La artista Ivana Ferrer presenta su sexta individual, titulada Texturas instantes “porque las imágenes son materia, textura y a la vez dependen directamente del tiempo, de un fragmento de tiempo”1. Ferrer nos presenta óleos sobre tela en formato grande. En esta exposición Ferrer hizo dos cuadros de imágenes de paredes. Igualmente, tiene una obra de una platina de chocolate hecha una bolita encima de una mesa de trabajo; otra obra de un escritorio al costado de la lámpara que tiene periódicos desordenados, y la obra más desafiante, con hormigas.
Una de sus obras es una pared de cemento en la que, por el paso del tiempo, el cemento se ha rajado, una parte de este se ha caído y hay un hueco; se pueden ver las piedras del relleno y algunas de estas piedras están pintadas de azul, verde y marrón. Me puedo dar cuenta de que ella usa la idea de la pared pero el toque final se lo da con sus colores. Aquí se pueden notar el paso del tiempo, las memorias, y también lo cotidiano. Pero ella eleva algo tan banal al mundo del arte, y eso es lo más admirable de su obra. Una obra es buena cuando busca una respuesta del observador, cuando te conmueve, cuando te desafía ¿Una pared te puede desafiar? Claro que sí, ésa es la magia del arte. También hay que poner la estética y la manera en que lo pinto, todo cuenta. La cosa es que tú sabes si la obra es buena y te gusta en los dos primeros segundos que ves la obra. La obra de Ferrer trata del paso del tiempo, los recuerdos y la memoria del observador.

Ninguna de las obras tiene nombre, todas son sin título, cuando la artista les podría poner nombre porque cada obra tiene una historia, banal, pero historia de lo que pasa en el mundo y en nuestras vidas. Si la artista le pusiera nombre le quitaría la memoria, porque el nombre específico lo diría. Ferrer quiere que uno haga memoria del cuadro; yo he visto algo parecido, ése es el juego de Ferrer en su obra. En otra obra, que se podría describir como lo que pasa encima del escritorio, hay unos periódicos, una tapa de botella aplastada, el pie de una lámpara y su cordón eléctrico, y un pedazo de papel de colores ¿Qué más banal que esto? Tan casual, sin importancia. Pero juega con nuestras emociones y con nuestros recuerdos.
En algunas de sus obras ella pinta como camuflaje en las paredes, dándole algo especial y único a la imagen. Ella nos dice: “lo que intento al separar los colores como si fueran un mapa es que se genere un juego, por el cual, cuando te acercas, son sólo manchas de color, y al alejarte descubres la imagen”2. Por eso, si ves algunas obras de Ferrer de cerca, no se percibe lo que es, tienes que alejarte para ver el cuadro como debe ser visto, y eso hace más interesante su obra. Eso pasa con una obra que es sobre un papel toalla; de cerca no se ve qué es, tienes que irte lejos para ver de qué se trata. Pero la obra tiene los detalles del papel con relieve, y se ve muy bien la obra. La simetría, el adorno, la continuidad y las pinceladas de Ferrer hacen que se vea muy bien e interesante. La obra de las hormigas surge porque ella las vio en el piso de su cocina y las pintó. Las hormigas están en círculo, como conversando.
Ferrer pinta figurativamente pero cambia la realidad de los colores, y eso lo hace más interesante. Aunque la artista toma fotografías y las pinta de allí, se podría decir que ella sólo toma la idea de las fotos. El arte de Ferrer es conceptual porque el paso del tiempo se puede notar en la mayoría de sus obras.
Ferrer también tiene unas obras que parecen dibujos que son fotogramas, pero son muy bonitos y muy bien realizados. Igualmente, estos fotogramas tienen algún parecido a algo que hemos visto antes, y las imágenes nos traen el recuerdo de algo. Ya sean microbios, un vidrio roto, dibujos de garabatos o pomos (botellas) de vidrios. Pero estos fotogramas en forma de dibujos tienen mucha presencia. Estas piezas tienen una edición de tres. La artista cuenta cómo los hizo: “el fotograma es una técnica de la fotografía que se trabaja en el cuarto oscuro o laboratorio, por la cual se colocan objetos directamente sobre el papel fotográfico (fotosensible), luego se expone a la luz para posteriormente seguir el proceso de revelado. Lo que se obtiene es un negativo que posteriormente, si se desea, se puede positivar”3.
La obra de Ferrer trata sobre los recuerdos del observador, y ella nos los hace recordar. Ella nos los presenta en forma de pintura y de dibujos fotográficos, pero con la misma naturalidad que la caracteriza. Lo que impresiona al observador en su exposición es que tanta banalidad pueda traer recuerdos sobre el paso del tiempo. Sus temas y su técnica sorprenden y son muy efectivos en el resultado y estética de las obras.
NOTAS
1. Entrevista con la artista, abril de 2011.
2. Idem.
3. Idem.
AUGUSTO CHIMPÉN
