Exposición Individualjun 2011 - ago 2011· Por Amalina Bomnin

Saidel Brito

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La primera vez que estuve frente a una obra de Saidel Brito, a finales de la década del noventa del siglo XX, sin aún conocerlo personalmente, tuve la sensación de presenciar a un artista desembarazado, total, de esos que se toman muy en serio el proceso creativo, y constantemente ponen en entredicho los límites del estatus artístico. En los últimos años su producción se ha movido a otros contextos como EE. UU., España, Alemania, por sólo mencionar algunos, y resultó premiado en la última edición de la Bienal de Cuenca, lo cual le ha permitido consolidar su poética de talante intelectual. Durante los trece años que lleva viviendo en Ecuador ha ejercido el magisterio del arte, y la obra continúa su habitual cuestionamiento de los más disímiles derroteros: políticos, históricos, culturales, económicos, para desembocar en apostillas al propio acto creativo.

Exposición Individual: Saidel Brito — imagen 1
Saidel Brito. Sombrero de Panamá, 2010. Acrílico, acuarela y carboncillo sobre papel. 75 x 110 cm. (29 ½ x 43 ¾ pulgadas).

Su más reciente muestra personal, Ruinas del relato, estaba conformada por veinte obras entre dibujos y pinturas (doce expuestos en los países mencionados, y ocho inéditas) realizados entre 1998 y 2011; son un desinhibido comentario sobre el “relajo” en nuestras sociedades latinoamericanas, visto desde el tamiz de la desestructuración de los géneros artísticos. Es usual el término en el contexto ecuatoriano, síntoma de la adversidad llevada de la mano del humor y el desencanto; que en el discurso de Brito se torna al mismo tiempo en guiño a la posible estulticia en el mundo del arte. 

Se disfrutó nuevamente el sarcasmo criollo de la serie La historia es una gata que se defiende boca arriba, donde el artista se vale de la caricatura de prensa difundida en cada uno de los países implicados en la guerra hispano-cubana-norteamericana, y a modo de palimpsesto construye una historia otra: solaz, poblada de vericuetos e insinuaciones, con nuevas capas de sentido, y planteada sutilmente a partir de elementos en apariencia antitéticos (gata y ratón) para intentar desdibujar versiones estereotipadas respecto a un tema álgido. Acotar que, en cada una de estas piezas incluidas en la serie, los títulos ostentan como colofón un calificativo encerrado en paréntesis, y oscilan entre: (atrevido), (creativo), (intrépido), siempre en género masculino, en alusión a las posiciones ideales promovidas por el horóscopo para consumar el sexo durante los doce meses del año. Para Saidel Brito no hay víctimas ni victimarios, sólo relaciones dialécticas y compensatorias, como si eludiera criterios sexistas y jugara a desalmidonar perniciosas construcciones de género, además de nivelar lo individual y lo social como instancias interdependientes. La hibridez de dibujo y pintura, unidos a la utilización recurrente en toda su obra de superposiciones de imágenes, textos, veladuras, transparencias, no deducibles del todo, comportan una lectura no lineal del relato, conducen al espectador a una pesquisa transversal, enunciada a través de un autor que se revela discontinuo, irregular, incompleto, disuelto en la historia.

Intertexto, cita, apropiación, carnaval, parodia, recursos usuales en su quehacer versátil –pues ha desandado pintura, escultura, cerámica, video, instalación, performance (creo que sólo quedaría el net art por incluir en la agenda)–, resultan de un sustrato investigativo, consciente, nunca fruto del modismo o el apasionamiento comercial, sino consecuencia de su personalidad incisiva, indagadora en cada resquicio de la historia, el arte, la propaganda. Hace algunos años el artista inició un proceso de reconversión respecto a géneros mal llamados menores, de acuerdo con su minimización por el discurso legitimador (dibujo, caricatura e historieta). Realizaba piezas donde resaltaba el dibujo sobre la pintura, y viceversa, en una alteración del obsoleto patrón de figura-fondo, donde los conceptos de pintura y narrador históricos quedaban desarticulados.

En la muestra de ahora los títulos también constituyen pronunciamientos con densidad alegórica, que evocan el no lugar, la indeterminación, como es el caso de la pieza Sierra roja (julio ya no confía), de 2010. Esta forma parte de una serie recién iniciada, donde Saidel Brito plantea como subterfugio formal denominadores comunes en las geografías de los países andinos, y que soluciona siempre en tonos rojizos.

Las más recientes propuestas, Salón de recibo en Carrera de Córdova , ¿A quién le importa la vida de Ricardo Miró?, Panama Hat, Restinga de Taboga (Escucha el rugir) y recurren también a la apropiación del repertorio fotográfico y pictórico del artista ecuatoriano, radicado en Panamá, Carlos Endara Andrade (1867-1954). Este trascendió por el realce dado en sus fotografías a la sociedad panameña de la época, a través de la representación de personajes y escenas del desarrollo social, como puede verse en las que dedica a la construcción del Canal de Panamá. Fue el fundador del primer estudio de fotografía en la nación centroamericana, y en 2006, en visita que realizó Brito a la ciudad, pudo conocer la real significación de un artista, hasta ese momento, venido a menos para él. A partir de aquí decide usar estas imágenes en un rejuego donde integra cronotopos diversos en un mismo relato: el repertorio visual panameño y la historia política de Ecuador.

Saidel Brito se apropia de los registros fotográficos panameños y los replantea superponiendo detalles puntuales extraídos de los dibujos, caricaturas y pinturas de Endara sobre el Ecuador de 1900, acercamientos que manejaban como problemáticas latentes la vida política de la nación y el entorno de corrupción. Por ejemplo, una propuesta como Panama Hat toma como base una foto sobre una clase de sombrerería, y encima el artista sobrepone la imagen fantasmagórica de una figura femenina que personifica a la patria en posición defensiva, cual si ordenara hacer un alto con su mano. El Panama Hat, conocido internacionalmente, es originario de Ecuador; sin embargo, se ha dado a conocer por la comercialización que Panamá viabilizó a partir de la construcción del canal.

El hecho de que líderes políticos ecuatorianos terminen refugiados en el vecino país, que es además uno de los principales socios comerciales de Ecuador, es una de las variables manejadas en este discurso intertextual donde se instaura el germen de la duda en nuestros intentos hermenéuticos. Saidel Brito disfruta en este desmantelamiento de referentes simbólicos la creación de asociaciones perceptivas que remeden la visualidad digital, como parte de su lúdica extemporánea.

Ruinas del relato deja una sensación difusa, etérea, en todos los órdenes. La pluralidad de sistemas de significación que violenta a través de su dialogismo intertextual constituye una excelente práctica para exorcizar, desde el arte, cualquier temor al cambio.

AMALINA BOMNIN

Saidel Brito, por Amalina Bomnin | artnexus