Exposición Individualjun 2011 - ago 2011· Por Manuel Álvarez Lezama

Nina Méndez Martí

Galería Yemayá

El cuerpo humano se ha usado para el arte –pinturas, tatuajes, cicatrices– antes de que llegáramos a ser hombres y mujeres (Homo sapiens sapiens) de hoy, algo que ocurre sólo hace más o menos 35.000 años. El cuerpo humano fue usado como arte en el Egipto de las pirámides, tres milenios antes de Cristo; ocurrió en la cultura minoica de Creta que antecede a la Grecia clásica; según Plutarco, el body painting era usado por Cleopatra (la que todos conocemos, o sea la séptima en la Dinastía de los Tolomeos) a fines del primer siglo antes de la era cristiana, y hoy en día, tanto los tatuajes como el body painting son vistos por muchos como una manifestación artística más.

Exposición Individual: Nina Méndez Martí — imagen 1
Nina Méndez. Esto no es una mujer, Alexandra, 23. Impresión a color sobre Sintra. Ed.5

Como otros aristas de gran importancia en el desarrollo del arte contemporáneo que han usado el cuerpo como lienzo/soporte –Ives Klein, Ana Mendieta, Marta María Pérez Bravo, Freddy Mercado (de Puerto Rico), sólo para mencionar algunos–, Nina Méndez Martí, en su extraordinaria imposición en la Galería Yemayá de San Juan, titulada Raw/Crudo, presentó 28 fotografías a color (de una serie de 51 fotografías que ya han sido publicadas en un magnífico libro) donde usa el cuerpo de hombres y mujeres desnudos con provocadores mensajes pintados a mano sobre su piel para expresar sus esencias e inseguridades físicas, psicológicas y existenciales. El mensaje visual/estético y literario/existencial de cada una de estas fotografías, hechas con luz natural y con un dramatismo lírico muy efectivo, es claro y contundente; ejemplos: ¿Podré darle todo? (una madre desnuda dándole de amamantar a su bebé con "¿Podré darle todo?" escrito sobre sus brazos); Dolores de crecimiento (una pareja lesbiana que expresa ternura); Esto no es una mujer (una fotógrafa de Venezuela que quiere ser considerada una persona, no una mujer jugando con la pintura de pipa de Magritte, Ceci n’est pas une pipe); Solo (un hombre desnudo con Nueva York en el fondo); I am a wall (un individuo gordo y desaliñado en un cuarto perfecto para una crisis existencial); No soy una niña (la artista misma, en un preciso autorretrato rodeada de unas plantas con hojas muy seductoras, llamada uva playera);  Mi tiempo es oro (un travesti gordo y adiposo pero con cierto magnetismo, maquillado a lo Divine de Pink Flamingos y posando en una controvertible playa de Puerto Rico llamada Piñones), Me debo (un mulato puertorriqueno precioso que se cubre sus órganos sexuales) etc., e inmediatamente nos reta a hacer una autoevaluación de nosotros mismos y de lo que nos preocupa, inhibe, hace sufrir, da felicidad, nos define.

Méndez Martí –quien nació en San Juan en 1981 y estudió su BFA en la Syracuse University y luego obtiene su Maestría en España en fotografía en EFTI, Madrid– escoge para su presente corpus fotográfico tanto amistades y familiares como gente de diferentes partes del mundo que ha conocido en sus recientes viajes por España, Estados Unidos (Santa Mónica, California y Nueva York), y su natal Puerto Rico. Sus sujetos (a la artista no le gusta la palabra modelos) representan al pueblo común y corriente: tienen todo tipo de cuerpos (aunque es obvio que el canon clásico griego no le interesa mucho), todas las edades (pasada la adultez; no incluye niños ni adolescentes), diferentes razas y preferencias sexuales (la artista incluye el nombre, la edad y la nacionalidad de cada uno de sus sujetos en los títulos de cada una de sus obras), para que se abran, se liberen, se conviertan en vulnerables y dejen saber que cada uno de nosotros también es nuestros miedos, nuestras frustraciones, nuestras debilidades, nuestras imperfecciones y nuestros sueños.

Para que sus fotografías –que son de distintos tamaños– tengan un impacto mayor, la artista va a pedir a cada uno de sus sujetos que construyan un pensamiento que defina su realidad/complejo/tormento/sueño, que ella luego escribirá con la claridad y la fuerza del grafiti más crudo/rústico pero más profundo sobre sus cuerpos/nuestros cuerpos, aquello que nos hace lo que somos, bueno o malo. Y es que lo que te está presentando Méndez Martí en cada una de sus fotografías es un cuento, una historia, que te invita a que te conviertas en coautor y te imagines posibles presentes y posibles futuros.

Si la invención de la fotografía libera a la pintura para que tome otros caminos que el camino marcado por el Renacimiento, las fotografías de Méndez Martí –para quien la desnudez es siempre bella– logran que sus sujetos, al ser crudos, abiertos, tratando de no tenerle miedo al miedo –por un instante o quizás por más tiempo– se liberen, tengan una mejor autoestima, sean más felices. O sea, ¡la razón de la vida!

MANUEL ÁLVAREZ LEZAMA

Nina Méndez Martí, por Manuel Álvarez Lezama | artnexus