Exposición Individualjun 2011 - ago 2011· Por Carlos Jiménez

Wilfredo Prieto

Centro 2 de Mayo

Si el humor sirve, entre otras muchas cosas, para salir de las situaciones sin aparente salida, pocas dudas caben de la actualidad y la pertinencia de la obra de Wilfredo Prieto, reunida en un número considerable en la exposición Amarrado a la pata de la mesa, celebrada en el Centro 2 de Mayo de Móstoles, en los alrededores de Madrid, y en los meses de febrero y marzo de este año. La situación sin salida a la que el humor de Prieto ofrece una salida es a la que nos ha conducido el predominio en la escena artística internacional durante la última década de la clase de arte que bajo la enseña difusa y con frecuencia confusa de “arte conceptual” ha saturado literalmente dicha escena. Al punto que el púbico y los aficionados recibimos con indiferencia, cuando no con hastío, la enésima apertura de una instalación que intenta redimir algún edificio ruinoso de la periferia urbana o la proyección en sala de un video que documenta una vez más, y sin ningún entusiasmo, la banalidad de la vida íntima de un artista, que resulta tan banal como nuestra propia intimidad. Wilfredo Prieto lleva un buen tiempo haciéndose cargo de esta situación o, por lo menos, respondiendo a la misma no con una estrategia de ruptura y agresiva negación sino con la que muy inteligentemente usa los recursos del adversario en su contra, sin permitirse en ningún caso la torpeza de la ira o el desprecio. No. Todo lo que hace y sigue haciendo Prieto es divertido o juguetón, en las antípodas de la seriedad intimidante de Joseph Kosuth o de Hans Haacke, para citar solamente la actitud de dos de los “padres fundadores” de la hoy sobresaturada galaxia del “conceptualismo”. Por todas estas razones, a mí se me puso una sonrisa en los labios cuando supe que el título de esta exposición era también el de una de las piezas más destacadas de la misma, y que consistía en una mesa puesta en la planta baja de la sede de cuatro plantas del Centro 2 de Mayo, a una de cuyas patas se ataría una reluciente soga nueva que ascendería por las escaleras del edificio hasta la terraza, donde se ataría a una de las patas de un helicóptero civil que luego se elevaría y se mantendría estático sobre la terraza durante el par de horas que duraría la inauguración oficial de esta muestra. Me pareció una manera tan ingeniosa y disparatada de unir una mesa cualquiera con un helicóptero ídem que pensé que todos se la tomarían, como me la estaba tomando yo, como una broma, sin llegar siquiera a imaginar que la seriedad mortal atrincherada en los actuales códigos y protocolos de seguridad que gobiernan nuestras vidas sin porvenir haría prácticamente imposible su realización. En la mañana misma del performance día señalado para esta singular  las autoridades municipales informaron a la dirección del Centro que la misma contravenía las normas sobre sobrevuelos del espacio aéreo del casco urbano y que, por lo tanto, no la podían permitir. La dirección del Centro aceptó a regañadientes el veto y acordó con el artista que la mesa, la soga y el helicóptero se trasladaran a un parque cercano, donde la  terminó haciéndose. Yo estuve en principio en desacuerdo con esa decisión hasta que caí en la cuenta de que mi rechazo implicaba una defensa de la autenticidad y la coherencia en la realización de un proyecto artístico, llevada hasta el punto de la intransigencia, que poco o nada tenía que ver con la estrategia humorística adoptada por Prieto. Y menos con su antisolemne rechazo de la solemnidad.

Exposición Individual: Wilfredo Prieto — imagen 1
Wilfredo Prieto. Amarrado a la pata de la mesa, 2011. Técnica mixta. Dimensiones variables. Foto: Carlos Jiménez.

Pero a mí la sonrisa se me convierte en franca carcajada ante una obra tan emblemática, para decirlo de algún modo, de lo que hace Prieto, como lo es Limonada con dos pares de cojones, fechada en 2007 y expuesta en una colectiva celebrada en la Casa Encendida de Madrid, en 2009. La pieza consiste en un charco de agua, una montoncito de azúcar y dos limones, todos dispuestos directamente sobre el suelo de la sala de exposiciones. Y su efecto humorístico está tanto en la imposibilidad irremediable de esa limonada invocada en el titulo como en los “dos pares de cojones”, que desplazan metafóricamente los dos limones genuinos para abrirles paso a los “cojones”, que en habla popular cubana son tanto los testículos como la representación metonímica del coraje y la decisión paradigmáticamente masculina. A esta misma serie pertenecen obras como Café con leche y Agua bendita, ambas fechadas en 2009; Cuba Libre, fechada en 2010, o Piedra con Sangre de 2011, aunque ninguna de ellas tiene, a mi juicio, la capacidad de hacer reír que tiene la limonada de los cojones. 

Concluyo reafirmando mi convicción de que esta exposición fue una fiesta del humor y la inteligencia.

CARLOS JIMÉNEZ

Wilfredo Prieto, por Carlos Jiménez | artnexus