Exposición Individualjun 2011 - ago 2011· Por Susana Benko

Colette Delozanne

Centro Cultural B. O. D. - Corp Banca

Colette Delozanne, artista franco-venezolana, ha desarrollado una obra tridimensional con la que ha desafiado el medio expresivo que la sustenta: la cerámica. Adquirió con los años tal dominio de este medio que superó las posibles limitaciones técnicas que implicaba llevar la obra cerámica a grandes formatos nunca antes logrados. Tan es así que esculturas integradas al paisajismo se elevan de manera imponente y son, sorprendentemente, hechas con arcilla o gres. Su secreto: la quema de piezas a altas temperaturas, luego de un laborioso trabajo de modelado en el que la artista pone de manifiesto su rica iconografía personal. 

Todo comienza con la cerámica. Al principio, utilitaria. Sin embargo, siendo una artista sensible y ya formada en Filosofía, Letras e Historia del Arte, muy pronto Delozanne necesita superar la funcionalidad de la pieza e indaga a partir de los años sesenta en soluciones cada vez más complejas que implican la escala, la interrelación no sólo de formas sino de varios módulos entre sí (complejos escultóricos), el espacio como elemento expresivo de la pieza, así como la relación de la obra en el espacio exterior. Además de esto, no hay que olvidar: su complejidad significativa. La obra de Colette Delozanne tiene un componente sagrado que es inmanente a la forma, y es esta espiritualidad uno de los aspectos que definen esencialmente su trabajo. 

Exposición Individual: Colette Delozanne — imagen 1
Colette Delozzane. Como un tejido encantado, 2004. Gres. 232 x 72 x 27. (91 3/4 X 18 1/4 X 10 1/2 pulgadas). Foto: Beto Gutiérrez.

Estos aspectos fueron plenamente desarrollados en la importantísima exposición de carácter antológico realizada en diciembre pasado en los espacios de Corp. Banca Centro Cultural. Bélgica Rodríguez, curadora de la muestra, acertadamente la tituló: Tiempos de devoción, y dividió cada uno de estos "Tiempos" en espacios: Espacios primarios (1973-1977), Espacios sagrados (1977-1985), Espacios emblemáticos (1986-1995), Espacios rituales (1996-2002) y Espacios de creación (década del 2000). Esta clasificación le permitió organizar la muestra con claridad, en un recorrido que no sólo repotenciaba los valores inmanentes de cada una de las piezas expuestas sino que asimismo permitía al espectador reconstruir una trayectoria de más de cincuenta años de escultura. 

Existen en la obra de Colette Delozanne dos aspectos de apariencia antagónica que se concilian. Por una parte, una solidez que a veces alude a la arquitectura (las torres propiamente dichas), y otras piezas que parecen cuerpos orgánicos en crecimiento (un coral, una especie vegetal). En ambos, la verticalidad de la pieza es elemento esencial. Esto trae como consecuencia interesantes consideraciones. Por una parte, como lenguaje, se produce una ambigüedad entre lo figurativo y lo abstracto en la que, sea cual sea la opción que tomemos, siempre existe un sentido sacro que la sustenta. Las obras de Colette Delozanne están llenas de misticismo. Algunas son mandalas o torres que son centros de contemplación. 

La conjunción de elementos opuestos también resulta, como bien señala la curadora, de la conjunción de las dos culturas en las que Delozanne se desenvuelve: la celta y la americana. Por su verticalidad, algunas piezas referentes a la arquitectura parecen sugerir la presencia de una catedral gótica (Torres, de los años setenta y Tiempos de devoción, de 1998). No en vano, Colette Delozanne ha señalado que los castillos medievales de su país de origen dejaron huella en su memoria. Otras piezas, especialmente las que corresponden al período de los Espacios primarios, de los años setenta, se inspiran en las construcciones prehispánicas de América, especialmente las incaicas, dada la superposición de grandes piedras en sus muros, imagen que se expresa en la escultura mediante la superposición de bloques como elementos llenos y vacíos. Pero, en la mayoría de los casos, ambas referencias culturales están interrelacionadas. 

Por otra parte, la escultura orgánica que remite a las germinaciones, a la fertilidad, al cuerpo vegetal o coralino en crecimiento, es una preocupación constante en Colette Delozanne. Aparecen obras de apariencia petrificada (Como un tejido encantado, 2004), en las que los llenos y los vacíos crean una trama y un juego de texturas de enorme riqueza visual y táctil. Podemos entonces sintetizar diciendo que se concilia una figuración simbólica concentrada en las torres, las ciudades y los centros místicos de contemplación, y una abstracción orgánica en la que la obra se convierte en organismo en desarrollo, o bien, en elemento petrificado. Lo interesante es que ambas polaridades se integran en una sola cuando la escultura se convierte en ámbito de espíritus ancestrales ligados a la naturaleza. 

Las piezas a gran escala de la artista, situadas en diversos puntos del país, estuvieron presentes mediantes fotografías. Asimismo, el carácter antológico de la muestra se vio reforzado con la exposición de los hermosos cuadernos donde la artista registra todas sus esculturas. Allí se vieron los bocetos de las piezas y sus pensamientos manuscritos. El relato escultórico y el escrito dieron una riqueza excepcional al recorrido expositivo, pues se pudieron apreciar los procesos de creación de la artista. En otras palabras, la manera como la escultura se asume como proyecto de vida. 

Colette Delozanne, Tiempos de devoción fue merecedora del Premio AICA-Venezuela como mejor exposición del año 2010.

SUSANA BENKO

Colette Delozanne, por Susana Benko | artnexus