El Lowe Art Museum de la Universidad de Miami nos regaló recientemente la exposición retrospectiva Rafael Soriano: Other Worlds Within. La curaduría de la muestra, a cargo de Jesús Rosado, procura una panorámica sobre la prolífera trayectoria del artista cubano-americano, al tiempo que constituye un merecido homenaje a más de sesenta años de entrega denodada a la pintura.
Rafael Soriano (Matanzas, 1920) cursó estudios de arte en la Academia de San Alejandro de La Habana, de donde se gradúa en Pintura y Escultura, en 1943. Entre sus maestros figuran Leopoldo Romañach y Juan José Sicre. Una vez que termina estudios, Soriano regresa a su provincia natal, donde desempeña un rol fundamental en la creación, y luego, en la docencia de la Escuela de Bellas Artes de Matanzas, donde también fue profesor Roberto Diago.

Si bien en los primeros años de la obra de Soriano se observa un deseo de incursión en formas orgánicas y metafísicas, hacia los años cincuenta, el universo del artista se abre a la experiencia concreta. Son magníficos los cuadros de esta etapa, donde la fuerza geométrica, aunada al rejuego de planos dinámicos de color, estructuran el espacio pictórico.
A la experiencia de Soriano en Matanzas, se une el regreso de Lolo Soldevilla de París, y las exploraciones de figuras como Corratgé y Sandu Darié, apareciendo hacia 1958 el grupo Diez pintores concretos. Integrado por Pedro Álvarez, Wilfredo Arcay, Salvador Corratgé, Sandu Darié, Alberto Menocal, José Mijares, Pedro de Oraá, Martínez Pedro, Loló, Soldevilla y Rafael Soriano, Diez pintores concretos, junto con el grupo Los Once, constituye, por vez primera, la entrada en consonancia del arte cubano en el cauce del arte internacional.
De esta época magnífica de Soriano, la exposición nos presenta excelentes piezas, donde se imponen la textura, el contraste de colores y las composiciones angulosas. Invariablemente sin título, los cuadros de esta época se subdividen en dos grupos fundamentales. El primero, de colores luminosos, desprovisto de líneas, donde los amarillos, los limas y los turquesas se articulan sobre los tierras generando gráciles universos geométricos. El segundo, donde la línea negra perfila el plano, y el color deviene más dramático.
En 1962, Soriano se establece en Miami. El abandono de la tierra natal y del contexto artístico en el que se forma el artista significa un desarraigo tremendo. Soriano, sin asideros, abandona la pintura por el lapso de dos años. Al silencio existencial sobrevienen el cuestionamiento del espacio pictórico y la reconciliación –a través de la pintura– consigo mismo.
Durante la década de los años sesenta la obra de Soriano sufre un intenso proceso de experimentación. El artista parece ir atrás –tal vez como refugio– retomando el interés en el mundo metafísico y las formas orgánicas que otrora lo animaron.
El artista entonces renuncia al plano para urdir en la profundidad, hurgando hacia adentro, en el alma. Este proceso de introspección abocará a una nueva etapa: esa que marca la obra de Soriano en el exilio y donde la luz deviene elemento modelador de estructuras orgánicas difícilmente reconocibles y que, sin embargo, no resultan cercanas.
La obra de Soriano deviene críptica, curiosamente ahora que su universo coquetea con lo figurativo de algún modo. Los fondos, invariablemente negros, son el marco propicio para la exploración con la luz, que se instala, definitivamente, como personaje central.
Soriano es un artífice de la luz. Ésta, aunada a la transparencia, se convierte en modeladora de entidades inaprensibles: formas acuosas, amasijos indescriptibles, pesadillas, ensoñaciones, quimeras, deseo.
Su técnica es bien sui géneris. Sin previo esbozo o idea preconcebida, el artista se dispone sobre el lienzo oscuro y comienza –cual alquimista– a trabajar una zona central energética, desde donde mana la luz. El proceso es lento; por eso el artista trabaja simultáneamente sobre varios cuadros. Sucesivas capas de claridad se superponen hasta que la luz deviene ente, y corpórea, sobre el lienzo, cobra vida propia.
Se impone aclarar que la técnica de Soriano actúa en sentido inverso a la del renacentista, donde la sombra diluye la línea creando la ilusión de volumen. Asistimos aquí a una suerte de proceso de bruñido, donde, certero, el pincel del artista restaura la luz.
A partir de este nuevo giro formal, los títulos emergen con fuerza evocadora. Nave Flotante, Torso, El Recuerdo, Vuelo Astral, Ninfas del Alba, Lamento del Crepúsculo son algunos de los poéticos nombres que nos guían en esa travesía en profundidad a que Soriano nos convida. Paralelo a las actividades que secundan la muestra, destaca el estreno del documental sobre la obra del pintor, La profundidad del silencio, realizado por Jorge Moya.
Rafael Soriano: Other Worlds Within es un merecido homenaje a la labor en solitario de este infatigable maestro del arte cubano.
JANET BATET
