La galería Newman Popiashvili albergó recientemente la primera exposición dual de los artistas mexicanos Artemio y Rubén Gutiérrez en la ciudad de Nueva York. La exposición, titulada Sic Transit Gloria Mundi, consistió en obras individuales de cada artista y dos proyectos elaborados de manera conjunta, uno reciente y otro un poco anterior.
La obra más grande de la exposición, un fotomontaje digital de tamaño mural, era la pieza de la cual derivaba su nombre toda la muestra, y fue creada específicamente para la exposición. El mural, enorme y surrealista en su ámbito y sus imágenes fusionadas, que fueron tomadas de diversas películas, evocaba un paisaje que ha sido descrito como “posapocalíptico”. Esta obra impuso el tema y tono principales de la exposición al combinar imágenes de destrucción, violencia y desperdicio con referencias al cine y los medios de comunicación. Estos conceptos eran reforzados por un proyecto de video anterior de los dos artistas que estaba ubicado en la pared opuesta al mural. Titulado From A to B este video de 120 minutos de duración se componía de una serie de escenas aisladas tomadas de diferentes películas, que habían sido ensambladas y repetidas con un rítmico fondo con el fin de enfatizar el momento repetido de la acción que se mostraba. Esta técnica, que nos recordaba el clásico Vertical Roll, de Joan Jonas, hacía que incluso el gesto más inocuo se viera más violento y combativo, y las repeticiones de sonido podían tornarse ásperas e irritantes.

Conectando los dos trabajos que fueron elaborados de manera conjunta había, a lado y lado de la galería, obras individuales de cada artista. Los más cautivadores eran los proyectos escultóricos de Artemio. Continuando con un tema que empezó el año anterior con la participación de LAND/LA, el artista fabricó en resina fundida fusiles AK-47, un arma especial que gusta mucho entre los carteles mexicanos de la droga, y los recubrió con figurillas huichol tradicionales hechas de cuentas acrílicas. Esta combinación de una tradición de la cultura aborigen mexicana delineada sobre la forma de lo que ha hecho a México cada día más famoso hacía una convincente declaración que estaba dividida entre el orgullo nacional y la crítica sociopolítica. En los últimos tiempos ha habido mucho arte contemporáneo mexicano que ha empleado estrategias similares en una u otra forma, buena parte del cual se ha visto en exposiciones como So Far, So Close, de la Americas Society.
La otra pared exhibía obras fotográficas de Rubén Gutiérrez. Apropiándose del cine una vez más, cada fotografía era una foto fija de una película, acompañada de un evocador pie de página. Entre las más poéticas había una imagen de dos figuras en un bote, con un pie de página que decía We Are Eaten Up by Nothing, y otra de hojas y flores con un título más ominoso: Between Resistance and Surrender. Más abiertas que las piezas más directas de Artemio, estas obras conllevaban la contradicción entre belleza y violencia, paz y destrucción.
Al combinar temas de medios de comunicación masivos, tradición, y violencia apocalíptica, se estaba sugiriendo que, ya se trate de la sociedad en general o de México en particular, hay cada vez más complicidad con la propia destrucción, y que la violencia se está convirtiendo en el nuevo estándar natural. Al evocar los medios de comunicación masivos quizás se estaba sugiriendo que el espectáculo de entretenimiento masivo ayuda a glorificar esta violencia o a convertirla en algo mitológico, y la repetida ubicuidad de esas imágenes ayuda a insensibilizarnos respecto a su impacto en la realidad. Aunque las obras individuales carecían de una cohesión unificadora y el mural tenía más éxito como idea que en su ejecución real, éstas eran ideas fuertes y necesarias que fueron abordadas de manera creativa. En el futuro, esperamos ver más obras de cada uno de estos dos artistas, realizadas en conjunto y también individualmente.
JOHN ANGELINE
