La muestra Archivos de Germán Arrubla es una reflexión plástica sobre lo que significa "el cuidado de sí mismo", expresión que se encuentra en estrecha relación con la idea de cuidar de la memoria, que, en este sentido, haría parte fundamental de nuestra mismidad. Cuidar la memoria para el artista es realmente importante frente a la desaparición inevitable de nuestra corporeidad: la muerte. Para sobrevivir a la muerte hay que recordar, propiciar y cuidar del recuerdo. Ésta parece ser la esencia esencial de Archivos. Para el artista, el texto Cámara lúcida de Roland Barthes es una revelación, pues lo fundamental de esta obra es absolutamente fotográfico, así en su mayoría esta exposición sea objetual.
Para dar forma a esta exposición el artista se apoya conceptualmente en el concepto griego de epimeleia, utilizado por el filósofo Michel Foucault, quien insistía en el "cuidado de sí mismo", en lugar de la antigua premisa de "conócete a ti mismo". La muestra está compuesta por varios fragmentos que tienen relación con la ausencia del cuerpo. En lugar de los cuerpos, como recuerdos contundentes de nuestro paso por este mundo, vemos, por ejemplo, una serie de fotografías (postalinas) que nos recuerdan la Belle Époque, donde hermosas mujeres muestran con coquetería sus elegantes prendas y atuendos propios de la moda de esos años de esplendor. Estas imágenes, nos recuerda Arrubla, son un diálogo con el pasado y un intento por mantener viva la memoria.

Esas fotos están dispuestas una a una dentro de cajas negras, empiladas una sobre otra a manera de muro, donde unos cristales-lupas nos hacen ver detalles de las expresiones de las modelos o de sus prendas. Imágenes coleccionadas preciosamente por un individuo que dejó de buscarlas –nos cuenta Arrubla–, cuando su hermana desapareció y luego la encontró en las neveras de una morgue. Poco importa la relación existente entre el deseo de coleccionar estas postalinas y la hermana del personaje. Lo que importa aquí es la relación entre la muerte y la fotografía; como dice el artista: "la fotografía es la conexión con el otro y con el ahora". Esa relación temporal y personal logra darle a este fragmento un carácter enigmático.
Otro de los fragmentos de la exposición es La bitácora de los muertos: un libro de registro de defunción encontrado en la morgue del Hospital San Juan de Dios, cerrado desde hace años por falta de presupuesto. Este libro deja ver una serie de nombres, fechas, y otros datos de personas que no conocemos. Sin embargo, pese a eso, esta bitácora logra conmovernos al ver cómo la muerte se contabiliza y archiva. Este registro de la muerte parece ser la única posibilidad para esos ausentes de permanecer en la memoria.
En la sala podíamos también observar cuatro bolsas negras mortuorias del tamaño de un cuerpo humano: una de ellas contenía una postalina similar a la que veíamos en la primera obra aquí descrita; la bolsa entreabierta deja ver el rostro de una modelo, como si tratase de un cadáver al cual venimos a decirle un último adiós. Otra bolsa contenía una serie de cartas que el artista conserva cuidadosamente, pertenecientes a personas cercanas a él y que yo no existen; la idea de la correspondencia y de ese diálogo con la memoria es aquí fundamental. La tercera bolsa está llena de pañuelos recién comprados, como insistiendo en la idea de que es inevitable nuestra partida de este mundo y que hay que "prepararse para llorar", dice Arrubla; la última bolsa, que parece contener un cuerpo, en realidad está vacía: ya no hay cuerpo ni tampoco rastro alguno de nuestra corporeidad, ni siquiera un objeto que hable de esos cuerpos. Éste es el fragmento que anuda todo el discurso de la obra de Arrubla: recordar para permanecer, parece insistir una y otra vez.
Con esta obra el círculo se cierra: cuando ya no somos cuerpo, ¿qué es lo que queda? Nada, sólo el recuerdo, las imágenes, las cosas, los objetos que nos hablan de ese paso por este mundo. Archivos es una obra que insiste en esas gavetas donde conservamos lo más preciado de nuestros recuerdos, que nos hablan de esos personajes que ya no están pero que paradójicamente renacen cuando los invocamos cada vez que vemos sus imágenes, leemos sus cartas o simplemente volvemos a nombrarlos, justo en el momento donde ya nadie los nombra.
Mirada al pasado, colección de cartas, fotografías, recuperación de cuadernillos de registros fúnebres, bolsas mortuorias... todo un dispositivo que nos habla de la muerte y de la persistencia en poder permanecer en la memoria de la piedra, como diría Vicente Huidobro en su Altazor. Archivos de Germán Arrubla es un dispositivo plástico que guarda y organiza lo más preciado que el tiempo parece no poder anular.
RICARDO ARCOS PALMA
