Del 30 de enero al 6 de marzo se presentó en Carmen Araújo Arte, Caracas, la exposición Móvil perpetuo, con obras de Enrique Moreno, la mayoría de ellas realizadas en lo que va del año. Dedicado a la configuración de otra realidad inspirada en lo que nos rodea, Moreno parte de esos "acompañantes diarios", impersonales y anónimos que siempre están allí, de artefactos, y en ocasiones de mobiliario, que terminan siendo imprescindibles, dispuestos a cumplir el rol para el cual fueron construidos: ser útiles. Crea formas nuevas a partir de aquéllas, con una posibilidad de hacer que les es propia, con un recurso con el que no cuentan sus obras predecesoras: la autonomía del movimiento.
Sus objetos incorporan el tipo de motores de la tecnología de punta que garantizan la funcionalidad del "arsenal" doméstico; otras piezas de tipo mecánico y alambres de distinto calibre. Los primeros son los causantes del hecho mecánico sin variaciones ni alteraciones, funcionando al ritmo necesario para asegurar la movilidad permanente, razón esencial de estos mecanos artísticos e igualmente lúdicos.

En una de las piezas, S/T, el artista propone cuatro estructuras verticales, paralelepípedos configurados sólo a partir de sus aristas y los elementos de amarre, semejantes a los componentes metálicos de una elemental columna de concreto, sólo que en este caso no fue construida para garantizar rigidez; la obra de Moreno se vale de la movilidad, un concepto funcional opuesto a la estabilidad constructiva. Instaladas sobre pequeñas ruedas, las "columnas" se desplazan, cambian de lugar, avanzan arrítmicamente hacia el espectador para luego regresar a su posición inicial, en un ciclo interminable de idas y venidas.
Otras construcciones que generan volúmenes huecos se mantienen fijas pero girando sobre sí mismas, o algunos de sus elementos, mientras que en otras se repite sistemáticamente la contraposición ascenso y caída. En algunas, la intención del artista pareciera afianzarse en las posibilidades del encuentro aleatorio que la motricidad propicia entre los elementos de la pieza. En la generalidad de los casos las obras se hallan estructuradas a partir de la ortogonalidad, y a pesar de su fragilidad, estas "construcciones" tienen una intencionalidad precisa porque el concepto y la necesidad de su demostración justifican la formalidad de tales objetos: la actividad indetenible, continua, como lo precisa el título de la exposición.
Mientras que los alambres dan cuenta del segundo componente de importancia en la obra de Enrique Moreno, facilitan otra fase del proceso creador. Gracias a la maleabilidad del material, se anudan, se enroscan, se articulan mediante niples y nodos; se distienden en el espacio para construir estructuras autónomas. Con ellos, el artista articula redes, urdimbres metálicas, que utiliza para relacionar, soportar y orientar la posición de los demás componentes. Son esos "hilos" los encargados de configurar la organicidad –si es válido utilizar el término– de las obras creadas por Moreno.
En otros casos se convierten en extensiones en las que actúan seres diminutos, muñequitos, como diríamos en el lenguaje coloquial, que cumplen el rol de estrellas de reparto, simples piezas de un engranaje, de una compleja red que los deja actuar pero que no les permite liberarse. En Corriendo mujer, Moreno crea un esquemático boceto en alambre, silueta que recuerda la imagen femenina, un tanto a la manera de los famosos miembros del circo de Alexander Calder; un pequeño motor viene a ser la cabeza de esta extraña figura de filamentos metálicos; la acompaña un pequeñín que también corre, como buscando alejarse, aunque se halla irremisiblemente atado a ese sistema.
En Mujer camina, la figura se integra a una trama que se distiende y contrae rítmicamente facilitando la comprensión de la idea. Sin embargo, en estas obras, en las que intervienen esos seres minúsculos, la relación que se establece entre componentes y movimiento es diferente; esos actores se convierten, de algún modo, en sujetos humanizados, a pesar de que el referente sea una menuda pieza de plástico. Seres cuya existencia se halla sujeta al escenario mecánico e insensible que los rodea, mundo dinámico que se rige por leyes propias, sin tregua ni descanso, y que, no obstante, termina siendo para esos personajes la única posibilidad de vida; fuera de él su existencia terminaría por no ser. Una prefiguración del futuro, tal vez.
A pesar de su precariedad matérica, de su fragilidad estructural y del funcionalismo asociado a la noción del movimiento, persiste el carácter lúdico como cualidad primordial de los "robots" de Moreno, como en El rescate de la princesa, 2010, un viejo long play que gira sobre un dispositivo sin emitir sonido. Pero las obras de Moreno también proponen un lado poético y sugerente, una propiedad sensible que las hace observables y comunicadoras más allá de la persistencia mecánica que las acompaña.
FREDDY CARREÑO
