donde el artista toma una mesa de un vendedor africano de los que ofrecen artesanías fuera de los museos y un carrito de venta de hot dogs, y simplemente los coloca dentro del museo bajo el titulo de Honoris causa. Y todas tienen algo en común, su propuesta: “Un tributo a los verdaderos artistas, los artistas de las sobrevivencias diarias”. Su discurso estético y ético es claro y contundente: “Sacar de contexto lo cotidiano, lo que revela la vida del hombre común y el mundo de injusticias en que vive, y presentarlo, en los espacios elitistas de las ferias de arte y bienales de importancia”.

No obstante, también hay que reconocer que “Bubu” es magníficamente impredecible y que no deja de sorprendernos al materializar en sus obras algunos de los laberintos donde habita en su mente. Y aquí la razón de su nueva exposición: Low budget. “Bubu” –como tantos artistas visuales– ha sido impactado por la crisis económica (en los últimos años a veces se ha tenido que dedicar a ser jardinero o recurrir a la música, otra de sus pasiones), y después de Allora & Calzadilla, continúa siendo uno de los artistas puertorriqueños jóvenes más cotizados en el mundo de las artes visuales globalizadas. El problema, como dice el artista, es “que yo ya no puedo vivir de proyectos que van más encaminados a la exposición y prestigio internacional de un artista”.
Ante este escenario, “Bubu” (Arecibo-Barceloneta, Puerto Rico, l975) decidió abrazar la realidad económica y jugar con la venta del arte.
Esta exposición tiene que ver con una mirada realista sobre la influencia que han tenido el desastre económico actual –en Puerto Rico y todo el mundo– y el mercado del arte local e internacional sobre los artistas jóvenes. Por lo tanto, “Bubu” decidió “hacer dibujos pequeños de gran calidad pero accesibles económicamente, o sea, baratos. Para esto, “Bubu” hizo más de 350 dibujos (en papel 9” x 12”) impecables y efectivos, de los cuales se expusieron sólo 120, sobre lo cotidiano, lo que nos hace “la gente”: fuentes, monedas, mesas, gallos, extintores, ositos de peluche, estatuas, dedales, edificios, etc. La exposición fue un éxito económico y profesional. “Fue divertido; me apropie y traduje lo que me rodea, lo cotidiano, y lo dibuje, convirtiéndolos en pequeños poemas o antipoemas”.
Este artista tímido y callado, del que la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico no reconoció su talento en su momento, y quien había afirmado que “ser artista es mejor que trabajar en McDonald’s…”, nos envía un mensaje contundente en Low budget: solidaridad, respeto y compasión. “Bubu”, a quien siempre he considerado un portavoz de las inquietudes del proletariado, no sólo plasma sus sentimientos en cada uno de sus proyectos importantes sino que nos hace cómplices de cada una de sus propuestas sobre la naturaleza y la dignidad humana.
Lo que dijo el artista argentino Leopoldo Maler de su propia obra: “Yo utilizo el arte como lenguaje de efecto”, aplica enormemente a la obra del puertorriqueño. Lo vimos en La promesa (2003), donde el artista va a documentar –por medio de fotografías, dibujos, escritos, videos, grabaciones, y hasta la silla de ruedas que usó para transportarse en su última borrachera– la promesa que le hizo a su madre de dejar de beber, ya que estaba perdiendo el control de su vida. Este viacrucis, este exorcismo, que comenzó en Puerto Rico y terminará en México, y que ahora se exhibe en el Museo de Arte de Puerto Rico (después de exhibirse en varias ciudades del mundo), es una extraordinaria narración de un momento muy difícil de su vida pero que logra en convertir en catarsis colectiva.
Otra vez, Jesús “Bubu” Negrón nos demuestra que no sólo es testigo de la condición humana sino portavoz/poeta/cronista –con un panorama de 360 grados– de lo que nos está ocurriendo al principio del siglo XXI.
MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA
