En su tercera exposición en la Galería Elba Benítez, el artista cubano Carlos Garaicoa (La Habana, 1967) muestra una serie de obras creadas recientemente que continúan, por una parte, sus exploraciones en torno al lenguaje de la arquitectura como cuerpo simbólico, sujeto a los efectos que la ideología política impone sobre el orden social y el individuo. Sin embargo, aquí adquieren mayor presencia aquellas representaciones que buscan otros caminos de investigación lingüística formal, cuya apertura a la complejidad de significados viene aparejada con el entrecruce de objetos y dispositivos puestos en juego en un mismo espacio.

Aparentemente desconectadas entre sí, las obras se acogen bajo el significativo título alusivo a la política norteamericana reciente, Party! Not Tea Party. No obstante, una vez recorrido el espacio, queda clarísimo que está referido a temáticas vistas desde el ámbito local, pero extensivas a tendencias políticas globales. Los ejes de atención parten de un objeto escultórico ubicado a la entrada de la galería, El árbol de la abundancia, y de la instalación en el espacio central, Prêt-à-Porter. Ambos, en conjunto con la serie Cara o Cruz crean el leitmotiv de gran parte de la muestra, cuyas narrativas subyacentes aluden a las controversias entre figuras representativas del poder político, en el contexto de una de las crisis económicas más difíciles del presente siglo. Desde la mirada irónica del artista, tanto la tendencia socialista como la más conservadora de derecha han demostrado el más profundo fracaso en ese juego aparente de negociaciones políticas en el que ambas, al final, ocupan el lugar del poder.
Aún arriesgando una lectura simplista de su obra, Garaicoa dispone sobre la mesa redonda del centro el Prêt-à-Porter (listo para llevar), un conjunto de objetos que incluyen desde de antiguos moldes de madera para sombreros, periódicos con fotos de líderes políticos intervenidos con dibujos, hasta sofisticados y significativos sombreros realizados por el taller de moda de Mabel Sanz. El artista pareciera aludir a la banalización de la política en las noticias, al compartir el mismo espacio del y la farándula. En los periódicos intervenidos aparecen fotos de Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, de Fidel, Evo Morales, Mahmud Ahmadineyad, Sarah Palin, Nicolás Sarkozy, entre otras figuras internacionales que constantemente son noticia e influyen con su opinión en el aparente curso de las hechos. Ninguno escapa del simbólico artefacto en su cabeza, en su mayoría de manera ridícula. Los sombreros como objeto diseñado para cubrir la cabeza e investirla de poder y posición; pero también como estructuras semánticas de una arquitectura de lenguaje, o directamente como soportes de algún emblemático edificio, como el de la maqueta de la Abadía de la Santa Cruz. El glamoroso sombrero de tres picos ha sido reemplazado por la silueta del conflictivo monumento del Valle de los caídos mandado a construir por Franco, y donde yacen sus restos al lado de Primo de Rivera, fundador del partido Falange Española, así como los de 33.872 combatientes de ambos bandos de la Guerra Civil.
Poner en juego varios “dispositivos” de significado, lenguaje, discursos entramados en una red de sentidos como operación estructural y estratégica (y cito el análisis de Okwui Enwezor de la obra de Garaicoa, basado en terminología de Foucault, para el texto del catálogo Noticias recientes), puede aplicarse a esta “reunión” de factura surrealista en Prêt-à-Porte. La contrapartida era El árbol de la abundancia, un objeto de factura impecable realizado en metal imantado con la forma esquemática de un árbol, y que, puesto sobre una mesa metálica a gran altura, parecía más bien el diseño elegante de un edificio futurista. El público era invitado a tirar una moneda, que quedaba adherida a las frías ramas, y pedir un deseo. El contraste entre el principio de realidad y lo deseado se hizo contradictoriamente obvio en el transcurso de la exposición: casi todas las monedas arrojadas eran de 5 céntimos.
En cambio, Cara o Cruz, serie de monedas de plata especialmente diseñadas para la muestra, creaba un juego tautológico con dos figuras o frases aparentemente enfrentadas, pero que en el fondo son lo mismo. La simplificación del discurso político y maniqueo que caracteriza cada vez más a las clases políticas demuestra tan sólo la banalidad y el interés en los juegos de poder.
Si bien esta exposición carecía de un discurso o línea curatorial que relacionara las obras en su aspecto morfológico, en cambio, sí podía hablarse de una continuidad y exploración dentro de las mismas preocupaciones que han caracterizado la sostenida carrera de Garaicoa. Lo más relevante eran las formas y dispositivos puestos en juego, y el diálogo de obras y narrativas contextualizadas en la España de hoy, que es, en definitiva, su segundo hogar.
DERMIS PÉREZ
