Antonio Briceño es un creador que se vale de la fotografía para comunicar su poética de respeto al planeta, sus habitantes y sus culturas. Es un defensor de la diversidad, un amante de la naturaleza y de la riqueza que, tras el largo contacto del hombre con ésta, ha emergido como complejidad mítica, lingüística y espiritual.
Entre 2009 y 2010 Briceño viajó a Laponia, región habitada por el pueblo Sami; una vasta extensión que comprende el norte de Noruega, Suecia y Finlandia y el noroeste de Rusia. Los Sami son el pueblo aborigen de Escandinavia, poseedores de una lengua y una cultura propias de las cuales se sienten orgullosos, razón por la que luchan por reivindicar sus derechos sobre la tierra que habitan desde tiempos inmemoriales, su autonomía, el resguardo de sus tradiciones, y la preservación de su cultura y su lengua, amenazadas por el embate de las corrientes globalizadoras.

Los viajes de Briceño a Laponia lo hicieron interesarse por esa cultura única, asentada en los fríos y agrestes parajes del norte, sólo en apariencia monótonos. La riqueza de la lengua Sami cautivó al artista, quien, al notar la variedad de vocablos que existen para nombrar el entorno, descubrió la diversidad y sutil pluralidad oculta -a los ojos de un hombre venido del trópico- en el mundo -exterior e interior- de los habitantes de este pueblo.
La exposición 520 renos. Homenaje a la lengua Sami surge a partir de esta experiencia. El título de la muestra hace hincapié en la riqueza lingüística de un pueblo que tiene múltiples palabras para nombrar al animal que tradicionalmente ha constituido su principal fuente de sustento, y cuya cría y domesticación ocupan gran parte de la vida y costumbres de sus habitantes.
Presentada del 30 de marzo al 15 de mayo de 2011 y curada por Tomás Rodríguez, la exposición estuvo integrada por impresiones de tinta sobre metacrilato flexible, una impresión Lambda sobre dibond, una videoinstalación y una instalación sonora, que sumaron alrededor de cien imágenes de los Sami y de su ambiente natural.
Sami es una pieza elaborada como un mosaico de 40 retratos de personas pertenecientes a dicho pueblo; en ella, algunos aparecen vistiendo trajes tradicionales, de gran significación simbólica y social; otros portan atavíos occidentales. El acento en esta disparidad expresa una realidad cultural que elude el romanticismo folclorista, y que recalca, más bien, un arraigo cultural que es, sobre todo, marca del espíritu, en un ambiente que no ha permanecido inmune a la penetración cosmopolita.
144 paisajes es una serie de hermosísima calidad plástica, en la que el artista construye una imagen total a través de la repetición serial de la fotografía de un paraje de Laponia, señalando las sutiles diferencias que para el pueblo Sami existen en un paisaje que a los ojos de fotógrafo -y del espectador- es idéntico. Esta reflexión se patentiza en la riqueza de la lengua y constituye el hilo conductor de la muestra.
Partiendo de la experimentación y motivado por estos intereses, Briceño encontró en la impresión sobre metacrilato una técnica que le permitió duplicar de modo metafórico el cuero de reno, material presente en esa cultura, en la vivienda, la vestimenta, y en los usos rituales. El metacrilato, como el cuero, es susceptible de ondularse, plegarse y enrollarse. Al mismo tiempo, permite la transparencia, condición necesaria para expresar los sutiles contrastes de luces y sombras de este paisaje de abundantes blancos. La transparencia permite también hacer superposiciones de láminas, lo que contribuye a crear una densa atmósfera plástica y semántica, cargada de evocaciones.
Para Briceño, la obra Los 520 renos de Mika Saijets "resume todo lo que persigue la exposición. Los acrílicos fueron tensados como se secan los cueros al sol, de modo que la ondulación queda suspendida, como algo potencial. Estos cueros perfectamente tensos contienen las 520 palabras para referirse a los renos y a la vez a un rebaño sin fin de estos animales, superpuestos en dos capas separadas. Así, al caminar, las imágenes y las palabras se funden y resurgen, yendo y viniendo, dejando sus sombras enigmáticas, como enigmática es la historia de las palabras en la cultura Sami, y en todas las culturas".
La instalación La luz que se escucha evoca el fenómeno de la aurora boreal, que tiene un gran sentido simbólico para los Sami. La proyección de la aurora viene acompañada con un canto Yoik, una forma de expresión hondamente espiritual, por medio del cual la esencia de la persona, animal o lugar al que hace referencia entra en profunda comunión con el cosmos.
520 renos. Homenaje a la lengua Sami fue una muestra que no sólo honró a ese pueblo memorioso, sino a todos los pueblos de la Tierra que luchan por mantener su identidad, como una forma de defender la diversidad cultural y espiritual de la Humanidad.
KATHERINE CHACÓN
