El grado de conciencia político-social de Yoan Capote salió a relucir, aunque no del todo, en una exposición individual. Encontrarse con sus obras individuales, una a la vez, tiende a poner énfasis en el humor, la creatividad individual e incluso la cultura vernácula. Pero allí, la psique individual no pudo relegarse a meros elementos individualizados, segados de su arraigo público. Allí, los hilos conectores de la conciencia crítica, los que con mucha frecuencia encontramos en la doble personalidad de la cultura cubana, podían verse, sentirse y examinarse. Incluso el título de su exposición, Mental States, se refería a un desequilibrio que es tan normal y necesario desde el punto de vista social que es imposible separar lo social de lo personal.
Las obras más impactantes a la vista indicaban un retorno a las raíces pictóricas del artista, recombinadas ahora con la decisión que tomó años atrás de pasarse a la escultura como medio más orientado hacia un mundo material y público. Estas construcciones podían apreciarse en forma individual debido a su materialidad, a la destreza con que fueron elaboradas, e incluso su ilusionismo, todo lo cual parece ahora secundario.

En dos de estas obras se emplearon enormes paneles múltiples de tríplex para soportar el peso de su base, texturada con gruesas capas de óleo sobre una cubierta de yute cuya utilización podía interpretarse con relación al hecho que, durante la hambruna de la década de 1970 en Bangladesh, Estados Unidos impidió el envío de alimentos a ese país, para terminar enviando yute a Cuba y los miles de anzuelos utilizados para crear las imágenes. Isla (4 paneles, 106 x 315 pulgadas) formaba parte de la serie de islas que el artista comenzó alrededor de 2007, y su subtítulo, See-scape era un juego de palabras que se refería a varios asuntos. El admirable entretejido de los anzuelos recreaba en forma tan convincente el dinamismo del oleaje del océano, que al principio se pasaban por alto. Pero las otras partes de la exposición nos permitían también ver en ella uno de los temas principales del artista: mirar hacia fuera de Cuba para ver lo que está más allá. Y una respuesta a este interrogante llegaba en las otras dos construcciones con anzuelos.
El título de la serie a la que pertenecían, American Appeal, desviaba la tensión general que se había logrado al usar ganchos de púas metálicas para crear cualquier imagen para los detalles de la biografía y quizás también de la personalidad. Con Postcard, el subtítulo de la más grande, (3 paneles, 96 x 236 pulgadas) teníamos una vista panorámica del horizonte de Manhattan visto desde el puerto de entrada del ferry del inmigrante a esta otra isla, un sueño lejano ahora presente y presentado en términos de aparejo de pesca de la isla local. Y sin embargo, lo que podía "verse" como un simple sueño de tarjeta postal de un "escape" cubano a Nueva York, adquiría significados mucho más complejos a la luz de la exposición, y de la biografía de Capote.
El patetismo y la política se mezclaban en la lectura biográfica porque políticas del gobierno estadounidense impidieron el ingreso del artista a Nueva York en 2006 a pesar de que había sido galardonado con un premio Guggenheim. Otras obras complicaban demasiado las lecturas simplistas y nacionalistas.
The Window era una rudimentaria versión en ladrillo y cemento de la bandera de Estados Unidos, colocada dentro de una caja de madera que era un contenedor (75 x 37 pulgadas). El nacionalismo no estaba vinculado a un lugar geográfico o imaginista. La obra aparecía de nuevo como una de las dos imágenes en un díptico de una caja de luz (In and Out) junto a una vista del océano que nos volvía a remitir a Isla. A su vez, su fuente se hizo evidente como proceso en los videos gemelos titulados Historical Fatalism. Los dos videos se grabaron desde dentro de un pequeño cuarto similar a un contenedor, con una ventana que enmarcaba una vista del mar. El monitor de la izquierda mostraba a alguien cerrando poco a poco la vista del océano al colocar hiladas de ladrillo y cemento. El de la derecha mostraba la sección terminada, la rudimentaria bandera, pero ahora retirada lentamente, capa por capa.
Aunque un arreglo como éste podría interpretarse como un simple sueño de escape, de uno menor a uno mayor, Capote, en una forma humorística, puso en tela de juicio la relación con su descomunal balanza de metal ubicada en otra sala. Aunque uno de los platillos de la balanza era notoriamente más grande y brillante que el otro y desde luego inclinaba la balanza a su favor, el título nos informaba acerca de la situación general Status Quo (Reality and Idealism) pero se rehusaba a decir cuál era cuál. Su otra escultura en bronce, Migrant, también de gran tamaño, era una personificación visual de la incertidumbre. Lo que parecían ser dos largos troncos de árbol con raíces en un extremo eran mangas de pantalones que terminaban en desgastados zapatos en el otro extremo. El pequeño dibujo con el mismo título, colocado en la pared junto a ella, mostraba los zapatos puestos de cabeza sobre el techo de una caja con las raíces hacia abajo, mientras que en otro se veían los zapatos, también "hacia arriba", pero a través del techo de la caja, de modo que lo visual hacía que uno entrara en conflicto sobre qué estaba arriba y qué estaba abajo, y qué era real y qué, ideal: las raíces o la migración. Estos eran los desestabilizados Mental States del peripatético estado del diaspórico individuo de nuestros días.
RICHARD LESLIE
