Fotográfica Bogotá 2011

Alfredo Jaar. Muxima, 2005. Cortesía del artista.

Fotografíasept 2011 - nov 2011· Por Ricardo Arcos Palma

Fotográfica Bogotá 2011

IV Encuentro Internacional de Fotografía

Este evento, que se viene perfilando poco a poco como la bienal latinoamericana más importante en su área, transforma por completo la arquitectura cultural de la ciudad, donde museos, galerías, centros culturales y universidades se unen para que sus habitantes  se impregnen de la fotografía.

Esta versión de Fotográfica Bogotá se desarrolló bajo el tema: Testimonio y visión, más allá de la reportería. El país invitado de honor fue México, que participó con una selección amplia de artistas y fotógrafos profesionales, quienes utilizan la fotografía desde varias perspectivas técnicas, lo que amplía el panorama de la imagen. La comitiva internacional estaba compuesta por 49 artistas internacionales y 16 nacionales. Este evento, que se viene perfilando poco a poco como la bienal latinoamericana más importante en su área, transforma por completo la arquitectura cultural de la ciudad, donde museos, galerías, centros culturales y universidades se unen para que sus habitantes se impregnen de la fotografía.

El tema de esta versión interesa particularmente porque trajo a la escena imágenes fotográficas que se aproximan a la realidad, bien sea para cuestionarla, reinventarla, o simplemente para mostrarla tal cual, sin artificio alguno. ¿Cómo dar cuenta de la realidad? ¿Qué significa ser testigo de su época? ¿Cuál mirada se desprende de la realidad? ¿Podemos seguir creyendo en las imágenes cuando éstas siempre parecen habernos engañado? Éstas preguntas, entre otras, surgen al observar las obras que se expusieron durante más de un mes en Bogotá.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 1
Pedro Meyer. Los Meyer, Distrito Federal, México, 2000. Impresión digital. 101 x 105 cm. (40 x 41 2/4 pulgadas). Foto: Ernesto Monsalve. Cortesía: MAMBO, Bogotá.

Realizando un vistazo crítico a las diferentes exposiciones que pude apreciar, insisto en que la selección curatorial, tanto del país invitado como de los otros participantes, fue muy rigurosa y de gran calidad.

La exposición del artista chileno Alfredo Jaar, presentada en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Muxima, su primera muestra individual en Colombia, se refiere a un tema que nos hace reflexionar sobre la condición humana y a las fronteras raciales. El dispositivo plástico estaba compuesto por una película, Muxima, palabra africana (Angola) que significa “corazón”, y por una serie de fotografías. La película se inspira en una canción popular, de la cual el artista realiza varias versiones “cantos” o “poemas visuales”, como él mismo los llama. El móvil de esta obra es la música africana de origen portugués, que el artista colecciona desde hace más de veinte años, y de la cual encontró unas seis versiones de la misma canción. Este tipo de música portuguesa está impregnada de una cierta nostalgia que se acopla muy bien a la película de Jaar, y con la que el artista pretende que el espectador se lleve impregnada en el cuerpo a Angola. Las fotos, intervenidas por una gran franja de negro, deja ver el retrato como una mirada parcial de la realidad; sus imágenes, en este sentido, son tan sólo un fragmento de esta.

Pedro Meyer, uno de los artistas mexicanos invitados de honor al evento, expuso una serie de retratos en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, junto a los otros invitados mexicanos, entre quienes estaban Dulce Pinzón, Fernando Brito, Gabriel Figueroa Flores, Livia Corona, Manuel González, Graciela Iturbide, Joaquín Santamaría, José Luis Cuevas, Omar Gámez, Pablo López, Arelí Vargas y Gerardo Montiel Klint. Sus retratos de personajes célebres como Borges no dejaron de impresionarme por su veracidad. Sorprende su producción más reciente, cuando Meyer siente una fascinación por la fotografía digital y por sus múltiples posibilidades de manipulación. La presencia de Meyer en este evento fue, sin duda, capital para poder presenciar sus imágenes conocidas, pues ya hacen parte de la historia de la fotografía latinoamericana, y escucharle en el evento teórico donde mostró su interés por las nuevas tecnologías y sus múltiples posibilidades de fabricación de imágenes.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 2
Joan Fontcuberta. De la muestra A través del espejo, 2011. Detalle de cerca de 3.000 reflectogramas que se proyectaran en 20 pantallas durante la exposición y que fueron en su totalidad extraídos de Internet (redes sociales, blogs, páginas de búsqueda de parejas, etc.). Cortesía: Divulgación y Servicios Educativos, Biblioteca Luis Ángel Arango, Banco de la República, Bogotá.

Gastón Ugalde, artista boliviano, exhibió sus fotografías de calaveras en la galería Christopher Paschall. El artista logra con una mirada antropológica traer a la escena fotográfica una serie de “ñaticas”, como les dicen en Bolivia a las cráneos de seres queridos conservados, que se visten y decoran con flores en un fiesta popular indígena que aún tiene cabida dentro la cultura. Estas calaveras se exhiben en la calle como objetos preciosos con rasgos de la personalidad del individuo a quien pertenecía; los objetos, en este caso, sirven para acentuar esa mirada. Las calaveras pierden así su carácter terrorífico y devienen objetos que sirven para exorcizar la muerte con humor.

El español Joan Fontcuberta, en su exposición A través del espejo, en la Casa de Moneda del Banco de la República, nos mostró una interesante instalación donde se proyectaban “reflectogramas” que mostraban en todas las paredes del recinto una serie de autorretratos, donde personajes anónimos se muestran develando algo de su intimidad en poses provocadoras, sin caer en la pornografía. Estas imágenes son extraídas de internet, donde pululan miles de ellas. La instalación tiene la particularidad de interrogar el dispositivo especular mostrándonos una doble mirada de aquel que se mira en un espejo para autorretratarse, y nosotros, que lo miramos en un acto voyerista, donde la intimidad queda anulada por completo. Mientras observamos las imágenes proyectadas a manera de diaporama que se superponen sin orden alguno, suena una melodía de vez en cuando: Let’s Talk About Sex de Salt n’ Pepa; las imágenes se completan con los “googlegramas”, donde la red escoge y almacena imágenes que son retomadas por el artista. Estas fotos, que han perdido su carácter ritual, inundan la red y son cosa cotidiana en las redes sociales como Facebook, donde lo público y lo privado se confunden. La reflexión sobre lo digital, en este caso, es muy fuerte acentuando la disolución o quizá afirmado la identidad, en un mundo donde ésta es cuestionada o suplantada cada vez más.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 3
Marcos López. Jazmín, Buenos Aires, 2008. Impresión fotográfica inkjet. Cortesía: Galería El Museo, Bogotá.

Cero Galería presenta Kommunalka de la francesa Françoise Hugier. La artista pasó varios meses durante siete años en San Petersburgo visitando y conviviendo con los habitantes de los apartamentos comunitarios. Las fotografías en color que realizó la artista nos muestran la cotidianidad de una parte de la población, que, de una u otra manera, está viviendo inmersa en la marginalidad. Pero al mismo tiempo, y ahí radica la fuerza de su trabajo, la artista no intenta conmovernos por la miseria de los que habitan en ese lugar, sino también mostrarnos la dignidad en la que viven. Retratos, en su mayoría de mujeres, nos muestran una fusión entre el interior de la habitación y lo más profundo de las personas que ahí habitan. Sus imágenes magníficas están llenas de poesía.

Marcos López, artista argentino, representante de lo que él mismo ha denominado “surrealismo criollo”, trajo una serie de imágenes a color, donde el humor y la ironía trastocan la realidad y la desdibujan o la rehacen mejor. Hay un cierto grado de escenificación en sus imágenes que le da un carácter de falsedad a la realidad; sin embargo, lejos de ser algo que le reste fuerza a su trabajo, le da consistencia formal y conceptual propiciando la emergencia de imágenes donde lo latinoamericano se deja ver como una exaltación de lo popular, del mal gusto e incluso de lo kitsch. En sus imágenes, lo publicitario se confunde con lo pictórico propio de una iconografía popular y el humor emerge con fuerza en situaciones previamente estudiadas. Su trabajo se conecta muy bien con una cierta cinematografía que exalta el color.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 4
Erika Diettes. Sudarios, 2011. Vista general de la instalación fotográfica en la Iglesia de Santa Clara, Bogotá.

Germán Arrubla, artista colombiano, realizó su exposición Archivos paralelos, compuesta por dos series de fotografías: autopsia y ene-enes, y un video que muestra en paralelo una morgue abandonada y la mirada y la voz como testimonio de un coleccionista de postalinas, quien deja reunirlas cuando encontró a su hermana muerta en una morgue luego de desaparecida. Arrubla viene trabajando sobre la memoria y la muerte desde hace un buen tiempo, y esta obra logra mostrar algo que ya es evidente en la historia de la fotografía: la relación entre ésta y la muerte. Además, el artista es un verdadero coleccionista de historias (como lo denominó el artista José Orlando Salgado); de hecho, buena parte de esta obra recoge una historia y una serie de postalinas en blanco y negro de mujeres de los años veinte del siglo pasado (pertenecientes al personaje del video), que son puestas una a una en las neveras de una morgue. El color del metal y su frialdad son contrastados con la calidez de las fotografías. Existe algo de fascinante en la obra de Arrubla, y es que pone a dialogar el pasado, la historia tanto individual como colectiva. Las fotos de Germán Arrubla logran materializar una experiencia con la muerte y la terquedad de mantener viva la memoria.

Una de las exposiciones que más me impresionó, así como su charla, fue la del colombiano Jesús Abad Colorado, quien expuso sus imágenes en el Centro Cultural García Márquez; Abad Colorado es periodista y reportero del conflicto armado que vive nuestro país desde hace décadas. El fotógrafo insiste en que sus fotos son verdaderos testimonios de lo que él ha visto, lejos de todo esteticismo: el horror de la guerra, la destrucción, la desolación, la huida, y pese a todo ello, la ilusión y la esperanza de algunos sobrevivientes que aún pueden mostrar que la vida es bella. Esas imágenes narran la historia de un país en guerra, donde la gran perdedora ha sido la población civil, que tiene que salir huyendo de sus casas para preservar sus vidas; donde paramilitares, guerrilleros y fuerzas del Estado los han puesto en medio del conflicto. Las fotos, en su mayoría en blanco y negro, muestran la cotidianidad de la violencia. Existe en particular una fotografía que me impactó sobremanera: una niña de unos cuatro o cinco años llora desconsolada entre las sinuosidades del tronco de un árbol gigantesco. Las fotos de Jesús Abad Colorado hacen visible a toda una población ignorada por los grandes medios: negros, indios, campesinos, todos ellos en su mayoría desplazados.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 5
Fernando Cruz Florez. Suroriente, 1985-2010. Impresión digital en tinta pigmentada de alta calidad. 70 x 100 cm. (27 ½ x 39 ¼ pulgadas). Cortesía del artista.

La artista colombiana Clemencia Echeverri expuso en la Galería Garcés Velásquez una serie de fotografías acompañadas de videos titulados Juegos de herencia. Esta obra presentó varias proyecciones de un juego que se desarrolla en el Chocó, departamento del Pacífico colombiano. Este juego muestra cómo una gallina o un gallo son descabezados a machete por un individuo con los ojos vendados mientras el animal está enterrado en la arena con sólo la cabeza al aire. Para la artista, este juego violento está en la raíz misma de nuestra violencia política. Esto, por supuesto, es cuestionable, sobre todo cuando existen estudios serios de politólogos que nos dan luces al respecto. Sin embargo, lo que interesa aquí es ver cómo existe una violencia implícita en el juego que toma como móvil el animal: las corridas de toros, las peleas de perros y de gallos son unas formas violentas que satisfacen el apetito violento de quien observa. El carácter sacrificial aquí está materializado por fotografías bellamente elaboradas de los personajes que participan en el juego, lo que pone de manifiesto un cierto esteticismo de la violencia, que, de una u otra forma, confronta al espectador con un juego que parece tan lejano a nuestra realidad citadina.

La Galería Sextante acogió la muestra de Fernando Cruz, Suroriente 1985-2010. Cruz es uno de los fotógrafos más importantes del país, no solamente por su trayectoria, sino también por la calidad de su trabajo. Su obra fotográfica en blanco y negro, análoga y digital es un verdadero testimonio de unas ruinas arquitecturales, que nos hacen pensar en una civilización o pueblo perdido; estos vestigios, que parecen arqueológicos, corresponden a antiguos hornos de ladrilleras que hasta hace poco estaban en funcionamiento en el suroriente de la ciudad. De una u otra manera, estas fotografías se convierten en documentos de esas construcciones que fueron registradas a lo largo de veinticinco años. Para aquel que desee construir la historia del desarrollo urbano en Bogotá, aquí tiene un material invaluable, teniendo en cuenta que buena parte de la arquitectura capitalina está hecha con el famoso ladrillo rojo, lo que la diferencia de otras arquitecturas.

Fotografía: Fotográfica Bogotá 2011 — imagen 6
Gastón Ugalde. De la serie Ñatitas (pequeñas caras sin narices), 2010. Fotografía digital. 60 x 60 cm. (23 3/5 x 23 3/5 pulgadas). Edición 1/1. Cortesía: Christopher Paschall- Entrearte, Bogotá.

Erika Diettes, fotógrafa colombiana, expuso Sudarios en el Museo Iglesia Santa Clara, una exposición compuesta por veinte retratos de mujeres en blanco y negro impresos en grandes telas que estaban dispuestas en todo el espacio de la nave central de la iglesia. Estos rostros de mujeres, que parecían flotar en el espacio, son retratos de víctimas de la violencia en Antioquia, departamento colombiano. El montaje excepcional logró dialogar con el espacio, donde las imágenes religiosas acentuaban aún más el carácter solemne de esas imágenes. En la instalación podíamos oír muy de vez en cuando un suspiro profundo, que le daba un cierto dramatismo a la exposición. Con esta exposición, la artista logra dar un paso más allá del anecdotismo en que puede caer este tipo de obras que hablan de la violencia, en un país violento como el nuestro.

Y, finalmente, la artista colombiana Rosario López expuso Hangar 44 en el Archivo Nacional. Su obra desde hace años explora lo fotográfico relacionado con el paisaje y la escultura. En esta ocasión, ella nos muestra un espacio que parece abandonado en medio de una inmensa pradera con un cielo profundamente azul. La construcción nos hace pensar en una especie de escultura dispuesta en medio de la nada del paisaje. Esta construcción exalta el paisaje, o es el paisaje el que exalta la obra del hombre. En cualquiera de los dos casos, la relación entre la inmensidad de la naturaleza y la persistencia del ser humano por dominarla parece ser la esencia de este trabajo, donde la fragilidad tanto de las construcciones como de la naturaleza está en constante confrontación.

RICARDO ARCOS PALMA

PhD en Artes y Ciencias del Arte. Coordinador de la Maestría en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad, Universidad Nacional de Colombia.

Fotográfica Bogotá 2011, por Ricardo Arcos Palma | artnexus